Opinión

El futuro del pacto ecológico europeo

Gravar las emisiones de carbono ser antoja como solución positiva para luchar contra el cambio climático

Nuestro reto más apremiante es mantener nuestro planeta sano. Es la mayor responsabilidad y oportunidad de nuestro tiempo". Así es como Ursula von der Leyen instó al Parlamento Europeo a respaldar su propuesta de un acuerdo ecológico europeo, que haría que Europa fuera climáticamente neutral para el año 2050.

Con la próxima llegada de la nueva Comisión, ya es hora de pensar en cómo traducir esta teoría en realidad. En nuestra opinión, existen cuatro pilares fundamentales para un acuerdo ecológico europeo sostenible.

En primer lugar, debería establecerse un precio significativo del carbono para todos los sectores, reforzando el régimen de comercio de derechos de emisión de la UE y presionando a los países de la Unión para que encarezcan el coste de las emisiones no cubiertas por el régimen de comercio de derechos de emisión. Para asegurar un mecanismo robusto contra las emisiones de carbono, se debe preparar un impuesto fronterizo. Sin embargo, una medida de este tipo supondrá un gran reto político, y la futura política climática de la UE no debería basarse en el éxito de su aplicación. Por lo tanto, en primer lugar deberían establecerse otros instrumentos, como las subvenciones a las exportaciones con bajas emisiones y unas normas medioambientales más estrictas que los importadores tendrían que cumplir para acceder al mercado de la UE.

Conviene establecer una tarifa significativa sobre el carbono para todos los sectores

En segundo lugar, el precio del carbono debe complementarse con una estrategia de inversión sostenible que impulse a las empresas a cambiar de tecnología y promueva un cambio de comportamiento entre los ciudadanos, compensando cualquier aumento de los costes a los que se enfrentan por el alza del carbono. La inversión ecológica debería fomentarse desplazando los fondos de la UE hacia este fin, permitiendo al mismo tiempo a los países apoyar la inversión ecológica, e incentivando la privada mediante medidas reguladoras y el apoyo de bancos públicos.

En tercer lugar, la industria europea debería reforzarse mediante el apoyo a la innovación ecológica disruptiva, la creación de las condiciones para que prosperen las empresas europeas innovadoras y ecológicas (por ejemplo, con nuevas normas de productos y de contratos de diferencia basados en el carbono para garantizar la competencia entre empresas por las tecnologías eficientes), y la adopción de medidas para exportar el Acuerdo Verde Europeo sobre la base de una reforma de la política de vecindad y desarrollo de la UE.

En cuarto lugar, las consecuencias sociales adversas de las políticas climáticas deberían tenerse en cuenta y minimizars. Los impactos inevitables deben ser abordados mediante medidas de compensación específicas. El ámbito de aplicación del Fondo Europeo de Adaptación a la Globalización puede ampliarse y el mecanismo puede ajustarse para ayudar a la transición en las regiones mineras del carbón.

La receta para el éxito del Acuerdo Verde Europeo es tan simple como impresionante: promover inteligentemente la descarbonización profunda acompañando la transformación económica e industrial que esto implica necesariamente, y garantizando la inclusión social del proceso global. Si la estrategia tiene éxito, el Acuerdo podría convertirse en un proyecto para otros países y en un ejemplo tangible de que la búsqueda de la neutralidad climática es técnicamente viable y económica y políticamente viable.

Como en cualquier revolución, habrá ganadores y perdedores. Lo que debería hacer un acuerdo ecológico europeo es proporcionar un claro sentido de orientación a los ciudadanos y las empresas, y establecer mecanismos para garantizar que los segmentos más vulnerables de la sociedad reciban apoyo y no se queden atrás.

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