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Valor imprescindible para una cartera (VII): Murata

Madrid.

Quien entra en una instalación de Murata acaba leyendo por todas partes que la empresa contribuye "al avance de la sociedad creando productos y soluciones innovadoras". La frase solo es marketiniana salvo que veas década a década lo que ha hecho la compañía que en 1944 fundó Akira Murata. La pequeña fábrica de 150 metros cuadrados en un barrio de Kioto empezó a fabricar condensadores cerámicos para que las radios no se calentasen. Desde entonces, Murata ha sido un hervidero de soluciones eléctricas y más tarde electrónicas. En la década de los cincuenta, filtros de cerámica, titanato de plomo y circonio, para los transistores. En los sesenta, las tripas de los televisores en color que aparecieron en el mercado justo antes del mayor evento de la posguerra, los Juegos Olímpicos de Tokio. En los setenta, el duplexor de antena para el teléfono móvil de primera generación. En los ochenta, la tecnología que necesitaban PCs, auriculares estéreos y videocámaras. Y en estas últimas dos décadas, todo lo que la comunicación inalámbrica ha podido imaginar con el Bluetooth.

Meter a Murata dentro de las ideas de Tressis Cartera Eco30 tenía sentido por su potencial participación en la fabricación de componentes del coche autónomo sin invertir en un holding de centenares de negocios diferentes como Samsung, Eaton, Siemens, General Electric, ABB o Schneider Electric.

"En la industria automotriz, los semiconductores y las funciones de comunicación aumentarán a través de la electrificación y la conducción automatizada, lo que llevará a los automóviles y camiones a adoptar más capacidades y características de comunicaciones electrónicas e inalámbricas de teléfonos inteligentes", explica su actual presidente, Tsuneo Murata.

No creo que sea caro pagar menos de 20 años de próximos beneficios (19 en el caso de las ganancias de 2021 y 16 de las de 2022) por meter la cabeza en una compañía que innova y fabrica sensores y módulos inalámbricos para la comunicación de datos entre los automóviles y el mundo exterior. Sin olvidar que la tecnología y componentes de Murata se utilizan en el sector sanitario y el de la energía, porque el verdadero objetivo de la compañía, según sus directivos, es "convertirse en la empresa líder en innovación en la industria electrónica".

"No creo que sea caro pagar menos de 20 años de próximos beneficios por meter la cabeza en una compañía que innova y fabrica sensores y módulos inalámbricos para la comunicación de datos entre los automóviles y el mundo exterior"

Una alternativa a Murata en la fabricación de condensadores pudiera ser su más que compatriota Kyocera (con sede también en Kioto), especializada en componentes para el tratamiento de imágenes, pero por la que se paga un PER 21/22 de 26 veces y 21 veces, respectivamente.

Kyocera, además, saca márgenes que son la mitad de los que logra Murata, que netos están entre el 11% y 13%, que le permiten construir un exceso de caja de unos 700 millones anuales, sin que la retribución sea el objetivo. Señal de que a la familia Murata le quedan cosas por hacer.

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