Opinión

Crecimiento (y mejora) en tiempos de Covid

Las empresas preparadas pueden seguir creciendo a pesar de la pandemia

Uno de los objetivos importantes de una empresa es siempre ser mejor que el año anterior. No solamente tratar de que la cuenta de resultados sea mayor que la precedente, que obviamente es un propósito básico y nada fácil de cumplir, sino que la compañía sea mejor como empresa. Pero ¿es posible facturar menos que el año anterior, y que las cifras de beneficio sean peores, pero ser mejor empresa?

Ante la cuestión de cómo es una empresa mejor, además de generando más riqueza, la respuesta es que esto es posible en la medida en que lo es para la sociedad, añadiendo valor mediante la oferta del mejor servicio posible a sus clientes (o los mejores productos) y creando puestos de trabajo. Una empresa no puede ser estática: debe ser dinámica y mostrar ambición aún en los momentos más complicados, sabiendo que para poder mantenerse y crecer es necesario el cambio. Y, de cara a impulsar el cambio, hay dos palancas fundamentales: la primera es la innovación. Si una empresa pretende adaptarse a las nuevas condiciones de un cambiante mercado, ha de incorporar a su día a día la innovación y las herramientas tecnológicas. Como afirma esa conocida sentencia atribuida a Einstein, hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener resultados diferentes es una locura. Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo. La segunda palanca para el cambio, que es en la que quiero centrarme, es la incorporación de talento humano. Contar con la experiencia y las capacidades de nuevos profesionales permite a una empresa enfrentarse a situaciones distintas con mejores armas.

La inversión de una empresa debe ser superior a la recogida de beneficios

En estos tiempos complicados, de recesión económica, numerosos ERTE y despidos masivos, me permito el atrevimiento de escribir sobre creación de puestos de trabajo basándome en mi propia experiencia, y sabiendo que no es un caso aislado. Es indudable que la situación actual no es la mejor para las empresas. También es cierto que hay grandes diferencias entre los distintos sectores de actividad, y que hay algunas compañías menos afectadas o incluso experimentando crecimiento en el sector sanitario, farmacéutico, logístico, de limpieza y desinfección, comercio electrónico y alimentación, por ejemplo; pero en otros sectores como el turismo y la hostelería, el retail, el sector inmobiliario, la automoción, el sector aeronáutico, el textil o los espectáculos, la crisis derivada de la pandemia está incidiendo enormemente, afectando a la economía de forma generalizada.

Haciendo referencia a la experiencia de la compañía que dirijo, hemos tenido la suerte de prestar servicio a uno de los sectores menos afectados, el farmacéutico. Hay empresas que están sufriendo mucho y algunas, lamentablemente, no podrán superarlo. El sector del proceso farmacéutico, igual que otros sectores, se reactivará y se potenciará, y hay que estar preparados para cuando esto ocurra, apostando por aquello en lo que uno confía. A pesar de ello, como me consta que es la experiencia de muchas otras empresas de pequeño y mediano tamaño, lo hemos pasado mal y es probable que sigamos sufriendo durante un tiempo. El escenario de incertidumbre hace que la actividad se paralice y que proyectos que estaban muy cerca de ser adjudicados, por ejemplo, se pospongan indefinidamente o se abandonen. Al igual que numerosas organizaciones, la empresa que administro se vio en la obligación, en marzo, de solicitar y someter a un ERTE por causa mayor a 70 trabajadores de su plantilla, del que empezó a sacar personal a mediados de abril y que a mediados de mayo ya era historia.

No conformándonos con esto, hemos aumentado la plantilla desde los 91 efectivos de marzo a los 97 profesionales que formamos la empresa actualmente. La previsión es cerrar el año 2020 con una plantilla de 100 personas, un crecimiento de personal del 10%. Se trata solamente de un caso particular, pero, si lo traigo a colación es porque puede servir de ejemplo. Hay empresas que tienen que luchar por mantenerse, minimizar los daños y evitar la quiebra, pero otras que pueden y deben crecer, incorporando personal a la plantilla. El objetivo es el que creo que debe tener como obligación cualquier empresa, que no es otro sino ser mejor.

Más arriba he indicado que el hecho de prestar servicio al sector farmacéutico ha sido una cuestión de suerte para la empresa. Sin embargo, hay muchos factores para la buena marcha de una empresa que no dependen de la suerte. Una cuestión que ayuda es ser más hormigas que cigarras. Con esto me refiero a tener como política la inversión en medios humanos (personal) y medios técnicos (instalaciones, herramientas, equipos y software). Una empresa está para dar beneficios a sus socios, pero, si el balance de inversión es mayor que el de recogida de beneficios, permite seguir creciendo aunque la situación no sea del todo favorable. Es momento de apretarse el cinturón en lo superfluo, ahora que de verdad hace falta, e invertir en aquello que te puede hacer crecer. Esta estrategia acaba dando resultado.

Estar preparados es otra fortaleza. En nuestro caso particular, como el de otras muchas empresas, la situación de incertidumbre durante las primeras semanas de la pandemia, unida al miedo por la situación de parón al que nos vimos abocados, a la falta de información, a la falta de pedidos, no se unió la falta de capacidad técnica y de gestión, que hubiera significado el caos. En este sentido, la capacidad de trabajar en remoto ha sido una de las claves para afrontar el nuevo escenario. En nuestro caso particular, una importante apuesta por la conciliación impulsó la inversión para que todo el personal que trabajara en oficina dispusiera de un portátil para poder trabajar desde casa, con el ánimo de incentivar y poner a disposición de los profesionales esta posibilidad. En lo referente a software, contar con herramientas de gestión y control, ERP, gestor documental, y centralita telefónica virtual, ya nos permitían trabajar y disponer de información sin estar en la oficina.

El compromiso y la unión del equipo, a pesar de trabajar a distancia, ha sido otra de las fortalezas que ha permitido salir adelante a muchas compañías. El hecho de que el equipo de una empresa muestre capacidad de trabajo, entrega y comprensión, demostrando un perfecto rendimiento en la adversidad, facilita la gestión de nuevas incorporaciones.

El último factor, que se escapa a la suerte y es esencial para cualquier negocio, es la confianza de los clientes. Sin clientes sería imposible hacer una apuesta de crecimiento. La seguridad que aporta contar con el respaldo de usuarios y empresas hace que las compañías sean capaces de asumir el riesgo de invertir en su plantilla. La cuestión es que la confianza no cae del cielo, se gana día a día, y la propia trayectoria sirve como aval de cara a lograr nuevos proyectos, compras o contratos. Se trata de un círculo virtuoso en el que la confianza de los clientes permite a las empresas incorporar nuevo talento a sus plantillas con el objetivo de, justamente, poder ofrecer a esos mismos clientes un mejor servicio. Aún en los tiempos del COVID es posible ser mejor empresa sin lograr unos ingresos mayores que el ejercicio anterior.

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