Opinión

Teletrabajo hoy, ¿trabajo mañana?

Los riesgos del teletrabajo para el empleo

Hay que reconocer que el teletrabajo se ha erigido en arma decisiva para no paralizar por completo la actividad económica. En los últimos meses todos hemos hecho, al dictado de las circunstancias, ímprobos esfuerzos de adaptación al nuevo entorno imperante y la tan cacareada transformación digital ha irrumpido en nuestras vidas. Mis clases en la Facultad son online, como los exámenes, y también congresos, encuentros académicos, profesionales y empresariales que se realizan a través de plataformas. Y virtuales son igualmente reuniones de trabajo y conferencias. La movilidad restringida y las limitaciones a la presencialidad han impulsado el mundo digital. A mediados de marzo de 2020, me consideraba un analfabeto en esas lides tecnológicas y por los avatares pandémicos tuve que hacer cursos acelerados para manejar diversas plataformas gracias a las que hoy nos podemos conectar. No obstante, me sigo considerando a veces semianalfabeto digital, que conste. En el plano profesional, el teletrabajo se ha impuesto. Aunque, a buen seguro, cuando volvamos a la normalidad que anhelamos la presencialidad prevalecerá sobre la virtualidad.

Obviamente, hay sectores en los que el teletrabajo ha sido factible y en otros, debido al imprescindible contacto social, como en las "industrias sociales", que en España juegan un papel primordial en nuestra economía -turismo, hostelería, comercio, actividades lúdicas, ocio y un largo etcétera-, el teletrabajo apenas es factible.

Muchos reconocíamos que el teletrabajo había llegado a nuestras vidas para quedarse, con la ventaja agregada de evitar desplazamientos al lugar de trabajo. Sin embargo, ahora, hay quienes se cuestionan si teletrabajar es la solución definitiva. Éste es el caso de las grandes tecnológicas, alma máter del teletrabajo, que anuncian que en pocos meses la mayoría de sus empleados se irá reincorporando a sus habituales puestos de trabajo presencialmente y el teletrabajo será algo excepcional. Lo mismo sostienen las principales entidades financieras internacionales: la vuelta al trabajo presencial.

¿Por qué? Es evidente que teletrabajar nos aísla, impone barreras físicas entre nosotros, deja de integrar equipos, impide el básico contacto social y el calor de la relación humana, merma la cultura empresarial que se cuece en el seno de oficinas y despachos, mina las sinergias de trabajar codo con codo, resta energía a equipos de profesionales, desvanece el alma de la compañía, apaga el espíritu empresarial y la sociabilidad se erosiona. Al final, siempre necesitamos interactuar entre nosotros viéndonos las caras. No es lo mismo hablarle a una pantalla que tomarse una copa, compartir comida con compañeros o, incluso, las creativas tertulias de retrete marcadas por nuestra idiosincrasia de que nadie va solo al lavabo en horas de trabajo. La fluidez de las tormentas de ideas, de las creatividades, se excita estando físicamente juntos. El trato con clientes y proveedores es distinto a través de la pantalla y en modo online que de manera presencial. Así que ahora está por ver si aquello de que el teletrabajo ha llegado para quedarse se confirmará una vez seamos capaces de contener la pandemia.

Ahora bien, adoptar tecnologías digitales en el mundo laboral, que hoy es una magnífica solución, plantea un reto de futuro. ¿Cuál será a largo plazo el impacto del teletrabajo y cuando sea realidad la aceleración en el uso de tecnologías digitales? Soslayando cuantas proezas se narran acerca de las virtudes de la digitalización, la automatización, la robotización y la inteligencia artificial, seamos conscientes de que a corto y medio plazo surgen amenazas de destrucción de empleo y que la provisionalidad laboral es indudable. En el entorno laboral, esta crisis se ceba con trabajadores jóvenes y con los menos cualificados, que son los más afectados, pero también se advierten pérdidas de empleo femenino. Sin embargo, los ERE que se cuecen afectan a empleos de calidad.

Y la aceleración de la transformación digital y de la automatización acarrea consecuencias graves porque muchos de los empleos perdidos tienen pocas probabilidades de reaparecer mientras la robotización perjudica a puestos de trabajo menos cualificados. Consiguientemente, hay que actuar para lograr la reasignación de trabajadores entre sectores, para evitar que se sufran recortes sustanciales en los ingresos de los empleados cuyos puestos de trabajo están en la cuerda floja.

Pensemos en algunos ejemplos. Se recortarán viajes de negocios al haber más reuniones virtuales. Hoy el comercio online gana posiciones en detrimento de las tiendas físicas. La pandemia está provocando la desaparición de muchas empresas y que otras entren en riesgo. Los confinamientos torpedean el crecimiento económico y el empleo. No todas las empresas pueden adaptar su actividad al contexto digital. Hay sectores y empleos que se debaten ante su supervivencia. Y cada paso que se da en pro de la digitalización a menudo causa menos empleo. Que no se cumpla ese perverso aserto de que el teletrabajo confluirá a la larga en tele, pero sin trabajo. Por eso es tan imprescindible preparar a la gente para los nuevos tiempos y que todos nos adaptemos a las herramientas de la tecnología digital.

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