Opinión

La peor de las victorias para Sánchez

Pedro Sánchez, secretario general del PSOE

En el 279 antes de Cristo, en el sur de Italia, un General de Epiro trataba de emular la gesta que Alejandro Magno realizase casi cincuenta años atrás.

La batalla de Ásculo fue un enfrentamiento duro entre las legiones romanas y las tropas del General que contaba como aliados con los tarentinos, oscos y samnitas. Los compañeros de viaje y la orografía no fueron todo lo favorables que Pirro esperaba -es importante conocer el contexto y las compañías para emprender un viaje conjunto- y la victoria lograda sobre los romanos fue, cuando menos, ajustada. Se dice que, tras repasar las bajas y hacer balance, Pirro acuñó su famosa frase: "Otra victoria como esta y estaré vencido".

El miedo por el alza de Vox en la derecha, la desintegración del centro, el pánico a unas terceras elecciones en el bloque de la izquierda y el hastío de una ciudadanía que ve estupefacta como los políticos son incapaces de entenderse, han creado el caldo de cultivo propicio para una preacuerdo de gobierno de coalición express, en 24 horas.

Pablo Iglesias no ha ganado las elecciones pero sí la ha ganado la batalla a Pedro Sánchez y eleva aún más el coste de su apoyo político. Lo que Sánchez no pagó en abril le va a salir caro en noviembre. Habrá coalición de Gobierno, pasaremos de un gobierno en funciones a otro en facciones con cierto grado de interinidad por lo frágil del equilibrio en cuanto a apoyos se refiere y dada la complejidad del mismo. Entre el PSOE y Podemos suman 155 escaños y al menos necesitarán veintiún diputados más para la elección definitiva. Más Madrid apoyará la coalición, a pesar del menosprecio que ya se ha empezado a evidenciar por parte de Iglesias a Iñigo Errejón, al que conoce tan bien; lo que eran guerras en el seno de una formación política, corren el riesgo de trasladarse, quizá a modo de venganza, a la arena del hemiciclo del Congreso.

El PNV hará lo mismo para implantar su cordón sanitario a Vox y como estrategia de distanciamiento de EH Bildu. Los incentivos de algunos socios serán bajos para llevar a Sánchez a la Moncloa, pocos pelos en la gatera tendrá que dejar el candidato del PSOE en esta primera fase, pero subirán las demandas para mantenerle un tiempo en ella. Más allá del resto de partidos minoritarios, la viabilidad de este gobierno recae principalmente en ERC o Ciudadanos y de ellos dependerá la investidura; y a ninguno de los dos les favorece otra repetición electoral.

En el caso de Esquerra tendrá que lidiar con su naturaleza pactista y apostar por dar credibilidad y gobernabilidad frente al radicalismo independentista que bloquea el sistema. Una decisión que además de dar una posible estabilidad a Sánchez será en clave catalana y, según sea su voto, tendrá consecuencias en el polvorín que se ha convertido Cataluña hasta poder llegar adelantar unas elecciones autonómicas.

Sea como fuere y si finalmente hay fumata blanca, tan necesario era un acuerdo como difícil se prevé su gestión. Se acabaron los gobiernos monocolores, Sánchez dormirá mal bastante tiempo o todo el tiempo. Vivirá sus "peores pesadillas" y convivirá con ministros de Podemos y con Iglesias en el Consejo de Ministros. Es más, todo apunta a que se regirá por la Ley de Gamson y el reparto de ministerios será equitativo. Muy posiblemente se desempolvará el borrador de Presupuestos Generales que ya presentó el PSOE, primer objetivo y balón de oxígeno de Sánchez si Esquerra o C's se lo permiten. Unas cuentas en las que Podemos ya dejó su impronta en materia impositiva, pactando e introduciendo medidas recaudatorias en servicios digitales, transacciones financieras, sociedades, diésel, patrimonio, fiscalidad medioambiental, IRPF y ley antifraude.

Por el lado contrario, la posible vicepresidencia económica para Nadia Calviño es un mensaje de Sánchez a los mercados: España se mantendrá en la ortodoxia fiscal que exige Bruselas. Sí se hace realidad el ascenso de la actual titular del Ministerio de Economía supondría un fuerte contrapeso a muchas medidas de Unidas Podemos y el aval del eje Berlín-París al gobierno de Sánchez.

Además, otros retos esperan a este gobierno: el Brexit, el enfriamiento de la economía y la cohesión territorial del Estado. Ante este último desafío ¿Un gobierno poco cohesionado como el que se entrevé tendrá unidad para afrontarlo o se partirá por las diferencias de calado que mantienen sobre el tema?, es decir, ¿será este acuerdo la batalla de Benevento para Sánchez?

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