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Un ex director de Blackrock califica la inversión sostenible de peligroso placebo para el interés público

  • Pone en duda el verdadero impacto de los bonos verdes
  • "Área confusa" que no significa lo mismo para todo el mundo
Tariq Fancy, en una imagen tomada en 2019, cuando aún era directivo en BlackRock. Foto: Nacho Martín.

Sin duda, 2020 marcó un antes y un después para la inversión sostenible. Según el 2020 Global Sustainable Investment Review, la inversión basada en criterios ESG (criterios ambientales, sociales y de buen gobierno corporativo, por sus siglas en inglés) alcanzó los 35,3 billones de dólares en activos bajo gestión en 2020. A pesar de haberse relajado levemente tras cinco meses consecutivos al alza, se trata de una tendencia que sigue pisando fuerte este 2021. Tal es su potencial que Blackrock, la mayor gestora de inversiones del mundo, anunció a principios de año un giro en su estrategia para centrarse en la inversión sostenible. Por eso sorprende que Tariq Fancy, quien fuera el primer director global de la firma para este tipo de inversiones entre 2018 y 2019, haya advertido que se trata de "un peligroso placebo que perjudica el interés público".

En la primera entrega de un ensayo de tres partes en el que cuestiona la inversión sostenible y su papel en la renovación del capitalismo de cara a abordar importantes retos medioambientales y sociales, Fancy pone en duda el verdadero impacto de los bonos verdes, cuyo tamaño de mercado supera el billón de dólares, pues "no está del todo claro si ese gran impacto medioambiental positivo es el resultado de este tipo de inversiones o se habría producido igualmente de otro modo".

Según el antiguo director global de inversiones sostenibles de Blackrock, esto se debe a que "la mayoría de las empresas cuentan con unas pocas iniciativas verdes que cumplen los requisitos (ESG) que pueden financiar a través de bonos verdes, sin verse obligados a cambiar mínimamente su plan estratégico". "Nada les impide llevar a cabo actividades claramente no sostenibles con sus otras fuentes de financiación", añade. 

Siguiendo esta línea argumental, califica la inversión sostenible de "área confusa" que a menudo significa cosas diferentes dependiendo de la persona. En concreto, se refiere a la cuestión de la desinversión, sobre la que dice que "a menudo parece confundirse con el boicot y no tiene un impacto claro en el mundo real, ya que el 10% del mercado que no compra tus acciones no es lo mismo que el 10% de tus clientes que no compran tu producto". 

Sobre la motivación de las instituciones financieras para promover este tipo de bonos, Tariq Fancy asegura que es obvia: "representan una línea de negocio altamente rentable y de rápido crecimiento, dado que los productos ESG generalmente conllevan comisiones más altas que los no sostenibles".

Dudas compartidas por miembros del sector

No es la primera vez que surgen voces críticas con la inversión sostenible desde dentro del sector. Tal y cómo señaló Sheila Patel, presidenta de Goldman Sachs Asset Management, en declaraciones a la CNBC el año pasado, al fin y al cabo, la inversión sostenible no es más que otro vehículo creado para obtener una rentabilidad. Por tanto, se inclinará a favor de aquello que más beneficio de, lo que puede estar relacionado o no con los criterios ESG.

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