Agro

¿A dónde van los márgenes que no reciben los agricultores?

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Un kilo de alcachofas puede costar en el lineal 6,54 euros mientras en el campo apenas llega a pagarse a 90 céntimos. ¿Dónde se queda entonces el beneficio a lo largo de la cadena de valor?

Para los consumidores, llenar la cesta de la compra supone un complicado ejercicio de malabarismo para no volver a casa con la cartera vacía. Pero mientras productos cotidianos como frutas, verduras o carne se pagan a veces a precio de oro en el lineal, los agricultores y ganaderos se manifiestan por toda España denunciando su ruina económica por el escaso valor de sus producciones.

La exigencia de precios mínimos para sus productos ha sido una de las principales razones que ha llevado a agricultores y ganaderos a tomar las calles de las principales ciudades de nuestro país. A los bajos precios se ha unido el hartazgo de un campo que se siente olvidado por la ciudad y acosado por las denuncias de ecologistas y animalistas, un interminable aumento de los costes agravado por la subida del SMI, las malas cosechas por sequías e inundaciones, los aranceles de Trump o las importaciones masivas de países de fuera de la UE. La tormenta perfecta.

El ministro de Agricultura, Luis Planas, desvinculó ayer la subida del SMI aprobada por el Gobierno de las crisis del sector agrario para poner el foco en la distribución, con la que ha anunciado una ronda de reuniones para mejorar los márgenes que reciben los productores, una iniciativa de cuya eficacia dudan en el sector.

"La distribución no tiene la solución y refleja el desconocimiento de la realidad" afirma un dirigente asociativo del sector de la distribución. Nosotros somos los primeros interesados en la sostenibilidad de agricultores y ganaderos pero la formación de precios es un tema muy complejo y hacerlo de abajo arriba como se pretende supone que repercuta en el consumidor y eso te sitúa fuera del mercado".

La principal demanda de los agricultores es el establecimiento de precios mínimos, algo que en realidad es difícil de conseguir al estar prohibido por Competencia. Una de sus quejas recurrentes son las diferencias de precio entre origen y destino, en ocasiones de hasta el 600%.

Llevar un producto del campo al lineal tiene unos costes logísticos que la distribución tiene que asumir. "Vemos que el precio de un lechón está a 1 euro en el mercado y a cinco en el supermercado y nos parece una barbaridad. Pero ese lechón hay que ir a buscarlo a Lérida, transportarlo, pedir guías de sanidad, llevarlo al matadero, analizarlo, despiezarlo, que te lo envasen en bandejas… Eso tiene un coste", explica este dirigente asociativo.

Uno de los problemas, reconocen desde el sector, es que "no se ha sabido transmitir a la producción el trabajo de la industria y la distribución y en realidad no sabe lo que hacemos. Piensan que es rellenar estanterías pero hacemos una gran labor de innovación, de prescripción…".

Margen de un 3%

El margen de la distribución apena roza el 3% y es en el volumen donde obtiene el beneficio al aprovechar las sinergias de su cadena logística, un dato que cuestiona las acusaciones de supuesto enriquecimiento del último de los eslabones de la cadena. Según el Eurobarómetro del mes de diciembre, los alimentos y las bebidas no alcohólicas despachadas en España cuestan un 5% menos que en el promedio de la Unión Europea. El diferencial es especialmente acusado si nos comparamos con Francia, que está un 15% por encima de la UE-28, o Italia, donde se paga un 11% más que en el resto de países miembros.

"Subir el precio un 5% es algo que tienen que comprender muy bien los consumidores", afirman desde el sector. Uno de los riesgos del encarecimiento exagerado es que se desincentive el consumo y se vaya a otros productos. "La consecuencia es que se dejaría de comprar a los agricultores", explica.

Desde el sector de la distribución, que reconoce que puede haber algunos casos de acciones puntuales "desafortunadas" se insiste en que "hay que cuidar al eslabón más débil sujeto a condicionantes climatológicos ajenos a él, de sanidad animal o vegetal, y cada vez con más exigencias medioambientales y de calidad y seguridad alimentaria".

Venta a pérdidas

Las quejas contra la distribución se extienden además a algunas prácticas comerciales que han contribuido a aumentar el malestar. Aunque en teoría la ventas a pérdidas está prohibida, son habituales lo que se conoce como productos reclamos, consecuencia de la guerra entre las grandes cadenas distribución con el pequeño comercio por el mercado de los productos frescos. Se baja el precio de un producto por debajo de su valor de compra para atraer a los consumidores.

Esta práctica, además de repercutir al final en los que cobran los agricultores, contribuye a la banalización de los productos agrarios y restar valor a la producción primaria. El "2 por uno" o la reciente campaña del "preciobajismo" son ejemplos claros que enfurecen al sector agrario.

Enemigos en el exterior

El problema de los precios no solamente tiene causas internas. También desde fuera se dispara contra la rentabilidad agrícola. La Unión Europea fija numerosos acuerdos comerciales con países terceros para importar productos de todo tipo. La percepción generalizada en el campo es que la entrada de productos agrarios de fuera de la UE son a menudo la moneda de cambio para que nosotros podamos exportar otros bienes considerados de mayor valor añadido.

Con costes laborales y exigencias medioambientales y de seguridad alimentaria mucho menores que en esos países subdesarrollados, competir con ellos por precio resulta prácticamente imposible para los agricultores europeos y españoles.

Trabas a la exportación

Pero si la competencia es difícil en la Unión Europea, nuestro principal mercado, se convierte en ocasiones en una verdadera tortura más allá de Europa. El caso más reciente es el de los aranceles de Estados Unidos, que está haciendo temblar a sectores como el aceite de oliva o el vino, dos de los cultivos que han tenido una mayor expansión en los últimos años. Y el Brexit tampoco augura buenas sensaciones.

Cuando a todos estos factores se unen los problemas derivados de los efectos meteorológicos -los tres últimos años han sido en los que las indemnizaciones del seguro agrario por sequías e inundaciones han sido mayores de las últimas tres décadas- la presión aumenta. Principales víctimas del efecto climático, los productores ven además que sus problemas ya no son sólo cuestión de precios. La modas veganas y la presión de los animalistas ha convertido en objeto de reprobación social el consumo de carne, leche y muchos de los productos que han sido el sostén de su modo de vida.

Pese a todos estos factores, el sector agrario y ganadero no está libre de pecado. El sector ha sido incapaz de hacer frente a uno de sus problemas estructurales: la falta de unión, clave para fortalecer la posición negociadora.

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