Opinión

Agricultura: el producto por lo que vale

El campo ha dicho basta ante los bajos precios que perciben en origen

El Sector agrario no aguanta más. Los agricultores y ganaderos de este país han dicho "hasta aquí hemos llegado". Arrastran desde hace años una precaria situación de bajos precios en origen que no se corresponde con los precios que el consumidor encuentra cuando hace la compra. Un litro de aceite de oliva virgen extra vale 6 veces más de lo que recibe el productor; un kilo de melocotones entre 8 y 10 veces más….

En suma, unos precios en origen con los que no es raro que buena parte de los productores estén ya con el agua al cuello. Soportan una grave crisis de rentabilidad porque los precios que perciben ni siquiera alcanzan a compensar los costes de producción. El propio ministro Luis Planas reconoce que la situación es extrema en sectores como el aceite de oliva o las frutas, producciones netamente mediterráneas en las que somos líderes mundiales.

¿Cómo puede ser que un sector como es el agroalimentario tan dinámico y que genera tanta riqueza para la economía del país (representa el 10% del PIB; factura más de 100.000 millones de euros y exporta por valor de 50.000 millones de euros) sufra un problema tan grave y endémico como es éste? ¿Cómo es posible que los productores agrarios españoles, capaces de hacer productos de primor y de máxima calidad no vean compensado su esfuerzo con unos precios justos que les permitan seguir desarrollando su actividad?

Los precios que se perciben no compensan los costes de producción

Como presidente de ASAJA he tenido la oportunidad de plantear este mismo problema a buena parte de los gobiernos democráticos que hemos tenido y aunque se han hecho algunas cosas el problema sigue sin solución. Cierto es que tenemos una Ley de la Cadena Agroalimentaria pero también es cierto que adolece de graves carencias como es el hecho de que no se contemplen determinadas prácticas comerciales desleales (venta a pérdidas, productos reclamo) y persistan aún graves desequilibrios entre los distintos eslabones de la cadena en cuanto a la conformación de los precios. Además, hay que dotar a la cadena agroalimentaria de absoluta transparencia para que en todo momento se sepa qué márgenes tienen tanto productores, como industria y distribución.

Cuando hablamos de que el agricultor tiene que recibir un precio más justo por su producción aquí hay dos vías para hacerlo. El reparto del precio desde el principio hasta el final de la cadena de valor, es decir con márgenes equitativos -en este punto yo siempre he defendido la teoría de los tercios: un tercio para el que lo produce, otro para el que lo transforma y otro para el que lo comercializa- y por supuesto perseguir cualquier forma de venta a pérdidas. En este sentido el actual ministro de Agricultura acaba de reconocer que esta práctica es un elemento distorsionador que causa pérdida económica y de reputación y destruye el valor del producto.

La actual Ley no tiene en cuenta la venta a pérdidas que perjudica al campo

Por otra parte, debemos hacer un análisis de cuánto cuesta producir. Pese a muchos empresarios agrarios perciben los mismos precios de hace 20 y 25 años por la venta de sus productos (caso de los cereales) no se puede decir lo mismo de los precios de los insumos agrarios. Carburantes, fertilizantes, semillas, abonos, energía, agua…. han incrementado sus precios exponencialmente y a esto se deben añadir otros gastos como son las contrataciones de los seguros agrarios, o los costes salariales (estos últimos incrementados notablemente con las subidas del SMI y las cuotas sociales).

Pues bien, todos estos costes de producción deben ser tenidos en cuenta y en ningún caso se debe establecer el precio de venta de un producto por debajo de sus propios costes de producción, o dicho de otra manera: "amigos si, pero la vaca por lo que vale". De lo contrario ocurrirá lo que está pasando ahora, se estará limitando la competitividad de nuestras explotaciones y buena prueba de ello es la caída que ha experimentado la renta agraria en casi un 9% en el último año.

Pero este no es el único factor limitante de la actividad productiva del sector agrario. Al grave problema de la crisis de precios debemos añadir otros como son las trabas que encuentran nuestros productores para poder exportar como consecuencia de los aranceles americanos, el Brexit o el veto ruso o el temido recorte de fondos del presupuesto comunitario que puede afectar al mantenimiento de las ayudas de la PAC.

Todo ello, unido a los graves ataques de que son objeto los agricultores y ganaderos por parte de determinados colectivos sociales que arremeten contra el modelo de producción europeo, da como resultado el clima de hartazgo, malestar e indefensión que envuelve al campo. Ahora que la opinión pública ha reaccionado a nuestra protesta confiamos que el gobierno de Sanchez también lo haga, porque no es un problema con competencias exclusivas del ministro de Agricultura sino que los problemas afectan a más negociados de este Gobierno.

Solo si conseguimos que los agricultores y ganaderos hagan rentable su actividad y dejamos de perder activos agrarios año tras año, podremos afrontar los retos de lucha contra la despoblación y el cambio climático que se ha marcado el Gobierno para esta legislatura. No debemos olvidar que somos los agricultores y ganaderos quienes con nuestra actividad diaria de producir alimentos sanos y de calidad para los ciudadanos mantenemos vivos nuestros pueblos, cuidamos el monte, prevenimos los incendios forestales y contribuimos al mantenimiento del patrimonio natural de este país.

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