Opinión

¿Una reconstrucción 'verde' para Europa?

La pandemia supone una ventana de oportunidad para impulsar la transición ecológica

De gobiernos a empresas, desde el mundo académico hasta las organizaciones internacionales, en los últimos meses un número cada vez mayor de actores pide una reconstrucción verde de la economía tras la COVID-19. Esta petición es sensata, el nivel de perturbación causado por la pandemia ofrece a nuestros dirigentes una oportunidad de introducir políticas ambiciosas para acelerar la transición a un sistema económico ecológico.

Hasta la fecha, los debates sobre la "reconstrucción verde" se han centrado en la utilización de los planes de recuperación para promover medidas con un fuerte (y rápido) efecto multiplicador pero que al mismo tiempo contribuyan a reducir las emisiones. Posibles ejemplos de este tipo de medidas son la renovación energética de los edificios, la mejora de las redes eléctricas y el desarrollo de la infraestructura para recargar vehículos eléctricos.

Los precios del carbono pueden desempeñar un papel clave en la economía futura

Sin embargo, hay que reconocer que existe un claro límite en el número de programas de estímulo eficaces en el corto plazo que simultáneamente contribuyan a crear una economía más verde. A fin de reactivar rápidamente la economía, es probable que un porcentaje alto de los fondos de recuperación vayan destinados a medidas generales, tecnológicamente neutras e "incoloras". Algunos ejemplos de estas medidas pueden ser la suspensión temporal de impuestos indirectos o los complementos salariales.

Por tanto, además de "ecologizar" los programas de estímulo a corto plazo, en la medida de lo posible, se debería hacer un esfuerzo por modificar las expectativas del mercado, de manera que los agentes que participan en el atribuyan mayores beneficios a las inversiones con una baja huella de carbono.

Es decir, debido al gran tamaño de los planes de recuperación que parecen estar a punto de introducirse en Europa, así como al hecho de que muchas empresas tratarán de reestructurar sus modelos empresariales y cadenas de suministro, ahora más que nunca los precios del carbono pueden desempeñar un papel importante en la configuración de nuestros sistemas económicos futuros.

La presidencia alemana en el Consejo es la mejor oportunidad para avanzar

La UE debe anunciar ya un aumento sustancial de los precios del carbono después de 2021. Al fin y al cabo, cuentan con las herramientas políticas para llevarlo a cabo con rapidez: el régimen de comercio de derechos de emisión de la UE (RCDE UE) y la directiva de impuestos sobre la energía de la UE. El precio de los derechos de emisión para las grandes instalaciones industriales se puede aumentar rápidamente, reduciendo la oferta. Además, la actualización de dicha directiva (una prioridad en sí, ya que es de hace 17 años) permitiría la implementación de un precio europeo del carbono para usos como el transporte y la calefacción. En este caso, las tasas impositivas mínimas en toda la UE podrían vincularse al contenido de carbono de los distintos combustibles.

Es probable que un aumento de los precios del carbono en 2021 llegase en el momento oportuno, ya que las reformas que proponemos podrían proporcionar ingresos anuales adicionales de alrededor de 100.000 millones de euros. Dado el aumento generalizado de la deuda soberana a causa de la crisis, estos ingresos adicionales pueden facilitar la consolidación fiscal (al fin y al cabo, podrían llegar hasta el uno por ciento del PIB).

El anuncio de estas reformas de manera contundente y creíble por parte del Consejo Europeo guiaría a las empresas, los mercados financieros, las administraciones y los hogares hacia la descarbonización – crucial si queremos cambiar las decisiones de inversión hacia tecnologías de bajo consumo de carbono. Podemos conseguir una reconstrucción más ecológica con una consolidación fiscal más ecológica.

Políticamente, la presidencia alemana del Consejo de la UE nos proporciona la ventana de oportunidad perfecta. Nuestra propuesta puede suponer un compromiso beneficioso que permita a Merkel llegar a un acuerdo tanto sobre el plan de recuperación como sobre el próximo marco financiero plurianual (2021-27), al tiempo refuerza la política en materia de cambio climático en la UE y mantiene una cierta prudencia fiscal.

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