Opinión

Cómo debe reaccionar el inversor ante la crisis del Covid-19

A pesar de las caídas no es momento de vender en bolsa

Hay algo que no le han contado sobre el coronavirus Covid-19: dado el funcionamiento de los mercados en España y en todo el mundo, la dura corrección bursátil de febrero será la antesala de unas rentabilidades excelentes. Y le explicaré por qué.

Con independencia de sus causas, las caídas bruscas en los mercados, como la observada en el Ibex 35 en los últimos días, asustan a cualquiera. Asimismo, en esta ocasión, la desconfianza inversora no solo incluye la preocupación de perder dinero sino que, además, se le suma la emergencia sanitaria. Las recientes noticias sobre contagios del coronavirus Covid-19, como la de la cuarentena en un hotel de Tenerife o la posible prohibición a acceder a eventos deportivos, dan pábulo a la ansiedad. Si consigue sobreponerse a las emociones, se dará cuenta de que los descensos bruscos casi siempre generan oportunidades de compra. Normalmente suelen presentarse en las últimas fases de los mercados bajistas o en las correcciones, justo antes de que se produzca un repunte y la renta variable registre una gran apreciación.

La dura corrección bursátil es la antesala de unas rentabilidades excelentes

Además, los batacazos producidos tras registrar máximos históricos constituyen un factor doblemente alcista y, aunque el Ibex 35 no estaba en máximos históricos antes del declive, la renta variable mundial sí. ¿Por qué es tan positivo este fenómeno? Un viejo aforismo afirma que "los mercados alcistas terminan con un suspiro, no con un rugido". Sus últimas fases, por increíble que parezca hoy, tienden a ser suaves porque aún son atractivas para los más incautos y no hacen saltar las alarmas.

La confianza se desmorona rápidamente ante caídas fuertes y repentinas, pero el miedo no es un hecho, sino un sentimiento, y, encima, alcista. Warren Buffett recomienda "preocuparse cuando reina la codicia, y ser codicioso en momentos de desasosiego". En un clima de inquietud como el actual, inédito desde el crack de 1987, este consejo no podría ser más oportuno.

Si cuenta con liquidez, lo mejor es posicionarse mientras dure la pandemia

No valoraré las cuestiones médicas del Covid-19, dado que no soy experto en esta materia. Solo pretendo desentrañar sus implicaciones bursátiles que otros no consiguen ver. Si bien es, sin duda, una desgracia para las personas afectadas, a lo largo de la historia han sucedido episodios de pánico similares que, independientemente de su gravedad, nunca han durado demasiado. Cuando el miedo se extiende, los mercados no tardan en subir: seis meses después, las acciones se sitúan en niveles previos a la crisis, e incluso se sitúan más arriba un año después. Sin embargo, intentar predecir los mínimos es un esfuerzo estéril. El índice S&P 500 de EEUU cuenta con la serie de datos más larga. Analícelo y se dará cuenta de que esta regla no presenta ninguna excepción.

Muchos se preguntan si el virus afectará el crecimiento económico. Seguramente sí, pero no se desatará un mercado bajista a menos que la economía internacional entre en recesión (es decir, se produzca una caída del PIB). A pesar de la creencia popular, la mera desaceleración no significa unos peores resultados en la bolsa. En un mundo cuyo PIB se valora en 79 billones de euros, los daños causados deberían superar los 2,3 billones este año para que se desencadene ese escenario funesto. Dudo que siquiera llegue a acercarse.

Ninguna pandemia ha provocado un mercado bajista. Desde 2000, seis brotes de enfermedades han conseguido afectar al mercado a escala mundial. Con la excepción del asunto del síndrome respiratorio agudo grave (SRAG) de 2003, desarrollado en plena invasión de Irak y durante los últimos coletazos del estallido de la burbuja de las puntocoms, la renta variable mundial ha promediado una devaluación del 4,5% y durado nueve días; dos semanas después, la recuperación ya es del 2,3 y, tras cuatro semanas, del 3,7%; dos meses más tarde alcanza el 5,5%.

Seguramente no haya olvidado la amenaza del ébola desatada en España en 2014 a raíz del primer contagio entre humanos fuera de África. Por más que la prensa exagerara los riesgos, los mercados entendieron que se trataba de una crisis pasajera. Entre el positivo de la paciente, el 6 de octubre, y la declaración de España como libre del virus por parte de la OMS, el 2 de diciembre, el Ibex 35 se apreció el 2,1 %. El SRAG incluso brindó una oportunidad para invertir: la renta variable mundial se revalorizó el 12,0% en dos semanas tras el mínimo de marzo de 2003, y el 34,8% hasta el marzo de 2004.

Si esos resultados le parecen poca cosa, fíjese en la gripe de Hong Kong de 1968 o en la gripe asiática de 1957: ninguna desencadenó un mercado bajista. El brote moderno más devastador fue la gripe española de 1918 y 1919, cuya noticia salió por primera vez en la prensa española. El brote provocó entre 50 y 100 millones de víctimas. No obstante, según datos de EEUU, en ese bienio, las acciones se apreciaron por encima del 20%. Si los parqués se sobrepusieron a la catástrofe médica más letal de la historia, su comportamiento no debería ser muy diferente ahora que contamos con unos servicios sanitarios más eficaces, tasas de mortalidad significativamente menores y una capacidad de contención indudablemente superior.

¿A qué se debe que las pandemias sean indulgentes con los mercados? A que estos se orientan hacia los próximos 3 a 30 meses, más allá de los escollos temporales. Por eso siempre remontan mucho antes de que toquen fondo. Las pandemias perjudican al crecimiento económico, pero solo temporalmente. Los mercados descuentan que las fábricas, en horas bajas hoy, habrán de reanudar su producción para paliar la escasez y que la demanda se reactivará en unos meses. Y lo harán antes de que los analistas se calmen, así que no venda. Es más, si dispone de liquidez, aproveche para comprar mientras dure la fiebre del coronavirus.

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