Opinión

Transformación digital, transformación verde

Túnel de la M-30

España afronta el mayúsculo reto de superar el impacto provocado por la pandemia tras tocar fondo durante el último año. Todo apunta a que la recuperación de nuestra economía quedará sustantivada, en buena parte, a la distribución de los fondos europeos que recibamos desde Bruselas. En total unos 140.000 millones de euros para hacer posible, si me permiten, otro país completamente distinto. Con motivo del Día de Internet conviene detenernos a reflexionar sobre la partida a la que nuestro país destinará un mayor gasto, el 33% de inversión. Hablamos, cómo no, de la digitalización, cuya implementación está llamada a ser una auténtica revolución en nuestro modelo productivo.

La digitalización, sin embargo, no debe ser la "parte" sino el "todo" de cada reforma que se pretenda acometer, pues en sí misma queda vacía si no se complementa con iniciativas que nos lleven a ser más competitivos. Es el caso de las infraestructuras, cuyo papel para el desarrollo económico local es clave gracias a la inversión en capital humano y progreso tecnológico que lleva parejo. La ejecución y recorrido de las mismas, eso sí, bien depende ahora tanto de administraciones públicas como de las propias empresas que tomen la delantera. Sin duda, todo un reto que debe quedar al margen de cualquier debate ideológico a favor del bienestar social.

Ahora, en plena transición hacia un modelo de ciudades más verdes, debemos prestar atención a las infraestructuras inteligentes que hacen realidad la vertebración del tráfico bajo los criterios absolutos de eficiencia y sostenibilidad.

La M-30 es, sin lugar a dudas, el mejor ejemplo de ello. La vía de circunvalación por excelencia en España comprende 440 millones de vehículos al año con alrededor de 1,5 millones de desplazamientos diarios, siendo la elección favorita de todos los madrileños a la hora de moverse frente a alternativas como Metro o Cercanías. Este volumen de cifras, por supuesto, requiere una gestión que corresponda al compromiso adquirido con todos los usuarios que circulan por ella.

Desde Madrid Calle 30 hemos logrado posicionar a la vía madrileña como una infraestructura sostenible que emplea la innovación tecnológica como herramienta fundamental para descongestionar el tráfico de vehículos en sus más de 32 kilómetros de recorrido. En el campo de la seguridad – una prioridad que entendemos como irrenunciable – la M-30 apuesta el Big Data para realizar la supervisión continua de sus instalaciones, con carácter predictivo y preventivo, a fin de actuar ante cualquier incidencia en la vía lo antes posible.

La pandemia nos ha dejado un escenario plagado de desafíos hasta ahora desconocidos y ello requiere una respuesta proporcional e igual de contundente por parte de los gestores, tanto públicos como privados, para reactivar nuestra economía. Las capilaridad y dinamismo que derrocha el modelo de gestión mixto, asumido por sociedades como Madrid Calle 30, son ahora más necesarios que nunca para dar el salto definitivo hacia la digitalización.

Si queremos mantenernos en la senda de la modernización, transformación y recuperación económica será esencial echar mano del "efecto motor" que la colaboración público-privada brinda en momentos tan difíciles como el que estamos viviendo.

Sin embargo, la digitalización de las infraestructuras no será el único reto que afrontemos durante los próximos años. La reciente aprobación de la Ley de Cambio Climático y Transición Energética se presenta como un punto de inflexión para alcanzar el objetivo de convertir a España en un país climáticamente neutro para 2050, pero olvida atender la voz de uno de los protagonistas en esta batalla del clima: la industria. A pesar de ello, la denominada "neutralidad tecnológica" - tal y como la define la propia Unión Europea – se presenta como la alternativa más sostenible para satisfacer la demanda tanto social como de las empresas españolas. Junto a la misma, debemos comenzar además a modificar nuestro propio comportamiento si realmente queremos llevar a cabo con éxito este enorme desafío. Así, "la digitalización futura será verde o no será" debería ser ya otra demanda social que responda con rotundidad al horizonte que deseamos en apenas unos años.

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