La reinvención de la economía alemana en un mundo post-Covid

La canciller alemana Angela Merkel

La toma de la presidencia de la Unión Europea por parte de Alemania llega en un momento crucial para el país germano, ya que la región se enfrenta a la recuperación de los daños económicos y sociales provocados por el covid-19. Su lema presidencial, "Juntos por la recuperación de Europa", evidencia no sólo la magnitud de las ambiciones de la Unión durante los seis meses de mandato de Berlín, sino también el reto que supone para la propia Alemania rehacer su modelo económico para adecuarlo a las necesidades de la era post- covid.

El contexto de tal ambición es más complicado de lo que se había anticipado en mayo con las primeras estimaciones económicas de la pandemia. El último pronóstico de la Comisión Europea consideraba probable que los confinamientos más prolongados causaran una recesión significativamente más profunda en la eurozona durante el resto del año. Se prevé que el Producto Interior Bruto caiga hasta un nivel récord del 8,3%, con un crecimiento del 5,8% en 2021. En esta línea, vemos a la zona euro experimentar en 2020 una contracción del 7% del PIB, recuperándose el próximo año. Por su parte, Alemania se enfrenta a una recesión mucho menos grave que otras grandes economías de la UE, con una caída del PIB del 5,5% este año, que se recuperará para crecer un 4,5% en 2021. La CE calcula que la inflación este año sea del 0,3% para la zona euro y del 0,4% para Alemania.

Evitar una recuperación de doble vía dentro de la eurozona resulta fundamental

Evitar una recuperación de doble vía dentro de la eurozona será clave. Ese es el elemento central del apoyo de la canciller alemán al fondo de recuperación económica de 750.000 millones de euros propuesto por la CE y anunciado en mayo. Junto con el presidente francés Emmanuel Macron, Merkel ha puesto énfasis en dos cuestiones: aprovechar los mercados de capital para recaudar el mayor volumen de fondos y que éstos se desembolsen en gran medida en forma de subvenciones a los Estados de la UE.

El objetivo es claro: al mostrar solidaridad con los países más afectados por el coronavirus, donde existe la posibilidad de construir un nuevo tejido sólido capaz de unir a todos los Estados miembros con un propósito colectivo renovado. Tras esto se esconde un cambio similar en Alemania, donde una arraigada postura fiscal de equilibrar los presupuestos y el gasto ajustado ha tenido que dar paso a la realidad de las necesidades de gasto masivo.

Sin embargo, aunque el aumento del gasto público ayude a reducir la dependencia en las exportaciones, también se necesita una renovación más amplia del modelo económico alemán. Las prioridades deberían ser un cambio en el perfil de crecimiento basado en gran medida en la manufactura como proporción del PIB y en la adopción de tecnología disruptiva.

El aumento del gasto público ayuda a reducir la dependencia en las exportaciones

Tirar de estas de las palancas de la inversión en tecnología y automoción para mejorar la economía alemana tendría consecuencias positivas para toda la región. Aún así queda por ver cómo se pueden llevar a cabo estos cambios radicales al ritmo de un modelo económico que durante tanto tiempo se ha basado en el consenso, con sindicatos representados en las juntas directivas y lagunas normativas y de supervisión que es necesario abordar.

Sin embargo, la tarea es difícil y urgente por otra razón: la competitividad. La economía alemana cayó hasta el séptimo lugar a nivel mundial en las últimas clasificaciones de competitividad del Foro Económico Mundial (FEM), con una bajada de cuatro puestos, más que ningún otro país, a excepción Indonesia, en los primeros 50 países de la clasificación. La inversión pública desempeñará un papel importante. Los gastos brutos de capital fijo de Alemania han sido significativos y constantes, aunque no se acercan a los niveles de China, pero la inversión pública no puede hacer todo el trabajo.

El liderazgo que ha demostrado Merkel se exigirá ahora a quien la suceda para hacer realidad la reinvención empresarial y económica de Alemania en la era post-covid. El contexto para reemplazar a la canciller alemana cuando se retire el próximo año es muy diferente al de hace seis meses. Armin Laschet, primer ministro del Estado federado de Renania del Norte-Westfalia, se esperaba durante meses que sucediera a Merkel como líder de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) en diciembre. Pero una reciente encuesta de televisión impulsó a Markus Söder, primer ministro de Baviera, por delante de Laschet como candidato preferido de la CDU para el cargo de canciller por la firmeza de su gestión con el coronavirus.

Esto no parece haber cambiado el estatus de favorito de Laschet y Söder, que también lidera el partido gobernante de Baviera, la Unión Social Cristiana, se ha inclinado desde entonces por el enfoque más liberal del confinamiento adoptado por su rival.

Quien acabe en la Cancillería de Berlín, tendrá que enfrentarse a una larga serie de desafíos y los inversores estarán observando de cerca. Estarán especialmente interesados en ver cómo el índice bursátil alemán Dax refleja las perspectivas de crecimiento mundial, dado que el rendimiento de las empresas alemanas está estrechamente vinculado a la economía mundial a través de los sectores de los materiales, las finanzas y la industria: sectores en los que Dax tiene una gran ponderación. El índice tuvo una rentabilidad inferior al índice MSCI World durante las ventas del mes de marzo, antes de recuperar las pérdidas a principios de junio, cuando aumentó la confianza.

Mientras tanto, las rentabilidades los bonos alemanes a 10 años han estado negociándose entre el -0,75% y el -0,20% en los últimos 12 meses. Esto refleja una tasa de depósito negativa del Banco Central Europeo del -0,5%, las expectativas de una política monetaria acomodaticia para los próximos tres años y un riesgo limitado o nulo de presiones inflacionistas. Por lo tanto, es probable que las rentabilidades alemanas se mantengan negativas y estables por más tiempo.

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