Opinión

Los impuestos de las multinacionales y el proyecto europeo

Urge una armonización fiscal a escala europea

Las empresas que más dinero ganan del mundo son, paradójicamente, las que, en proporción, pagan menos impuestos por sus beneficios. Y buena parte de estas empresas son multinacionales tecnológicas, casi todas ellas norteamericanas. Esto ya era así antes de la pandemia del Coronavirus, pero la tendencia se está acelerando. Hace algunos años, eran las petroleras las empresas que más ganaban, fundamentalmente las que se centraban en la extracción de crudo. Ahora, la demanda de combustible para el transporte está yendo a la baja, mientras la digitalización se acelera. Esto ocurre al mismo tiempo que los problemas fiscales de la Haciendas de todos los países se agravan.

Este escenario tiene alguna ventaja. Por ejemplo, que desde Occidente se envíen menos rentas a algunos países de Oriente Medio que no son precisamente ni promotores de la estabilidad, ni tampoco muy respetuosos con los Derechos Humanos en todos los casos, por ser suaves. Pero, en términos generales, la nueva "Normalidad" lleva a caídas del crecimiento económico en casi todos los países, pérdida de productividad y un grave incremento de los problemas de los Estados para financiar su gasto, que además se ha incrementado considerablemente.

En estas circunstancias, la tributación de las multinacionales está en el punto de mira. Aquí hay que tener en cuenta, que, en algunos casos, estas empresas multinacionales han incrementado sus beneficios con la crisis del Coronavirus. Por ejemplo, la sustitución del comercio personal por las compras on-line ha beneficiado a los principales vendedores de la Web. Esta sustitución de compras físicas por adquisición de servicios en la web ya se estaba produciendo, pero la Pandemia ha acelerado el proceso. Pensemos en que hace no muchos años existía un negocio que eran los vídeo-clubes y que ahora lo que existe son plataformas on-line donde se pueden ver películas. Además de la digitalización, se está produciendo un fenómeno de desintermediación y ambos fenómenos llevan a la concentración de beneficios en menos actores.

Más allá de los problemas de competencia y de desigualdad que todo esto puede producir, y de los que hablaremos en otra ocasión, conviene preguntarse qué influencia tiene todo esto en la financiación de los Estados. ¿Pagan muchos impuestos las grandes multinacionales por sus beneficios? Y ¿dónde pagan estos impuestos estas grandes multinacionales? Les anticipo las respuestas: No, no pagan muchos impuestos, al menos según los datos que tenemos, y lo que pagan lo hacen en el "país de nunca jamás", es decir en "territorios de baja o nula tributación" (vulgo, paraísos fiscales) y no en los Estados dónde se generan estos beneficios.

Para demostrar con datos todo esto, tomemos el caso de las multinacionales norteamericanas. Hace unas semanas, la BEA (Oficina o Bureau de análisis económico), una agencia gubernamental dependiente del Departamento de Comercio de los Estados Unidos, con funciones parecidas a las que en España tiene el Instituto Nacional de Estadística, hizo públicos los resultados de su estudio sobre la actividad de las multinacionales norteamericanas en 2018. Los datos referentes a beneficios e impuestos de las multinacionales norteamericanas fuera de Estados Unidos son demoledores.

Las filiales de empresas multinacionales norteamericanas ganaron, antes de impuestos, en el resto del mundo de 1.528.604 millones de dólares. Estos beneficios suponen al cambio actual del euro, aproximadamente 1,3 billones de euros (en billones españoles, es decir con doce ceros), algo superior a todo lo que producíamos en España en un año antes de la crisis del Coronavirus. De estos beneficios por su actividad fuera de Estados Unidos, las filiales mayoritariamente controladas por multinacionales norteamericanas pagaron en impuestos fuera de Estados Unidos 120.468 millones de dólares, lo que supone una tasa efectiva del 7,88% sobre los beneficios. Estos son los datos que las propias empresas norteamericanas declararon a la BEA y no de las autoridades fiscales de los diversos países, con lo que igual esta tasa, ya de por sí escasa, podría ser incluso inferior.

Efectivamente, estamos ante un problema mundial, la escasa tributación de las multinacionales, pero que es especialmente grave en Europa. En 2018, según los datos de la BEA, algo más del 50% de los beneficios en el extranjero de las multinacionales norteamericanas se registraron en los, entonces, 28 Estados de la Unión Europea. En la UE, las multinacionales norteamericanas ganaron 785.659 millones de dólares. Lo que resulta curioso es que solo tres estados europeos acumulan casi todos estos beneficios. Así, estas multinacionales ganaron 224.519 millones en Irlanda, 216.590 millones en Holanda y 148.867 millones de dólares en Luxemburgo: entres los tres estados representan el 76% de los beneficios en Europa, al menos según declaran las propias empresas.

Para que nos hagamos idea de que estas declaraciones de las propias empresas no tienen nada que ver con la economía, toda la producción de Luxemburgo, todo su PIB fueron 70.000 millones de dólares en 2018, menos de la mitad de lo que dijeron haber ganado allí las multinacionales norteamericanas. Y en Luxemburgo operan multinacionales de otros países, no solo norteamericanas…

Eso sí, las multinacionales norteamericanas pagaron en estos tres estados una tasa de imposición efectiva bastante escasa: el 3,17% en Irlanda, el 2,71% en Holanda y el 1,08% en Luxemburgo. Estas tasas no son más que el resultado de los declarado por las propias empresas norteamericanas a la BEA tanto en lo referente a impuestos pagados en esos territorios como ingresos netos. La reducida fiscalidad de las multinacionales, al menos norteamericanas, en estos tres países hace que la fiscalidad general en Europa sobre los beneficios de estas sociedades sea también reducida, de un 5,39%, inferior a lo que las propias multinacionales norteamericanas pagan en el resto del mundo.

Con estas tasas de imposición, sin embargo, Holanda recaudó en 2018 por el impuesto de sociedades y renta de no residentes, 27.009 millones de euros, un 3,5% de su PIB, casi tanto como España con 29.711 millones de euros, pero con una economía mucho más grande. Y una situación similar ocurre con otros países como Malta, Irlanda o Luxemburgo. Que los beneficios de las multinacionales no tributen donde se generan los beneficios, hace que se distorsionen las decisiones económicas y que las empresas que más ganan paguen mucho menos de lo que deberían. El problema es de tal magnitud que ya afecta de forma sustancial a los Estados y todo esto se agravará con la pandemia. Visto lo complicado que está siendo un acuerdo en el seno de la OCDE, es hora de impulsar soluciones fiscales a escala europea, armonización de bases en el impuesto de sociedades, impuestos digitales… porque este panorama fiscal que se agrava no sólo es injusto, sino que mina las bases del proyecto europeo.

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