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El tope al petróleo ruso hace aguas: Putin desactiva en pocos meses el 'arma letal' de Occidente

  • El crudo de los Urales ronda los 80 dólares frente al tope fijado en los 60
  • Los ingresos de Moscú se han mantenido en la media previa a la guerra
  • Los nuevos clientes del Kremlin y la 'flota fantasma' han resultado claves

Ningún país que quiera comprar petróleo ruso podrá hacerlo por encima de 60 dólares si hay una empresa occidental implicada. Este fue el tope al crudo que el G-7, encabezado por EEUU, y la Unión Europea (UE) impusieron en diciembre del año pasado a Moscú y que iba a ser la estocada más mortífera tras una sucesión de sanciones con el objetivo de tumbar la economía del país euroasiático una vez decidió invadir Ucrania. Diez meses después de que esa orden se pusiera en práctica, el barril de petróleo con referencia en los Urales ha cotizado estos días por encima de los 80 dólares, más cerca del barril de Brent que del propio tope, y los aliados occidentales ha renunciado a actualizarlo.

"Con unos 10 millones de barriles diarios de producción, Rusia es el tercer productor mundial de petróleo, tras EEUU y Arabia Saudí. El tope de precios del G-7 para el petróleo ruso, que se aplica a los países que no sancionan el petróleo ruso y está fijado en 60 dólares el barril para el crudo, se diseñó para reducir los ingresos petroleros de Rusia y evitar al mismo tiempo grandes perturbaciones en el mercado mundial del petróleo, manteniendo el petróleo ruso a un precio bajo en lugar de retirarlo del mercado", explica Edoardo Campanella, analista de UniCredit, en una nota para clientes.

Para hacer cumplir el tope, prosigue el experto, las economías occidentales impusieron la prohibición de asegurar a los petroleros que transportaban petróleo ruso comprado a precios superiores al tope: "La lógica era sencilla: el crudo ruso tenía que seguir fluyendo a destinos fuera de Occidente para evitar un repunte de los precios mundiales del petróleo que se habría desencadenado por una caída de la oferta, mientras que los ingresos petroleros de Moscú tenían que reducirse para frustrar sus esfuerzos militares".

La medida, muy criticada por el Kremlin, pareció funcionar en principio. Llegó a haber semanas en las que el barril de los Urales coqueteó con perder los 50 dólares. El contexto global de precios del petróleo a la baja contribuyó a que el tope aguantase relativamente los primeros meses. Sin embargo, Rusia empezó a encontrar soluciones imaginativas con las que darle la vuelta a la tortilla y sortear el embargo. Poco a poco los precios empezaron a rebasar los 60 dólares. Durante el verano, los recortes de producción avanzados por la OPEP+, con Arabia Saudí a la cabeza, han hecho el resto. Desde julio, el precio del barril de los Urales sobrepasa con claridad la frontera de los 60 dólares y, actualmente, se mantiene cerca de los 80.

Para calibrar la efectividad de la medida, basta con echar un vistazo a las cifras. Este miércoles trascendió que los ingresos del Estado ruso por el petróleo y el gas aumentaron un 15% intermensual en septiembre (7.440 millones de dólares), según los datos del Ministerio de Finanzas ruso. Los ingresos también aumentaron un 7,5% respecto al mismo mes de 2022. Según la Asociación Internacional de la Energía (AIE), este último mes los envíos marítimos aumentaron un 6% y, lejos de estar limitado por el tope, el país ha obtenido unos 58.000 millones por esta vía desde que comenzó esta normativa.

Afinando más las métricas, según datos también de la AIE, en total, las exportaciones rusas de petróleo (incluyendo crudo y productos petrolíferos) se han mantenido prácticamente estables, en torno a los 7,5 millones de barriles diarios, garantizando así la estabilidad de los flujos mundiales, pero los ingresos petroleros de Moscú se han mantenido prácticamente planos, en torno a los 15.000 millones de dólares al mes, en comparación con la media mensual de 2021 (y, por tanto, antes del estallido de la guerra) y algo por debajo de su media de 2022, cuando los precios del petróleo se dispararon como consecuencia de la creciente incertidumbre geopolítica.

Los ingresos petroleros se han mantenido planos, en torno a los 15.000 millones de dólares al mes

Esta combinación de datos no ha evitado que las finanzas rusas se hayan resentido y que el rublo esté experimentando serios problemas, jugando con la barrera de los 100 por dólar. En este sentido, Moscú también ha notado la caída en las exportaciones de gas hacia Europa. De hecho, los ingresos por petróleo y gas han caído un 34,5% entre enero y septiembre de este año en comparativa con el mismo periodo de 2022, muy lucrativo para las arcas rusas dados los precios de la energía en el incipiente contexto bélico, y el Gobierno prevé una caída de los ingresos por petróleo y gas del 23% este año, hasta 8,94 billones de rublos.

"Los ingresos del gobierno ruso han bajado mucho este año como consecuencia del tope de precios, un factor que ha fomentado la maximización del volumen y también ha contribuido a la caída del rublo", explica en una nota el equipo de materias primas de Bank of America (BofA), encabezado por Francisco Blanch.

Sin embargo, la comparativa respecto a 2021 hecha por UniCredit evidencia que Moscú ha encontrado 'mercado'. "Lo que ha cambiado es la base de clientes de Rusia para su petróleo. EEUU y el Reino Unido ya no importan barriles de Moscú, mientras que las importaciones europeas se han reducido a 700.000 millones de barriles diarios frente a los 3,4 millones de 2021. China, India, Turquía y algunos países africanos han aprovechado los descuentos en el petróleo ruso para aumentar sus importaciones", detallan desde UniCredit.

El comercio con estos terceros países ha sido posible por las argucias encontradas por Moscú. Los diferentes operadores petroleros rusos habían ido acumulando una auténtica flota con todos los medios que tenían a su disposición. La' flota fantasma' de Putin contaba con barcos viejos, antiguos, de todas las clases y gracias a esta ha conseguido transportar más crudo que nunca mientras las sanciones se volvían más y más férreas. Según los datos de Windward, esta escuadra oculta cuenta con cerca de 1.100 naves que partes de ocho puertos. El último informe del CREA (Centro de Investigación de la Energía y del Aire Limpio, por su siglas en inglés), afirma que el 42% de todo su petróleo se mueve a través de estos 'buques cisterna en la sombra'.

En resumen, una flota desconocida entra y sale de Rusia y cuando sus barcos entran en alta mar, apagan sus sistemas de localización para hacer irrastreable su ruta. Presumiblemente, estas embarcaciones hacen que el petróleo pase de unas manos a otra y, para cuando el rádar vuelve a estar operativo, ya nadie sabe donde están los barriles. Gracias a este simple mecanismo y otros más complicados, como hackeo de software de rastreo, pueden eludir el tope al crudo.

"La UE ha incumplido su compromiso de revisar el precio, esta es una clara indicación de que la aplicación del tope no está funcionando"

Un sistema de contrabando internacional que la UE ha tratado derribar a través de un nuevo paquete de sanciones en junio en las que anunciaban congelaciones de activos para operadores que ayuden a eludir el tope. Sin embargo, al menos por el momento, este nuevo proyecto no ha detenido las actividades de los buques cisterna rusos en aguas internacionales.

El G-7 y la UE ya han dejado que el propio tema del tope se apague. Aunque en la práctica no se ha emitido ningún comunicado, la realidad es que se ha dejado de actualizar el tope pese a los notables cambios en el mercado. En un primer momento, los socios de la UE se emplazaron a reunirse cada dos meses a debatir una actualización de este tope, una cita que ha dejado de producirse. El resto de aliados no se comprometió a una periodicidad concreta. "La UE ha incumplido su compromiso de revisar el precio, esta es una clara indicación de que la aplicación del tope no está funcionando", explican desde el CREA. Con un mercado del crudo tan tensionado en los últimos meses, una actualización del tope podría complicar más las cosas y disparar más los precios.

El CREA critica que muchas empresas directamente no ponen en práctica el tope. "Los petroleros de propiedad o asegurados en países que imponen precios máximos continúan transportando petróleo ruso, incluso cuando los precios de los Urales superaron el precio máximo en abril y se mantienen por encima del nivel máximo de precios de 60 dólares por barril desde julio de 2023". Según los investigadores, esto "muestra evidencia de un monitoreo deficiente y aplicación del tope".

Putin todavía depende en un 60% de los petroleros que deben cumplir con el tope

Desde el centro remarcan la importancia que tendría un cumplimiento de las sanciones incluso con los trucos del Kremlin y la 'flota fantasma' funcionando. "Putin todavía depende de forma muy sensible de los petroleros que deben cumplir con esta normativa". Según sus datos, cerca del 60% de los movimientos del crudo se ejecutan a través de barcos que sí tendrían que cumplir con las sanciones europeas y del G-7.

Ahora que se espera que el mercado mundial del petróleo pase de un exceso de oferta a un déficit (en medio de los recortes de producción de la OPEP+ y una recuperación prevista de la demanda mundial en el segundo semestre del año), el poder de negociación de Moscú podría aumentar aún más, vaticina Campanella, de UniCredit. "El crudo de los Urales cotiza con un descuento respecto al Brent de menos de 15 dólares el barril, frente a los 30 de principios de 2023. En China, el descuento se redujo a 5-6 dólares en julio, frente a los 8,5 de junio. Volver a situar los precios de los Urales por debajo del precio máximo podría no ser fácil. Las navieras y las aseguradoras sólo necesitan una garantía por escrito de quien compra su cargamento de que el petróleo se adquirió por debajo del precio máximo, lo que deja margen para abusos y dificulta la aplicación del precio máximo", concluye.

"Si Rusia cambiara definitivamente a una estrategia de maximización del precio del petróleo, podrían aumentar los riesgos al alza de los precios del crudo. Por el momento, la subida de los precios de los Urales debería traducirse en una mayor recaudación fiscal para el gobierno ruso", valora desde BofA el equipo liderado por Blanch.

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