Bolsa, mercados y cotizaciones

El bono americano se ha convertido en un 'rompecabezas': de compras misteriosas a las dudas de la Fed y los mercados

  • Sospechas en torno a su repunte justo antes de conocerse el último IPC
  • Debate sobre si los funcionarios de la Fed puede influir en su rendimiento
  • El mensaje halcón no ha servido para subir su rendimiento estas semanas
Imagen: iStock

El bono soberano de referencia en EEUU, la nota a 10 años o T-Note, está volviendo a acaparar titulares financieros. Si, por un lado, se está convirtiendo en un 'rompecabezas' tanto para los funcionarios de la Reserva Federal como para los inversores, por otro, ha dejado en las últimas horas informaciones que hablan de compras misteriosas y filtraciones a la prensa.

Las particularidades económicas tras la pandemia han hecho multiplicarse los parecidos con el contexto económico de los 70, especialmente la alta inflación. De aquella época también es el célebre 'Caso Watergate' que derribó al entonces gobierno republicano de Richard Nixon tras una filtración a la prensa. Ahora aparecen a menor escala, pero las filtraciones vuelven a cobrar protagonismo. Al menos en la esfera económica y financiera.

Con permiso de las presumibles filtraciones de los funcionarios de la Fed al periodista Nick Timiraos, del Wall Street Journal, para telegrafiar su senda de subida de tipos, el dato de IPC de EEUU ha estado en el candelero. Hace unos meses, una falsa filtración de un elevado dato inflación provocó un importante susto en los mercados. Ahora, una posible filtración de la lectura de IPC de noviembre conocida este martes estaría detrás de la misteriosa oleada de compras del bono americano segundos antes de conocerse el informe con los datos de inflación de la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS).

En los 60 segundos previos a la publicación del IPC, se negociaron 13.518 futuros del bono a 10 años para marzo de 2023, según datos de Bloomberg. Esto hundió repentinamente la rentabilidad de la nota en el mercado secundario por debajo del 3,45%. Una lectura de IPC más suave, como la que se publicó, daba sentido a esta bajada, pero que se produjera justo antes disparó los rumores de que el dato se había filtrado desde la administración.

Los futuros del bono a 10 años se negocian en la bolsa de Chicago y cada contrato tiene un valor inicial de 100.000 dólares. En el movimiento de ayer, los precios pasaron de los 114.000 dólares a rebasar ligeramente los 115.000. Dado el número de futuros negociados en esos 60 segundos, la operación rebasó los 1.500 millones de dólares.

La secretaria de prensa del presidente Joe Biden, Karine Jean-Pierre, ha dicho a los periodistas que no tiene conocimiento de ninguna filtración procedente de la Casa Blanca. Jean-Pierre ha descrito el salto en los precios de los activos como "movimientos menores del mercado". Igualmente, la BLS ha dicho que no tiene conocimiento de ninguna publicación anticipada de sus datos. Sin embargo, Cody Parkinson, ha reconocido que, si bien la agencia no tiene constancia de ninguna filtración, algunos funcionarios del gobierno reciben habitualmente los datos antes de su publicación en virtud de las directrices federales.

La confusión con estas compras ahonda aún más en la incierta evolución del bono, poniéndose en duda la capacidad de los funcionarios de la Fed de mantenerlo bajo control con sus decisiones sobre los tipos de interés. Lo primero que hay que tener en cuenta es que los rendimientos de los bonos del Tesoro a más largo plazo, como el bono a 10 años, desempeñan un papel fundamental en la economía estadounidense, ya que fijan un límite mínimo a los costes de endeudamiento de empresas y consumidores.

Dado que los rendimientos de los bonos vienen determinados en gran medida por las expectativas de los inversores sobre los tipos de interés a corto plazo a lo largo de la vida de un bono, la Fed puede influir en ellos modificando el nivel de los tipos a corto plazo o proyectando cuáles serán esos tipos en los próximos dos años.

Pero en las últimas semanas algo se ha 'roto'. Durante todo este tiempo, los funcionarios de la Fed, incluido su presidente Jerome Powell, han estado insistiendo en que en sus proyecciones de diciembre (el famoso dot plot) elevarán su previsión del tipo objetivo para final de 2023 respecto a las proyecciones de septiembre, donde la mediana fue del 4,6%. Esto debería haber mantenido a raya al bono a 10 años, pero no ha sido así. Tras coquetear con el 4%, su interés exigido ha seguido descendiendo hasta el entorno del 3,5%.

El mercado parece haber interpretado la llamada de la Fed a aprobar subidas de tipos más pequeñas como una pronta pausa en las alzas de tipos, si no directamente recortes a lo largo de 2023. El más suave dato de IPC de octubre provocó un cambio de dinámica que el de noviembre ha intensificado. La desconexión ha hecho a algunos inversores reconocer que, aunque conocieran con antelación las proyecciones de la Fed de diciembre que se conocerán este miércoles, no serían capaces de predecir cómo se moverá el bono.

Su razonamiento es que, si la Fed envía un mensaje de línea dura, haciendo hincapié en la preocupación por la inflación y proyectando unos tipos de interés más altos de lo esperado, el rendimiento a 10 años podría subir, ya que los inversores esperan tipos más altos durante más tiempo. Pero, por otro lado, podría caer si los inversores piensan que unos tipos a corto plazo más altos podrían bastar por sí solos para ahogar la economía, obligando al banco central a dar marcha atrás rápidamente y empezar a recortar los tipos el año que viene.

La problemática se aprecia a la perfección en la mediática curva de tipos de EEUU, que experimenta su mayor inversión desde el año 1981, algo que se toma como indicio de próxima recesión. Su inversión (la más analizada es la que se registra entre los bonos a 10 y dos años) constata que los rendimientos a largo plazo ya están muy por debajo de los de corto plazo. "El problema es que cuanto más duro suene Powell ante la inflación a la baja y los crecientes riesgos de recesión, más se invertirá la curva de rendimientos", explica en el Wall Street Donald Ellenberger, gestor de carteras de Federated Hermes.

"Powell puede hacer subir los tipos a corto plazo, pero cada vez le resulta más difícil hacer subir los tipos a largo plazo", afirma el economista. La caída de estos rendimientos a largo plazo es importante porque podría dificultar que la Fed vuelva a situar la inflación en su objetivo del 2% anual. Powell ha señalado repetidamente este año que las crecientes expectativas de los inversores sobre los tipos de interés a corto plazo -reflejadas en el aumento de los rendimientos de los bonos- han contribuido más a combatir la inflación que las verdaderas subidas de tipos decretadas por el Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) de la Fed.

ING: "Todo lo que esté por debajo del 3% para el bono a 10 años parece demasiado bajo"

"Tras la publicación del IPC de noviembre se observaron caídas de los tipos reales y de las expectativas de inflación. Esto consolida el notable movimiento reciente de los bonos a 10 años, que han pasado del 4,25% al 3,5%, y ahora se acercan al 3,4%. El pronóstico del tipo terminal de los fondos federales también se ha reducido. Estaba descontando cómodamente un máximo del 4,75-5%. Todavía se encuentra en ese rango, pero ahora está jugando con bajarlo al 4,5-4,75%. El bono a 10 años está más de 100 puntos básicos por debajo, lo que supone un gran descuento. Esto limita el margen para un gran movimiento a la baja a partir de aquí", consideran los analistas de ING en una nota firmada por Padhraic Garvey.

Los estrategas del 'banco naranja' se hacen eco de que "el mercado de bonos está cotizando como si la Fed subiera hoy 50 puntos básicos y luego hubiera terminado". "Con toda probabilidad, la Fed no ha terminado, pero si esta cifra demuestra ser el comienzo de un tema de baja inflación, es cada vez más probable que cualquier subida en el primer trimestre este muy lejos de los aumentos vistos de 75 puntos básicos", agregan. Estos economistas remarcan que es cuestionable que haya espacio a la baja para los rendimientos e insisten en que "todo lo que esté por debajo del 3% para el bono a 10 años parece demasiado bajo".

Los analistas de ING añaden una última variable a la ecuación: "Será interesante ver si la Fed podría frustrar las cosas con cualquier sugerencia de venta de bonos (un ajuste cuantitativo o QT duro) en el futuro. La razón sería limitar la capacidad de los rendimientos a largo plazo de bajar demasiado rápido y reducir su balance".

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