Opinión

Qué debería cambiar tras el 12-J

  • No hay una aritmética parlamentaria para que Sánchez se sienta amenazado
  • Los resultados son regulares para el PSOE y malos para Podemos
  • La gran olvidada tras las votaciones volverá a ser la economía
Pedro Sánchez y Pablo Iglesias durante la firma de su acuerdo de Gobierno.

Los resultados del 12-J son interpretables en clave del PP, PNV, PSOE y, sobre todo, la economía española. La victoria del PP en su feudo tradicional deja claro que sólo la concentración de voto del centro-derecha no nacionalista permite un Gobierno de ese signo. La firmeza de Feijóo en mantener al PP solo le ha dado la razón. El contraargumento es que eso exige partir de una situación de dominio de una de las siglas que representa a ese centro-derecha y un electorado moderado.

También la victoria gallega permite una lectura interna compleja. Feijóo es un verso suelto entre los barones del PP. Ha hecho una campaña centrada en su figura, con las siglas del partido en segundo plano. No está contra la actual dirección del PP, pero está en la mirada de los incómodos con ella. No hay que olvidar que Casado ganó el Congreso después de una pelea reñida. Los sorayos y los cospedales aún siguen en la estructura territorial. Sobre todo cuando en Euskadi la estrategia ha sido mala.

Al PNV su victoria le permite reeditar el Gobierno PNV-PSOE y seguir como socio preferente del presidente Pedro Sánchez en el Congreso de Diputados. Con ello mantiene poder en Euskadi y puede arrancar concesiones al Ejecutivo español social-populista algo curioso como representantes que son de la burguesía vasca. Sobre todo, porque esta vez ha recibido, por su moderación, votos que fueron del PP.

Sin embargo, el PNV sigue sin conseguir una mayoría suficiente para gobernar en solitario. Probablemente tampoco le interesa. La presencia del socialismo en el Ejecutivo vasco le sirve de excusa para moderar sus posiciones nacionalistas. Su argumento podría formularse así: "Seríamos independentistas, pero los socialistas no nos dejan". Además, el desplome de participación en estas elecciones hace difícil trasladar esa mayoría electoral a una mayoría social que respalde ilusiones nacionalistas.

Al PSOE, los resultados han sido regulares. En Galicia pierde fuelle tanto el socialismo como sobre todo su coaligado Podemos que desaparece de su Parlamento; en Euskadi le permiten mantener la alianza del PNV en el Gobierno Vasco y en el Congreso de los Diputados. Son pocos escaños peneuvistas en ese hemiciclo, pero dada la división de su arco parlamentario son importantes y le dan al PSOE legitimidad de pactista.

Los nacionalistas vascos ahora tienen imagen de moderados y serios. Pactar con ellos permite a Sánchez mantener el equilibrio que sostiene su Gobierno, sin renunciar a la coalición que le apoyó en la moción de censura, origen de su estancia en Moncloa.

Por otra parte el PSOE en los dos territorios es el segundo partido. Si eso se repitiera en más autonomías su poder se tambalearía, porque se basa, en parte, en la división del centro-derecha ¿Y si apareciera un liderazgo, individual o colectivo, que consiguiese aglutinar de alguna manera esos votantes? Para Sánchez la matemática parlamentaria actual del Congreso le asegura la permanencia en Moncloa. No cabe una moción de censura. Ni es probable que Sánchez, ante estos resultados, convoque elecciones, salvo catástrofe económico-sanitaria (posible, aunque no deseable).

En consecuencia, ninguno de los tres puede estar descontento del resultado, pero no es para estar eufóricos. Las cosas están más o menos como antes. Nada ha cambiado el 12-J, ni a nivel de España (Estado, según un progre obsoleto) ni en las autonomías (naciones, según un independentista radical).

La que no puede echar las campanas al vuelo es la economía española. El resultado no mueve nada y, por tanto, ningún actor del espectro político cambiará su postura ¡Desastre! Porque en economía con la situación política actual se cumple lo de que "ni contigo, ni sin ti, tienen mis males remedio; contigo porque me matas y sin ti porque me muero".

La situación actual no nos sacará de pobres. Cómo mucho será un "tran, tran, ..." del que no nos libera ni los 140.000 millones de euros que Sánchez puede conseguir de Europa, sean las que sean las condiciones que impongan los eurócratas. Será una salida de la crisis económica lenta, muy lenta, que sólo podría ser rápida si hubiera una ilusión colectiva; que ahora nadie tiene.

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