Bolsa, mercados y cotizaciones

Fidelity: un cambio climático 'extremo' lastrará duramente a las bolsas emergentes

  • La rentabilidad para la renta variable de EEUU y Europa caería un punto porcentual
  • La gestora analiza los peores efectos de la contaminación y la deforestación
Imagen: iStock

Si no se actúa para abordar el cambio climático y se materializa su escenario más severo, se plantea "un importante riesgo bajista para las rentabilidades bursátiles a largo plazo, especialmente en los mercados emergentes". Así lo revela el estudio de Fidelity El papel del cambio climático en la macroeconomía y la asignación de activos, editado por la Fundación de Estudios Financieros y presentado este jueves en un evento emitido online. Consulte más artículos en elEconomista Inversión sostenible y ESG.

De acuerdo con el informe, la rentabilidad anual de la renta variable emergente para el periodo 2020-2040 caerá desde algo más del 8% (estimación inicial de Fidelity) hasta situarse ligeramente por debajo del 0% (en un escenario de cambio climático extremo). En el caso de la renta variable de EEUU, el descenso es desde el 5% al 4%; y en el de la renta variable europea, desciende desde el 6% hasta el 5%. 

"Todas las clases de activos se van a ver dañadas, aunque la renta fija menos", señaló Sebastián Velasco, director general para España y Portugal de Fidelity International. En lo que respecta a la deuda, los dos tipos de activos donde más se espera una caída de la rentabilidad en ese escenario adverso es en los bonos high yield en dólares (donde, de superar el 1%, pasarían a estar por debajo de ese nivel) y en la deuda emergente (del 1,5% a estar por debajo del 1%, aproximadamente, según el informe). 

Ana Rivero (Santander WM) aprovechó para reivindicar que la regulación ESG vaya "acompasada" para empresas y para sector financiero

El recorte que la gestora internacional calcula que sufrirán los PIB (productos interiores brutos) es más brusco. La variación interanual del mismo para EEUU para el periodo 2030-2040 caería del 2% al 1%. En China, del 3% al 1,5%. Y la peor parte se la llevarían, de nuevo, los emergentes, donde un crecimiento antes estimado en el 4% se quedaría ligeramente por encima del 0%. "Una vez más, vemos que se agranda la brecha norte-sur", alertó el director general de Fidelity International. La discrepancia entre las estimaciones de Fidelity antes y después de este estrés test "pone encima de la mesa la importancia de incorporar posibles trayectorias de cambio climático a la hora de hacer estimaciones de rentabilidad futura", señaló Sebastián Velasco. "Dicho de otra forma, tenemos que entender cuáles son los mecanismos de transmisión del calentamiento hacia la macroeconomía a las empresas y a la asignación de activos", apuntó.  

Los autores del estudio, Salman Ahmed y Anna Stupnytska, han valorado cuáles pueden ser los daños resultantes de la contaminación, deforestación, desertización... a las que el planeta está expuesto; y evaluado el nivel de disrupción económica motivada por la destrucción de infraestructura ecológica, el menor rendimiento de cosechas y piscifactorías, la menor productividad de los trabajadores al aire libre debido al calor o la prevalencia de ciertas enfermedades infecciosas, así como los costes de reparar toda la capacidad productiva dañada. 

En el marco de la presentación del estudio se celebró una mesa redonda que contó con la presencia de Ana Rivero, directora de inversiones sostenibles de Santander Wealth Management & Insurance, quien advirtió que a menudo el riesgo derivado del cambio climático "no es considerado como un factor principal y fundamental". Rivero señaló que, en cualquier caso, hay motivos para el optimismo, gracias a "la incursión de la inversión privada, de institucionales, pero, sobre todo, de minoristas, que son los que faltan por engancharse a este movimiento". Dicha inversión permitirá "guiar esta transformación". En este sentido, la directora de inversiones sostenibles de Santander WM considera que la modificación del test MiFID a partir del próximo mes de agosto (con la inclusión de preguntas sobre las preferencias de sostenibilidad) marcará un antes y un después: "No se puede decir que, a día de hoy, la demanda minorista esté llamando a la puerta de las entidades pidiendo productos sostenibles, pero con el llamado green MiFID tendrá, al menos, que plantearse si quiere invertir de ese modo". "Vamos a ver un punto de inflexión en la demanda minorista gracias al nuevo test", enfatizó. Lea también: Cuenta atrás para la entrada en vigor del MiFID verde. 

Rivero aprovechó su intervención para reivindicar un mayor "acompasamiento" entre las exigencias que tienen que afrontar las entidades y las que se aplican a las empresas no financieras, ya que los requisitos para estas últimas entran en vigor con retraso respecto los que asumen bancos, gestoras y asesores. El sector financiero se nutre, para hacer ese análisis ESG, de datos de empresas que éstas todavía no tienen que reportar de forma obligatoria, lamentó. 

Santiago Carbó, catedrático de Economía de la Universidad de Granada y director del área financiera y de digitalización de Funcas, estuvo de acuerdo con Rivero en que al sector financiero "se le exige más que a otros". "El perímetro regulatorio, para casi todo, solo afecta a los bancos. Y éstos son los que asumen la mayor parte de la regulación, al menos en el ámbito de la financiación", agregó. Toda esa carga burocrática recae en ellos, porque son "un vehículo esencial en Europa, una región en la que el sector bancario es fundamental en la financiación", a diferencia de lo que puede ocurrir en mercados como el estadounidense, donde los mercados desempeñan un papel más relevante. "A los bancos no se les exige más, se les exige antes", matizó José Luis Blasco, director global de Sostenibilidad de Acciona, en alusión a que esas normativas acabarán aplicándose, aunque sea con un decalaje, al conjunto de empresas.  

Un 'QE' sostenible 

Blasco también comentó que, seguramente, dentro de poco veremos "un quantitative easing sostenible o descarbonizante, aunque éste, de facto, ya existe en la medida en que los bonos verdes sirven como colaterales en el Banco Central Europeo". Es preciso entender, añadió, "que no estamos hablando de una cuestión voluntarista, o de etiquetas, sino de una política para reindustrializar Europa". Lo que está haciendo la Comisión Europea es poner en un primer plano uno de los pocos retos capaces de llevar a cabo esa reindustrialización: la descarbonización.

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