Opinión

Los caballeros de la mesa cuadrada de la UE

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, conversando con el presidente de la Comisión Europea, Charles Michel. Reuters

El Consejo Europeo lo deja para el mes que viene. La paquidérmica maquinaria europea nunca tiene prisa por poner en marcha soluciones para compensar las dificultades de los ciudadanos del continente, y con esa costumbre anquilosada desde su fundación han resuelto los líderes su telemático Consejo Europeo. La decisión es que no hay decisión sobre la forma de repartir el fondo de reconstrucción, pero la buena noticia es que no han decidido cargárselo. Ha sido una nueva toma de contacto, en la que se inician las discusiones porque Charles Michel, presidente del Consejo Europeo, lo había advertido días antes: la cita clave debe ser presencial, mirándonos a la cara todos y no en una videoconferencia como ha sido ésta del 19 de junio. Y posiblemente hasta el otoño no tengamos una solución aceptada por todos para el reparto de los 750.000 millones entre créditos y transferencias.

Los nórdicos prefieren préstamos que obligan a una devolución y a poner condiciones; en cambio Madrid y Roma quieren transferencias a fondo perdido, lo que es más cómodo a la hora de gastarlas. Entre las intervenciones de unos y las de otros ha resonado la opinión de Merkel, reconociendo que el proyecto europeo ha quedado debilitado por la pandemia. La sensación de que una vez más se deja lo importante para mañana va a ser inevitable para quienes regentan pequeños negocios cerrados, empresas paralizadas temporalmente o los trabajadores que esperan su prestación que no llega. Las discusiones en el seno de la UE son como las de la Mesa Cuadrada de la película, donde el problema no son los idiomas distintos sino las diferentes y abismales formas de ver el mundo de unos y otros.

Muchas cosas están cambiando en España durante la emergencia sanitaria. En los días previos a esta cumbre virtual del viernes, los gestos desde el gobierno a favor de abandonar posiciones económicas maximalistas o radicales se han sucedido. Si hay acuerdo en el club europeo para que recibamos dinero, es mejor ser fiable que vehemente. Hasta hemos escuchado hablar de un posible entendimiento de Sánchez con el PP como necesario, aunque improbable. De repente se han revelado posiciones que nada tienen que ver con lo escuchado al ejecutivo en su gestación y en las pocas semanas que transcurrieron hasta el estado de alarma. Nada parecido al acuerdo firmado con Bildu para derogar íntegramente las normativas laborales del gobierno anterior (seguir llamando "reforma laboral" a algo aprobado hace casi una década me parece de una pereza tremenda). Para llamar a la puerta de Europa y poner la mano hay que vestirse de limpio.

Hasta el vicepresidente social del gobierno acepta ya la incorporación de Ciudadanos a la negociación y su voto favorable a los Presupuestos, un escenario impensable hace pocas semanas, al que acompaña la posible aceptación también de ajustes en determinados impuestos y previsión de gastos, los que pueda exigir Bruselas. Léase recortes. Los ajustes fiscales podrían pasar por una subida no sólo para los ricos y las sociedades, sino del IVA y de los impuestos especiales que todos pagamos al consumir. Los salarios de los funcionarios y las pensiones podrían venir detrás. Esto, de ser así, confirmará la tesis de que Pablo Iglesias antepone el sillón a lo que ha defendido hasta ahora en su todavía corta pero productiva carrera política. Y le alejaría de la posición de dignidad que sostuvo Yannis Varoufakis al marcharse del gobierno griego de Tsipras cuando Europa marcó el camino a seguir para recibir el dinero del rescate. Otro elemento que indica el nuevo acomodo de Podemos es su aceptación a dejar en el limbo algunos acuerdos de su pacto de legislatura con los socialistas para que Ciudadanos entre en el redil y permita la aprobación de unas cuentas que alejarían unas posibles elecciones anticipadas y garantizarían los cuatro años de poder.

España empeña su futuro económico a la llegada de los 140.000 millones de euros procedentes del Fondo europeo impulsado por Macron y Merkel. Pero el tiempo apremia y los caballeros de la mesa cuadrada en la que siempre se posponen los problemas, no aportan soluciones a quienes las necesitan. Las oficinas del SEPE reabren el lunes y nadie sabe cómo van a reaccionar en ellas los trabajadores incluidos en ERTE que aún no han cobrado un solo euro del Estado.

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