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El país con más reservas de petróleo del mundo es incapaz de aprovechar su gran oportunidad

  • Francisco Monaldi (Universidad de Rice, Houston) : "Venezuela necesita una inversión de miles de millones"
  • EIA: "Se necesitará tiempo para que pueda producir más petróleo"
  • No produce ni una tercera parte de lo que bombeaba hace 20 años

Hace poco más de dos semanas, Venezuela recibió una gran noticia para su economía. La Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de EEUU levantó el 18 de octubre de forma efectiva (durante seis meses) la mayoría de las sanciones estadounidenses al sector energético de Venezuela, allanando el camino para un incremento de las exportaciones del petróleo crudo pesado y agrio que produce el país.

Ese tipo de crudo, pese a ser más costoso de refinar, está escaseando en los mercados, por lo que ha sufrido importantes aumentos de precios en los últimos meses. Esto deja una oportunidad de oro para la industria de Venezuela que, teóricamente, podría volver al mercado y 'darse un festín' de ventas de crudo. Sin embargo, la cruda realidad es muy diferente.

Relaciones entre Venezuela y EEUU

No obstante, merece la pena echar un vistazo atrás para conocer en detalle dónde estaban las relaciones entre EEUU y Venezuela y qué ha sucedido. EEUU impuso un duro programa de sanciones contra Venezuela en 2017. Estas medidas buscaban debilitar al país, golpeando especialmente a su industria petrolera, la base sobre la que se asienta toda la economía venezolana y que era uno de los pocos escudos con los que contaba el país frente al tsunami inflacionario en el que estaba inmerso. La idea del entonces Gobierno de Donald Trump era que el país, asediado por estas sanciones, diera marcha atrás en lo que la Casa Blanca describió como un 'autogolpe de Estado'.

En aquel entonces el Gobierno de Maduro disolvió el parlamento en que estaba en minoría en favor de una asamblea nacional constituyente para redactar una nueva carta magna. En la práctica, esta nueva cámara controlaría la vida legislativa del país caribeño. El problema es que las elecciones del 30 de julio fueron, según la oposición y Smartmatic, la empresa a cargo del voto electrónico, "un fraude". En 2020 esta asamblea se disolvió sin que se aprobara ni un solo artículo de la presunta nueva constitución, que era la única finalidad de su puesta en marcha. Sin embargo, esta asamblea dio poderes legislativos absolutos a Maduro y desató una crisis política que escaló hasta el plano internacional.

Ahora, tras más de dos años de negociaciones entre la administración Biden, la oposición y el Gobierno chavista, se ha llegado a un principio de acuerdo a través del cual Estados Unidos retira durante seis meses las sanciones petroleras a Venezuela a cambio del compromiso de unas elecciones libres. Para garantizar su libre funcionamiento Maduro deberá aceptar que Estados Unidos las supervise y garantice. Además, el fin de las sanciones es solo temporal y en seis meses, si desde Washington no ven avances, pueden decidir no extender las sanciones. No obstante, la oportunidad está ahí, ¿podrá aprovecharla Venezuela?

Una industria anquilosada

El Departamento de la Energía de EEUU (EIA) ha publicado recientemente una nota en la que explica las dificultades a las que se va a enfrentar Venezuela para incrementar su producción de crudo y, con ello, las exportaciones. Venezuela no ha gestionado de forma eficiente los flujos de ingresos producidos por el crudo. Al menos no los ha gestionado de la forma adecuada para mantener en una posición competitiva a la industria que tantos millones de dólares ha generado. La industria del petróleo está desfasada, anquilosada y con dificultades para mantenerse activa después de años de 'olvido'.

Francisco Monaldi, director del Programa de Latinoamérica del Instituto Baker de Políticas Públicas de la Universidad Rice en Houston, explica en declaraciones a elEconomista.es que coincide con el punto de vista de EEUU. El experto apunta a que, aunque con el tiempo Venezuela podría bombear más de 2 millones de barriles diarios en el mercado, tal y como hacía en 2017 este es un futuro aún lejano y plagado de incertidumbre. "En los próximos meses podremos ver como su producción crece en 200.000 barriles diarios, un 0,2% del total del mercado de crudo, por lo que no habrá grandes cambios en el precio del petróleo".

Cabe recordar que la producción de petróleo crudo de Venezuela se ha reducido de forma drástica en dos décadas. El país producía alrededor de 3,2 millones de b/d en el año 2000, siendo el tercer mayor productor de la OPEP. En la actualidad, Venezuela produce unos 735.000 b/d (datos de septiembre de 2023), lo que la convierte en el décimo productor del cartel pese a tener las mayores reservas de crudo del mundo.

"Tras años de escasa inversión y mala gestión del sector energético, Venezuela, probablemente, verá limitado el crecimiento de la producción de petróleo crudo", señala la nota del departamento estadounidense. Estos expertos calculan que, aunque Venezuela tiene más de 300.000 millones de barriles de petróleo de reservas probadas, no será capaz de incrementar sus exportaciones más allá de 200.000 barriles por día (b/d) para finales de 2024 que señalaba Monaldi. Producir más crudo requerirá más tiempo e inversión.

Estas subidas serían gracias a las licencias de empresas estadounidenses que trabajen los campos de petróleo del país caribeño y de empresas europeas que se sumen a nuevas prospecciones. La propia Chevron que ya ha desembarcado en Venezuela desde hace meses, afirma públicamente que solo con sus proyectos y la infraestructura existente en el país podrían producir 150.000 barriles adicionales para diciembre. Pero esto no será suficiente.

Solo a nivel financiero PDVSA debería recibir 15.000 millones de dólares anuales.

Monaldi explica que el denso y pesado petróleo venezolano tiene un serio problema. Una industria e infraestructura en desuso que no ofrece garantías para un incremento de la producción sostenido. "Necesita una inversión de miles de millones de dólares que era imposible con las sanciones". Entonces Venezuela se encuentra con un problema doble. En primer lugar, la falta de empresas internacionales que se dejen en el país caribeño miles de millones en levantar esta infraestructura y que saben que unas nuevas sanciones pueden arruinarlo todo.

La petrolera pública PDVSA se encuentra en estos momentos prácticamente quebrada y sin capacidad de acceder al mercado mundial de deuda. El Estado venezolano, con una deuda pública del 175% de su PIB "se enfrenta sin remedio a una reestructuración y hasta entonces no podrá pedir dinero para nuevos proyectos". Incluso aunque la realizara correctamente, el experto incide en que "tendría otras prioridades más acuciantes en las que invertir" tras años de hiperinflación.

En ese sentido, Monaldi sentencia que "PDVSA tiene cero capacidad ahora mismo de expandirse, primero tiene que reconstruirse, un trabajo que puede durar años", según el experto, solo a nivel financiero la empresa pública debería recibir 15.000 millones de dólares anuales para reflotar su actividad.

Una nueva infraestructura política y legal.

Debido a esa incapacidad del Gobierno de poner en marcha sus reservas, Monaldi cree que el único camino pasaría por una reforma política y, especialmente, legal, que permitiese una llegada masiva de empresas a los proyectos de la Faja del Orinoco. Una situación que, a día de hoy, tiene grandes dificultades.

Para empezar, por ley, una empresa no puede tener más del 50% de la propiedad de un proyecto en Venezuela y, además, parte de la producción que le correspondería tiene que ser entregada al estado en concepto de regalías. Monaldi pone el ejemplo del proyecto de Chevron que, de los 150.000 barriles que va a producir en 2023 en sus pozos en Venezuela, solo se lleva, de inicio, unos 50.000 por su participación en la sociedad y, con las regalías que paga, finalmente la cifra se reduce hasta unos 16.000 barriles. En resumen, un proyecto liderado por la empresa tiene un retorno muy bajo.

"¿Vas a poner todo el dinero que requiere un proyecto como este para llevarse solo una novena parte?" Se pregunta Monaldi. En ese sentido, también avisa de que, aunque se levanten completamente las sanciones, la 'espada de Damocles' que estas suponen "hace difícil pensar que una empresa se lance a grandes apuestas en el país sin que haya un cambio político". Especialmente debido al historial de inseguridad jurídica que aqueja al país, desde las expropiaciones hasta los problemas medioambientales y la falta de seguridad.

"Producir un barril venezolano cuesta cerca de 10 dólares, por lo que en un entorno por encima de los 89 dólares en el mercado internacional ofrece unos retornos altísimos."

Su propio director financiero de Chevron, Pierre Breber, explicó en una entrevista a Bloomberg que todo depende de una quita a largo plazo de las sanciones, "no realizaremos inversiones significativas solo con una licencia a corto plazo". Al margen de Chevron, otras firmas de menor tamaño como Halliburton, Schlumberger o Baker Hughes ya han desembarcado en la región. En Europa, Repsol y Eni también tienen licencias y, con el fin de las sanciones, se espera que lleguen más. Pero incluso con esa mayor inversión, el problema con el 'oro negro' venezolano está lejos de resolverse.

Sin embargo, Monaldi cree que hay una gran oportunidad debido a la alta rentabilidad que puede lograrse en un período con el crudo caro. "Producir un barril venezolano cuesta cerca de 10 dólares, por lo que en un entorno por encima de los 89 dólares en el mercado internacional ofrece unos retornos altísimos." Además, el experto remarca que, aunque en desuso, la infraestructura existe y eso haría una vuelta a la producción más fácil que los proyectos que se están levantando de cero en países del entorno como Guyana o Brasil. "Hay que recordar que en 2017 el país bombeaba 2 millones de barriles, hay una oportunidad importante."

Por tanto, "se necesitará más tiempo para aumentar aún más la producción de petróleo crudo de Venezuela. Gran parte de la capacidad e infraestructura de producción de petróleo crudo de Venezuela se ha visto afectada por una prolongada falta de acceso a capital y mantenimiento regular. El potencial de un mayor crecimiento sigue siendo muy incierto en este momento porque se requerirían nuevas inversiones significativas para una producción adicional," concluyen los expertos de la EIA.

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