Opinión

El universo Draghi

El primer ministro italiano, Mario Draghi

El informe de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) sobre el Plan de Recuperación y Resiliencia enviado por el Gobierno de Sánchez a Bruselas no puede ser más demoledor y preocupante. Tras describir un panorama muy oscuro para las finanzas públicas, en su evaluación sobre el Programa de Estabilidad 2021-2024, el organismo resalta que España es la única potencia europea que en sus planes económicos y fiscales a largo plazo no incluye el impacto de las medidas anunciadas en el Plan de Recuperación.

Un Plan de Recuperación y Resiliencia que los responsables de la Comisión Europea han denunciado también por su falta de concreción, lo que puede hacer que se retrase la llegada de los fondos europeos, siendo además España el único de todos los miembros de la UE que no incluye referencia alguna a los objetivos fiscales a medio plazo. Cierto es que se introducen una amplia relación de subidas de impuestos en el Plan de Recuperación, pero que no han sido incorporadas a las previsiones fiscales y económicas del Programa de Estabilidad y en el Plan Nacional de Reformas. 

A ello se suma que tampoco se incluyen medidas o reformas en materia de ahorro en el gasto de las administraciones lo que eleva el riesgo de que el cumplimiento de los compromisos de gasto e inversión eleven sensiblemente el déficit estructural de nuestra economía. Deficiencias que la AIReF contrasta con los planes de recuperación de Alemania, Francia o Italia, todos ellos con una elevada concreción y con medidas de control del gasto que se reflejan en sus respectivas previsiones fiscales y de crecimiento.

Destaca especialmente el Plan de Recuperación diseñado por el gobierno de Mario Draghi, que se perfila como el nuevo líder de la Unión, para Italia. Un documento de más de 300 páginas dotado con 191.500 millones  y un plan complementario de 30.600 millones y que ya en su preámbulo advierte de que no solo están en juego la alta velocidad, la digitalización, la transformación medioambiental y sostenible de la economía o la salud sino, sobre todo, "la vida de los italianos, el destino del país y su propia credibilidad". Mensaje que se complementa con un llamamiento a la solidaridad y la responsabilidad de la ciudadanía para que "la honestidad, la inteligencia y el gusto por el futuro" prevalezcan sobre "la corrupción la estupidez o los intereses creados".

El Plan Nacional de Recuperación del que fuera llamado Super Mario durante su presidencia del BCE, consta de 500 medidas concretas en forma de reformas, inversiones y financiación que harán crecer el PIB del país transalpino 16 puntos en seis años. Se destinan casi 50.000 millones de euros, el 27% de los recursos totales, a potenciar la digitalización, la innovación, la competitividad y la cultura.

El plan asigna 82.000 millones, el 40% de los 206.000 millones previstos para la distribución territorial a las regiones más deprimidas del sur del país, que recibirán también más del 50% de las inversiones totales en las infraestructuras, especialmente el sistema portuario y ferroviario de alta velocidad. En Educación e investigación se prevén inversiones por 32.000 millones. Mientras que a la Sanidad se dedican otros 18.500 con proyectos que tienen dos objetivos principales: fortalecer los servicios de prevención y salud y modernizar y digitalizar el sistema de salud.

Además, el Gobierno tiene la intención de llevar a cabo cuatro importantes reformas en la administración pública, justicia, simplificación de la legislación y fomento de la competencia y habilita un préstamo para jóvenes con aval del Estado, sin necesidad de adelantar el capital. De hecho, los jóvenes, como los ancianos y las mujeres son los principales destinatarios de las medidas que se aprobarán. Este es el universo de Draghi, una estrella política cada vez más influyente y cuya voz se escucha y se atiende en París, en Bruselas y en Berlín y que, por cierto, todavía no ha recibido ni se ha comunicado con nuestro Pedro Sánchez, al que tampoco contesta ni recibe el norteamericano Biden. Dicen que las comparaciones son odiosas, pero lo que es de verdad odioso es la incapacidad, la petulancia y la mentira. 

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