Bolsa, mercados y cotizaciones

Destripando el PER o por qué el dinero del pobre va dos veces al mercado

Todo becario que llega a la sección de mercados de elEconomista desde hace más de una década se tiene que marchar en su primer día entendiendo qué es el PER (price to earnings ratio), o de forma más sencilla, el número de veces que el beneficio está recogido en el precio de la acción o los años en los que vas a tardar en recuperar el dinero que pones hoy al comprar un título por la vía del beneficio que genera la compañía.

La retórica de la parrafada que les doy a los becarios (de los que me siento muy orgulloso porque muchos de ellos han acabado siendo algunos de los mejores profesionales que conozco) es la utilidad de saber de un vistazo si Google está más cara o barata que Apple o Facebook.

Sin embargo, con los años he reflexionado que el PER es una lectura simple, porque el concepto caro o barato cuando se compara un producto similar, pero no igual, es siempre algo relativo. Y no por pagar menos se compra siempre más barato. Mi abuela, que era una mujer muy humilde pero tremendamente sabia, decía que el dinero del pobre va dos veces al mercado, y para mí siempre me ha servido para explicarme muchas veces que un PER bajo no es ninguna garantía de comprar a buen precio.

Por este motivo, más que interesarme el PER como concepto estanco, me fijo en el crecimiento de los beneficios para saber si esa ratio crece o decrece. Si mis criterios de inversión fueran una columna, las estimaciones de ganancias son el basamento. ¿Y el fuste? No tengo ninguna duda que son el consistente cobro de dividendos, que son un sólido colchón cuando se producen correcciones, y un extraordinario aporte de rentabilidad adicional hoy sobre una renta fija que con costes incluidos no va a dar nada.

Basamento y fuste juntos para mí son el PER CONDe (crecimiento orgánico neto más dividendos estimados). Los capiteles me son innecesarios. La ratio consiste en la selección de los mejores valores por sus mayores crecimientos de beneficios junto a sus dividendos (próximos dos ejercicios), ajustados al PER que se paga actualmente por ellos.

El resultado de la ecuación es que son pocas las compañías en las que el saldo es positivo. Acepto la crítica de que el cobro de dividendo lo ingiere el mercado de inmediato por lo que se incrusta en el PER. Pero mi percepción como inversor es que si no valoramos de alguna forma las retribuciones que percibimos tendemos a despreciarlas en el valor de nuestra cartera.

La pregunta es si las recomendaciones del PER CONDe funcionan. A comienzos de verano repasamos la rentabilidad que habían generado las cuatro carteras construidas con esta ratio desde agosto de 2017 y el resultado de los títulos incluidos era una ganancia del 10 por ciento (sin contabilizar el pago de los dividendos cobrados) frente a un Ibex 35 en negativo.

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