Opinión

Cómo deben diseñarse los rescates financieros en la crisis del coronavirus

Los Gobiernos se sienten obligados a rescatar a las empresas con problemas por el coronavirus.

Flybe está en concurso de acreedores. El minorista de alquiler BrightHouse está al borde del colapso. Bristol Cars también parece abocada a desaparecer. Con el coronavirus golpeando duramente a la economía, muchos negocios se hunden, y lo más probable es que veamos unas cuantas bajas más en las próximas semanas.

Es una tragedia para las plantillas, los accionistas y los clientes atrapados en la crisis, por supuesto. En su presupuesto de la próxima semana, el ministro de Finanzas británico, y la Comisión Europea, anunciarán medidas de emergencia para ayudar a las empresas en los próximos meses. Y sin embargo, en verdad debemos ser cuidadosos en rescatar a cada empresa que tenga problemas. ¿Por qué? Porque en la década desde la crisis financiera hemos creado una economía llena de "zombis" - negocios mantenidos casi vivos por la abundancia de liquidez.

Hay firmas que, si no fuera por la gran liquidez existente, habrían caído hace ya mucho tiempo

Pero así como el virus sólo parece mortal para las personas con problemas médicos preexistentes, la recesión económica sólo puede amenazar a las empresas que ya estaban en problemas. Después de todo, no es que ninguno de estos negocios estuviera exactamente en buena forma para empezar. Flybe ha estado agonizando durante mucho tiempo. Hace sólo un par de meses que el Gobierno británico respaldó un plan de rescate, y estaba sufriendo grandes pérdidas antes de ser comprada por su último propietario, Connect Airways. La industria de las aerolíneas ha sido ferozmente competitiva durante años, y FlyBe, con su enfoque regional, nunca logró encontrar una fórmula rentable. BrightHouse ya había pasado por un rescate, y Bristol Cars también sufrió lo suyo. Una filial de la empresa de aviación que fue uno de los precursores de British Aerospace nunca fue un negocio de gran éxito en ninguna etapa de sus siete décadas de existencia. De diferentes maneras, todos habían agonizado durante años. No sería una gran sorpresa que otras empresas con problemas se unieran a ellas muy pronto en su declive.

Ese puede ser el mayor impacto que el coronavirus tiene en la economía. En la década desde el colapso financiero, muchas empresas se han mantenido vivas gracias a los tipos de interés casi nulos y a las constantes inyecciones de dinero impreso de los bancos centrales diseñadas para mantener vivo el mercado alcista. En tiempos más normales, los tipos de interés habrían subido en la parte alta del ciclo económico, y las empresas con demasiada deuda y muy pocos clientes se habrían hundido. En la última década, eso no ha sucedido. Los tipos de interés se redujeron a casi cero, a un mínimo de los últimos trescientos años y, con un par de pequeños ajustes, se han mantenido así desde entonces. ¿El resultado?: Muchas de las que los economistas empezaron a llamar empresas "zombies", un término acuñado por primera vez cuando Japón redujo los tipos de interés a cero en los años 90. Son los muertos vivientes: no del todo vivos, pero aún así siguen tambaleándose. Hay muchos de ellos ahí fuera. Un informe de KPMG del año pasado estimó que una de cada siete empresas del Reino Unido podría ser efectivamente un "zombi".

Por supuesto que es correcto mantener los negocios vivos cuando se puede. Nadie quiere ver que las empresas cierren, que el personal pierda su trabajo, o que los clientes o proveedores sean abandonados repentinamente. Pero eso es sólo si se puede dar un giro eficiente, y restaurar la salud. En realidad, algunas empresas están completamente desesperadas. Y el problema es este. Acaparan recursos que podrían ser utilizados de manera más rentable en otros lugares. Flybe, por ejemplo, utiliza aviones y slots de aterrizaje sin ser capaz de obtener beneficios. Una vez que se ha hundido, otras aerolíneas, o empresarios, pueden ser capaces de averiguar cómo utilizar esos recursos, o ese espacio, para algo que es realmente rentable. Lo mismo ocurre con todas esas tiendas de BrightHouse si se hunden. Nadie sabe muy bien cuál será el futuro de las tiendas tradicionales –quizá se reconviertan en viviendas residenciales o en espacio de oficinas para pequeñas empresas- pero no tiene sentido que el terreno y los edificios se utilicen con un fin de venta al por menor que nadie quiere realmente. El repentino shock de la recesión del coronavirus puede finalmente acabar con algunos de ellos y liberar recursos para ser usados de forma más productiva.

Las empresas saneadas sí deben recibir un salvavidas por parte del Gobierno

Los Gobiernos sufrirán una intensa presión para lanzar un salvavidas a todos los negocios que tengan problemas. Se establecerán fondos de rescate y se ofrecerán auxilios financieros. En algunos casos eso será perfectamente justificable. El coronavirus puede constituir una crisis histórica y no tiene sentido permitir que empresas eficientes y saneadas sufran. Pero si también elimina algunos de los zombis que de otro modo habrían desaparecido cuando se normalizaron los tipos de interés, entonces no será completamente terrible. Cuando la economía se recupere, como esperamos que suceda pronto y el virus esté bajo control, la economía podría ser más saludable.

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