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Cuestión de confianza: Solvencia frente a liquidez

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El rescate por parte de la Fed del Silicon Valley Bank (SVB) y del Signature Bank desató hace un par de semanas una ola de ventas en bolsa y el temor a una nueva crisis. El negocio bancario se basa principalmente en la confianza de los clientes de que sus ahorros están seguros depositados en una institución financiera. Sin confianza, no hay banco que sobreviva, como bien saben los accionistas del desaparecido Banco Popular.

La actual crisis se desató por el temor de los clientes del SVB de no poder recuperar sus depósitos. Este miedo generó una oleada de retiradas de fondos, estimada en 42 billones de dólares mientras la cotización del SVB caía un 60%. Para hacer frente a este inusual volumen, el banco tuvo que deshacer algunas de sus inversiones para obtener la liquidez necesaria. Estas ventas forzadas le llevaron a incurrir en unas pérdidas aproximadas de 1.800 millones de dólares que disminuyeron sus fondos propios, lo que les obligó a anunciar una ampliación de capital para recapitalizar el banco.

Un problema de liquidez se había transformado en uno de solvencia. Si un banco tiene problemas de solvencia, todo el mundo teme por sus ahorros y corre a retirarlos.

El negocio bancario en esencia trata de captar depósitos, mantener una pequeñísima parte en liquidez por si los clientes necesitan recuperan parte de dichos depósitos y prestar el resto del dinero a tipos mayores de los que el banco paga a sus clientes. Cuanto más dinero se capta, más se puede prestar y si aumenta el margen entre lo que cuestan los depósitos y lo que se cobra por los préstamos, aumentan los beneficios. "La avaricia es buena" decía Michael Douglas en la película Wall Street.

En 2020 con motivo de la pandemia todas las empresas aumentaron su liquidez ante la incertidumbre. Esto produjo un enorme aumento de los depósitos en los bancos. SVB pasó de tener 49 billones en depósitos en 2018 a 102 billones en 2020 y 189 a finales de 2021. Había cuadriplicado su tamaño en apenas tres años. Dichos depósitos tenían un coste cero, dado que los bancos dejaron de retribuir sus pasivos. Otra cosa era ser capaz de ganar dinero. Los bancos suelen invertir una parte de sus depósitos en activos considerados de bajo riesgo, como son los bonos emitidos por los Gobiernos. SVB invirtió una parte muy importante de sus depósitos en bonos y otros instrumentos a plazos que iban de los diez a treinta años. Estos vencimientos tan largos son inusuales, pero son los que pagaban mayor tipo de interés y con ello aumentaban los beneficios del banco, mientras su acción volaba en bolsa.

En 2022 el mundo cambió, apareció la temida inflación que llevaba aletargada quince años y se frenaron en seco las salidas a bolsa, que habían marcado cifras récord en 2021. Las compañías tecnológicas y startups que eran los principales clientes de SVB vieron cerradas sus fuentes de financiación y empezaron a retirar y hacer uso de sus depósitos. Para frenar la inflación, la Reserva Federal comenzó a subir los tipos de interés que pasaron del 0% al 4% en apenas doce meses. Este repunte de tipos causó fuertes pérdidas a las carteras de bonos de los bancos, si bien eran perdidas en papel, es decir perdidas no realizadas si no se venden los bonos.

En la renta fija, lo único realmente fijo es el cupón o tipo de interés que paga. Si un bono paga un interés del 2% y los tipos de mercado están al 5%, nadie va a comprar dicho bono, salvo que lo haga con un descuento en el precio tan importante que el interés que se cobre, dos unidades, comparado con el precio pagado de una rentabilidad parecida al 5% del mercado. Esto supone fuertes pérdidas para quien se vea obligado a vender.

Normalmente los bancos mantienen este tipo de inversiones hasta vencimiento, donde se recupera el nominal y no hay que reconocer ningún tipo de pérdida.

El elevado nivel de bonos poseídos por SVB a tan largo plazo suponía unas pérdidas potenciales muy importante de su cartera de activos en un escenario de mayores retiradas de fondos por sus clientes. La agencia de clasificación Moody's advirtió al banco de que iba a emitir una nota bajando su rating. La pérdida o disminución de la calidad crediticia de una entidad financiera es un torpedo a la confianza del mercado en la misma. En esa disyuntiva, SVB decidió vender parte de sus inversiones, realizar las pérdidas y anunciar una ampliación de capital. Al día siguiente de estos anuncios, el banco estaba intervenido por la Fed. El banco central aseguro los depósitos de los depositantes, para devolver la confianza en el sistema.

No estamos en un caso de activos tóxicos como fueron las hipotecas subprime en 2008. En un caso de mala gestión de activos y pasivos por parte del banco, mala gestión del riesgo, mala evaluación de las necesidades de liquidez y algo de avaricia para aumentar sus beneficios.

A pesar del ruido, es muy improbable que se dé produzca una retirada masiva de fondos de los bancos españoles. Nuestros bancos tienen mayores reservas de liquidez, menores inversiones en bonos a largo plazo, donde también acumulan pérdidas y una base de clientes mucho más diversificada. Otra cosa son las caídas en bolsa de todo el sector bancario y de las entidades que se entienden más débiles como Credit Suisse.

A futuro, veremos probablemente unos mayores requisitos de liquidez para los bancos, frenando su capacidad de generar beneficios. La regulación o los propios bancos van a ser más restrictivos en sus créditos, lo que hará la vida más complicada a compañías muy endeudadas. Los bancos centrales que estaban subiendo tipos y restringiendo la liquidez del sistema se han visto obligados a aumentar las líneas de liquidez para los bancos con problemas y probablemente espaciar las subidas tipos.

Los ahorradores particulares con tantos sustos quizá tengamos la tentación de volver a tener el dinero debajo del colchón. Todo es una cuestión de confianza

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