Opinión

La implantación del ESG y el asesoramiento financiero

Urge mejor formación en los asesores ESG

Con la entrada en vigor, el pasado 10 de marzo, de la normativa SFDR, -el acrónimo inglés del Reglamento Europeo sobre la divulgación de información relativa a la sostenibilidad-, ha llegado la hora de la verdad para las finanzas sostenibles y, en particular, para la incorporación plena de los criterios ESG en la labor que realizan los asesores financieros con sus clientes.

Decimos que se ha llegado porque lo cierto es que, a pesar de las referencias permanentes a la introducción del ESG en la gestión de carteras y en el asesoramiento, una encuesta publicada por Financial Times en agosto 2020 confirmaba que la mayoría de los clientes de asesores financieros de 16 países no había recibido todavía información consistente sobre la opción de inversiones ESG. En paralelo, la mitad de los más de 5.000 clientes encuestados otorgaba la máxima confianza y el rol primordial para informarse a su asesor.

Esto sitúa al asesor financiero, en cualquiera de sus figuras profesionales como profesional de red bancaria más o menos especializado en banca personal o privada; como agente financiero vinculado, como EAF o en cualquier otra función, en una posición de máxima responsabilidad para hacer que los criterios ESG se consoliden y conozcan, formen parte de la decisión de idoneidad inversora, y sean definitivamente un criterio prioritario en el proceso de inversión.

Si la exigencia es seguir asesorando al cliente en la aparición del ESG, el requisito es disponer de la suficiente capacidad y conocimientos para introducir las finanzas sostenibles en las carteras. Por lo tanto, ante todo es fundamental una máxima adecuación de la formación del asesor al ESG. Afortunadamente, con MiFID II los asesores financieros lo son solamente tras obtener la correspondiente cualificación que, además, se renueva anualmente en España con, al menos, 30 horas de formación continua. Ahora, pendiente de la futura decisión de los supervisores (ESMA en Europa y CNMV en España), indefectiblemente las finanzas sostenibles han de añadirse, vía cualificación inicial o vía formación continua, al "temario" de los asesores.

Una vez formados adecuadamente los profesionales, la información y formación llegará a los clientes inversores y formará parte del proceso de toma de decisiones "educando" al inversor, distinguiendo entre auténtica sujeción a criterios de sostenibilidad y el greenwashing, analizando la cada vez más amplia pipeline de fondos y productos e incorporándose al previsible auge de la sostenibilidad financiera, impulsada pronto por los fondos de recuperación económica, por la priorización de la CMU -la Unión de Mercado de Capitales, por sus siglas en inglés - y, sobre todo, por la clarificación taxonómica, de índices y de la información suministrada por los gestores a asesores y clientes.

En este escenario, el primer mensaje que el asesor financiero deberá interiorizar y, por lo tanto, transmitir a sus clientes, es que a medio y largo plazo no hay un trade off entre sostenibilidad y rentabilidad, en contra de lo que todavía perciben una buena parte de los inversores, sino que más bien implica la posibilidad de hacer más armónica la conjunción de nuestros valores con nuestros objetivos financieros personales.

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