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China reivindica su papel en la transición verde

  • El país más contaminante crece como generador de energías limpias
  • En 2021 fue el segundo colocador de bonos verdes del mundo
  • Ha realizado una aproximación hacia la UE para alinear sus taxonomías
Imagen: iStock

El principal emisor de dióxido de carbono del planeta se encuentra en plena revolución verde. China ha disparado su relevancia como generador de energías limpias, y al mismo tiempo se ha consolidado como uno de los primeros colocadores de bonos verdes a nivel mundial. Conozca elEconomista Inversión sostenible y ESG, el portal verde de elEconomista.es.

Además, a nivel regulatorio, es uno de los seis mercados que cuentan con una taxonomía propia para las actividades verdes (que se suma a la de otra superpotencia, Europa, y a las de Japón, Malasia, Mongolia y Rusia). El país asiático y la UE ya han sentado las bases para acercar ambas taxonomías, con el objetivo de alinear sus respectivas definiciones de qué es una actividad verde. Lea: La 'Torre de Babel' de las taxonomías mundiales.  Con quien ha dejado de cooperar en la lucha contra el cambio climático, sin embargo, es con Estados Unidos, como represalia ante la visita de Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes del país norteamericano, a Taiwán.

El liderazgo que quiere tomar China -que es la principal responsable del crecimiento mundial de la demanda energética- en sostenibilidad es claro. Este país ya genera un porcentaje importante de la electricidad renovable del mundo.

La AIE (Agencia Internacional de la Energía) pronostica que China representará el 40% de la ampliación de la capacidad global de generación mediante energías renovables entre 2019 y 2024, en parte gracias a la mejora de la competitividad de la energía solar fotovoltaica y la eólica terrestre, según se destaca en un reciente informe de Janus Henderson (gestora de activos británica-estadounidense), titulado La descarbonización en los mercados emergentes.  

Instalaciones eólicas y solares 

En concreto, las instalaciones eólicas alcanzaron un máximo de 72,5 GW en China en 2020, una cifra casi tres veces mayor que en 2019, y la energía solar se incrementó un 60%. Sin embargo, destacan los analistas de Janus Henderson, el consumo de carbón de China sigue creciendo: aumentó un 4,6% y alcanzó un récord de 2.900 millones de toneladas en 2021.

"Este incremento se explica por el fuerte crecimiento económico del sector secundario y la falta de acceso a la energía hidroeléctrica, puesto que China es uno de los países más secos de la región", se destaca en el documento. Como se ha señalado, China es -con datos del Banco Mundial correspondientes a 2019- el principal emisor de CO2 del planeta, seguido por Estados Unidos e India. 

China tiene fijado su compromiso para alcanzar las cero emisiones netas en 2060, un año en el que el aspira a producir el 80% de su mix energético total a partir de fuentes renovables. Ese objetivo net zero lo sitúa 10 años más tarde que la UE, que se ha comprometido a lograr la neutralidad climática en 2050 (la fecha establecida por India, que es el tercer emisor mundial de CO2, se va aún más lejos, hasta 2070. 

En su condición de locomotora económica y mayor emisor de carbono del mundo, China "está alimentando el auge de las energías renovables en Asia gracias a políticas que quieren iniciar una revolución energética". Para cumplir su objetivo de cero emisiones netas en 2060, esta potencia necesita invertir 2,2 billones de yuanes anuales (340.000 millones de dólares) hasta 2030 "y requiere una inversión continua del sector privado para seguir financiando los proyectos ecológicos", según destacan los analistas de Janus Henderson.  

¿Hacia una taxonomía común?

La financiación captada a través de los bonos verdes es clave en este proceso. Y el acercamiento, antes señalado, entre la taxonomía china y la de la Unión Europea es crucial para que las crecientes colocaciones de deuda ambiental que está llevando a cabo el país asiático interesen a los inversores globales. 

El país ha desarrollado sus propias normas para asignar los fondos obtenidos con este tipo de colocaciones: actualmente, los emisores pueden utilizar hasta el 50% de los fondos obtenidos con ellas a fines corporativos generales, lo que contradice las directrices internacionales, que estipulan que el dinero recaudado debe utilizarse exclusivamente para financiar proyectos ecológicos. "Esta diferencia es una de las principales razones del desajuste entre los emisores chinos y extranjeros, y reduce considerablemente su atractivo para los inversores globales", se señala en el informe. 

Gran emisor de deuda ambiental

De acuerdo con los datos de la Climate Bonds Initiative (CBI), organización de referencia en lo que respecta a las emisiones de deuda verde a nivel global, China fue en 2021 el segundo emisor de bonos verdes del planeta, con 68.000 millones de dólares. 

Solo la superó Estados Unidos, que rebasó los 80.000 millones de dólares. Y en tercer lugar se situó Alemania, con unos 62.000 millones. En este ranking -si es que se puede denominar ranking al listado de países que más dinero piden bajo ese paraguas verde- España fue la séptima (la octava, si tenemos en cuenta los emisores supranacionales), con sus 21.000 millones de dólares, según los registros de la CBI. Lea también: La demanda para el bono verde del Tesoro multiplica por 12 la oferta.

"Hay margen para que China se convierta en un destacado emisor público. Esto (…) abriría el país a una mayor inversión extranjera y probablemente animaría a otros mercados emergentes de la región a seguir su ejemplo. No obstante, la limitada liberalización de la cuenta de capital de China, así como la dominante presencia del Estado en determinados sectores, podrían impedir que esto ocurriera en un futuro próximo", advierten los expertos de la gestora. 

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