Bolsa, mercados y cotizaciones

Recortes en bolsa y renta fija... Ahora ofrecen más rentabilidad

  • La rentabilidad esperada de una cartera de bonos ha crecido un punto en el año

No importa si su perfil de inversor es más conservador o agresivo... La rentabilidad esperada de una cartera es ahora más alta que a principios de año, con independencia de cuánta bolsa o renta fija tenga en ella.

En concreto, el retorno que cabría esperar de una pura de renta variable, si se tienen en cuenta los beneficios previstos para este año, se ha incrementado desde el 4,9% al 6,8% desde enero -la cifra más elevada de la última década-. En renta fija el atractivo también es ahora mayor. La expectativa de rentabilidad de una construida solo con bonos ha crecido más de un punto en lo que va de año, al pasar del 1,3% de enero al 2,5% actual. Un nivel no visto desde 2011.

Son solo dos ejemplos de cartera tipo, de las once que elEconomista audita cada semana a través del Barómetro de Expectativas de Rentabilidad (BER), que permite conocer a qué rentabilidad se puede aspirar en función del peso que alguien da a la renta variable y fija en su cartera. Para calcular la estimación de rentabilidad para cada activo se tienen en cuenta dos variables. La primera es el multiplicador de beneficios que se paga hoy por entrar en la renta variable europea (representada por el Stoxx 600) y lo que se exige por comprar la americana (con el S&P 500 como referencia), ya que el PER -que así es como se conoce a esta ratio- permite hacer un cálculo sencillo sobre cuál sería el retorno anual de un inversor en un determinado índice. Y la otra es la expectativa de rentabilidad que se maneja para la renta fija global, según un índice de Bloomberg y Barclays, que mide el interés que se espera para una cesta de bonos representativos bajo una serie de hipótesis que suele contemplar los peores escenarios. Se trata del Bloomberg Barclays Global Aggregate.

Bajo esta premisa, partiendo de la idea de que se defina como un inversor al que no le asusta la volatilidad y prefiere estar invertido al 100% en bolsa para aspirar a mayores rendimientos, la rentabilidad máxima a la que aspira es del 6,8%. Partiendo de la idea de que si invierte 100 euros en el Stoxx 600 tardaría 12,7 años en recuperar su dinero (es decir, en generar otros 100), puede deducirse que el índice ofrece una rentabilidad anual del 7,87% (que no es otra cosa que el resultado de dividir esos 100 euros entre 12,7 años). Si se aplica la misma fórmula al S&P 500, la expectativa de rentabilidad anual para la bolsa americana está en el 5,72%. Y la media de las dos arroja ese 6,8%.

A ese abaratamiento ha ayudado, por un lado, la caída de los índices en un año marcado por la amenaza de una inflación creciente y el endurecimiento de la política de los bancos centrales y, por otro, la resistencia de los beneficios empresariales. Tanto en el Stoxx 600 como en el S&P 500, el PER cotiza por debajo de la media de la última década, que se sitúa en las 15,32 veces en el caso del primero y en las 18,14 veces en el del segundo, frente a las 17,49 veces a las que cotizan las ganancias previstas para este año.

Con una mirada de más largo plazo, esta semana Pictet WM publicaba un informe en el que analiza la expectativa de rentabilidad de más de 50 clases de activos en la próxima década. Y una de las conclusiones que extrae es que será necesario incrementar el riesgo para obtener menos rentabilidad que en el pasado. En renta variable, "hay que partir de que los márgenes empresariales han estado en máximos y las valoraciones demasiado altas, así que probablemente se reduzcan. Con todo, es posible una rentabilidad de 6% media en términos nominales en dólares los próximos diez años, menor que la media de 9% de la pasada década". En renta fija, "es previsible una rentabilidad real negativa en liquidez y en deuda a largo plazo soberana", estiman, por lo que ven necesario elevar el peso del crédito y de la deuda de mercados emergentes.

Los bonos descuentan tipos más altos

Además de los precios de la bolsa también han corregido los de los bonos este año, provocando pérdidas medias del 6% en las carteras más conservadoras -apenas un punto menos que las moderadas, que invierten hasta un 35% en renta variable-. El precio de la deuda global cae más de un 10% en el año, en línea con el de los bonos corporativos con grado de inversión o la deuda con alta probabilidad de impago. La perspectiva de perder dinero con la renta fija a medida que los bancos centrales suben los tipos está detrás de la retirada histórica que se está produciendo en este mercado. Sin embargo, ese ajuste vía precio provoca un aumento en sus rentabilidades, que ya descuentan un escenario de tipos más altos en el mundo -solo en lo que va de año 60 países los han subido, y es solo el principio-.

Este nuevo escenario ha dado un vuelco a las expectativas de rentabilidad de la renta fija que, aunque ahora se encuentra en el 2,5% en el caso de la global, llegó a escalar hasta el 2,7%. Y es solo un ejemplo porque esta misma tendencia se repite en el resto de tipos de bonos. En el caso de la deuda pública europea y americana, el retorno esperado se mueve en el entorno del 3%; en la corporativa, el 4%; en los bonos high yield, el 7,7%...

Aún así, los mayores rendimientos que ofrecen hoy los bonos en general son insuficientes para batir a una inflación desbocada, que ha llegado al 8,4% en España o al 7,4% en la eurozona en abril -la tasa más alta para la región de toda la serie histórica-. Sin embargo, si se mira a más largo plazo, el escenario más plausible, a medida que desaparezca el efecto base de 2022, es que se modere. Por lo pronto, "los mensajes agresivos de los bancos centrales están provocando que las expectativas de inflación se revisen a la baja", señalan en Unicorp. "El escenario que planteamos a medio plazo es el de inflaciones promedio en torno al 2,5% y 3% en los países desarrollados, y tipos de interés más altos, pero en línea o incluso por debajo de lo que descuenta ahora el mercado", añaden.

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