Bolsa, mercados y cotizaciones

Cuando la mente engaña al inversor

  • "Comprar cuando el mercado cae equivale a ir de rebajas"
  • "cuando una acción está en máximos, todos los que están ganan"
Foto: Getty.

Comprar o no comprar, y cuándo hacerlo, son las dudas existenciales de la comunidad inversora. Son muchos los inversores que estaban esperando un desplome de los mercados a raíz del brote de coronavirus en China como una oportunidad para entrar, pero a la hora de la verdad la bolsa es el único centro comercial que se queda vacío cuando hay rebajas, según reza el dicho anónimo.

Todo prohombre cuenta con su fiel escudero, como es el caso de Don Quijote y Sancho Panza o de Sherlock Holmes y el Doctor Watson. Salvando las distancias literarias, Warren Buffett encontró al suyo en Charlie Munger.

En su emblemático discurso de 1995 en Harvard sobre las causas de los errores de juicio, el vicepresidente de Berkshire Hathaway empezó con una pregunta retórica: "¿Cómo podría la economía no ser conductual? Si no es conductual, ¿qué demonios es?".

"La mente humana se parece mucho al óvulo humano, y el óvulo humano tiene un mecanismo de cierre", expuso Munger, que acaba de cumplir 96 años. "Cuando un espermatozoide entra, [el óvulo] se cierra para que el siguiente no pueda entrar", ilustra.

El ego es uno de los caballos que el inversor ha de aprender a domar

Este sería un ejemplo del sesgo de consistencia y tendencia al compromiso, pero hay muchas más distorsiones que intervienen en nuestra toma diaria de decisiones, como el exceso de optimismo, la ilusión de control o la aversión a las pérdidas. Algunos de ellos actúan como una barrera que nos impide invertir cuando caen las bolsas, en lugar de ver en esas caídas una oportunidad de entrada.

"Para el cerebro humano, invertir en un momento en el que se producen pérdidas equivale a subirse a un barco que se está hundiendo", compara Francisco Quintana, director de Estrategia de Inversión de ING España.

"Desde un punto de vista racional, invertir cuando el mercado cae equivale a ir de rebajas. Estamos comprando acciones, trozos de empresas, que tienen un valor intrínseco a largo plazo que no cambia por fluctuaciones a corto plazo, del mismo modo que un descuento del 50% en las rebajas no cambia la utilidad futura de unos zapatos", reflexiona el directivo.

Efecto arrastre: tendemos a invertir en aquellos valores que están de moda o son recomendados en redes sociales

"No invertir es el primer error" para Luis Alberto Iglesias Gómez, responsable de Value School. "El inversor debe darse cuenta de que debemos poner el dinero a trabajar, entre otras cosas, porque el coste de la vida se come el poder de compra del dinero", explica, aunque se puede cometer el desacierto de "invertir en cosas que no se entienden, no saber qué está detrás del activo, como las criptomonedas", apunta Iglesias.

Uno de los errores principales de los inversores que empiezan es pensar que la bolsa es coser y cantar. "Van a competir contra los mejores inversores del mundo sin conocimientos suficientes", advierte José Antonio Madrigal, director de Eurekers.

Sin embargo, los avanzados cometen la misma equivocación, subraya Madrigal, que organiza cursos de formación en trading. "Si hay cuatro noticias que hablan mal de un valor y dos que hablan bien, tu mente quiere creer a las que hablan bien", acentúa.

"Cuando una acción está en máximos históricos, todos los que están ganan y es con ellos con quienes tienes que juntarte", subraya José Antonio Madrigal

El ego es uno de los caballos que el inversor ha de aprender a domar; el hecho de pensar que los demás se equivocan pero tú no. "Imaginemos que alguien compra una acción a 11 euros y sube", expone el operador de bolsa, "con lo que tiende a creer que es listo". En cambio, "si baja, pensará que es tonto", prosigue, y es que "nuestra mente no quiere que aceptemos que somos tontos", señala Madrigal.

En palabras de Charlie Munger: "La realidad es demasiado dolorosa de soportar, así que la distorsionas hasta que es tolerable".

Los sesgos cognitivos son algo así como trampas que nos hacen caer cuando falla el discernimiento, como el efecto arrastre, por el que "tendemos a invertir en aquellos valores que están de moda o son recomendados en redes sociales y grupos de Whatsapp", previene Alberto Muñoz Cabanes, profesor del máster en Mercados Bursátiles y Derivados de la UNED. "Si no tienes interiorizadas las razones, cuando vienen curvas vas a dudar", puntualiza Iglesias.

Se recomienda tener una visión largoplacista y estar en los sectores punteros

O este otro sesgo, de nombre llamativo, la heurística de la disponibilidad, que consiste en "tomar como representativo aquello que sucede en nuestro entorno, extrapolándolo al resto de situaciones", señala Cabanes.

En estos casos, "tendemos a pensar que porque hemos seguido una determinada estrategia de inversión que ha funcionado en las últimas semanas, esta seguirá haciéndolo siempre", añade el también fundador de la web X-Trader.

Aquí podría caber la pregunta del millón: ¿por qué el inversor no compra cuando los mercados caen y sí cuando están en máximos? "Tomar las decisiones de inversión, buscando objetivos a corto plazo, y dejarse llevar por los movimientos del mercado es un error", sostiene Giorgio Semenzato, consejero delegado de Finizens, "ya que la volatilidad de estos hace que las inversiones se vean expuestas al riesgo, innecesario y evitable, de equivocarse".

"La clave está en la diversificación de las carteras y en mantener un enfoque de más de siete años", sostiene Giorgio Semenzato

Sobre esto discrepa José Antonio Madrigal: "Cuando una acción está en máximos históricos, todos los que están ganan y es con ellos con quienes tienes que juntarte", afirma el broker. "En 2000, Telefónica valía 32 euros y hoy vale menos de 7", plantea. "¿Hasta cuándo va a bajar?", se pregunta; "no lo sabemos", dice, "hay negocios que incluso se acaban".

De hecho, opina que una persona que compre una acción a 10 euros y que después cae a 7, debería tener miedo y no esperanza de que suba.

De ahí que recomiende tener una visión largoplacista y capacidad de adaptación para "estar siempre en los sectores punteros" con el mantra de que "una tendencia de crecimiento es más fácil que continúe que retroceda".

En esta línea piensa Thibault Loison, encargado de la relación con inversores en la gestora gala Financière Arbevel: "La mejor manera de evitar esas trampas [los sesgos] sería invertir en fondos de inversión gestionados a largo plazo y sin supervisar el tema día tras día". Para Semenzato, de Finizens, la clave está en la diversificación de las carteras y en "mantener un enfoque de más de siete años" para evitar las equivocaciones y mitigar las turbulencias del mercado.

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