Internacional

Las luchas judiciales por el recuento llenan de tensión los estados clave para decidir al presidente de EEUU

  • En algunos estados clave pueden tardar un día en contar todos los votos
  • Trump exige al Supremo parar el recuento a medianoche, gane quien gane
  • Los republicanos presentan decenas de recursos contra el voto por correo
Dos empleados electorales recuentan papeletas en Denver, Colorado. Foto: Reuters.

A falta de cuatro días para cerrar las urnas y con más de 84 millones de votos ya emitidos (una participación ya de más del 50% del censo), las encuestas para las elecciones de EEUU dejan una cosa clara: Joe Biden es el favorito incontestable, y si los sondeos aciertan (o fallan en su favor), podría protagonizar una de las victorias más aplastantes en varias décadas. Pero para todos los que aún recuerdan el resultado de 2016 como si fuera ayer, la posibilidad a observar es que las encuestas fallen a favor de Donald Trump. En ese caso, el margen de Biden es lo suficientemente grande como para seguir en cabeza: haría falta un error catastrófico e histórico de cientos de sondeos, unos fallos generalizados muchísimo mayores que los de la última vez, para que Trump ganara con claridad. Pero una de los dichos es que, cuando los resultados están ajustados, no importa tanto lo que se haya votado sino quién cuente los votos. Y el Partido Republicano está haciendo todo lo posible para asegurarse que, en caso de duda, Trump termine por encima.

En la noche electoral, una victoria de Biden en al menos uno del grupo que forman Carolina del Norte, Florida y Georgia, los tres primeros estados 'péndulo' que darán sus resultados, sellaría la victoria de Biden de forma casi matemática. Pero si Trump vence a las encuestas y resiste en los tres por la mínima, todas las miradas se centrarán en los tres estados decisivos del medio oeste que le dieron la victoria a Trump en 2016 por márgenes minúsculos: Pensilvania, Michigan y Wisconsin, cuyos escaños se llevó entonces por algo más de 77,000 votos, un 0,7% del total de papeletas emitidas sumando los tres estados.

Desde hace semanas, el Partido Republicano lleva batallando en ellos con un objetivo: anular el mayor número posible de votos emitidos por correo, una opción por la que han apostado mayoritariamente los votantes demócratas. Su primer objetivo ya está conseguido: al contrario que en el resto del país, donde las papeletas por correo son las primeras en contarse, en esos tres estados se contarán después de las emitidas en urna.

En los tres estados, las mayorías republicanas en los parlamentos estatales se negaron a cambiar el sistema de recuento para que, como en el resto del país, los votos por correo se pudieran validar y contar por adelantado. En Pensilvania y Wisconsin no podrán empezar a comprobar si los votos por correo están bien emitidos y procesar el papeleo necesario hasta el propio día electoral. En Michigan podrán empezar a hacerlo solo el día anterior. Algunos condados de Pensilvania ya han advertido de que dejarán el recuento de los votos por correo hasta el día siguiente. Y en Wisconsin esperan "estar toda la noche contando", por lo que los resultados finales podrían llegar entrada la madrugada, ya por la mañana del miércoles en España.

Resultados inmediatos

Pero la fuerte división entre el perfil ideológico del voto por correo y en urna, gracias en parte a la cruzada de Trump contra el voto por correo, puede hacer que, incluso si Biden es el candidato más votado en ambos territorios, Trump esté por delante durante la mayor parte del recuento, y que haya un vuelco final cuando se cuenten cientos de miles de votos demócratas por correo. Por supuesto, los resultados electorales no serán definitivos hasta que se hayan contado todas las papeletas, hayan sido emitidas de la forma que sea. Pero el presidente ya ha advertido de que él quiere que "los resultados estén el martes por la noche", y uno de los tres jueces que nombró al Tribunal Supremo, Brett Kavanaugh, advirtió en una sentencia reciente de que "si los votos que se cuentan más tarde provocan un vuelco electoral, podría haber sensación de fraude".

Así, el miedo que sobrevuela en EEUU es que Trump y los jueces que él nombró ordenen no contar los votos por correo argumentando que los resultados tienen que estar inmediatamente, y que si no les da tiempo de contar algunas decenas o cientos de miles de papeletas el mismo martes por las trabas legales en torno al recuento, pues mala suerte para esos votantes. La ley, por supuesto, da un mes entero a los estados para confirmar y validar sus resultados, por lo que no hay razón para paralizar el recuento sin más solo porque uno de los candidatos tema que el resto de papeletas por contar puedan ser peores para él. Casi todos los estados añadieron miles de votos en los días siguientes a las anteriores elecciones, y estados como Montana, Arizona, Florida o California tardaron casi una semana -o un mes, en este último territorio- en confirmar quién había ganado algunas de las elecciones más importantes en juego en las legislativas de 2018, sin ningún obstáculo legal.

Sin embargo, en EEUU sí que hay antecedentes de líos similares en unas elecciones presidenciales: las famosas elecciones del año 2000, que George W. Bush ganó gracias a 400 votos en Florida de entre más de seis millones. En aquel momento, el candidato demócrata, Al Gore, exigió un recuento, especialmente porque había una gran cantidad de papeletas mal diseñadas cuyo contenido era dudoso. Pero los republicanos apelaron y, tras un mes de disputas e intentos de recontar las papeletas, el Supremo ordenó detener el proceso y dar por vencedor a Bush, argumentando que el plazo para validar los votos ya había caducado. La diferencia es que nadie espera que haya miles de votos dudosos esta vez, sino simplemente que algunos estados no puedan contar todos los votos el mismo martes.

A eso se suma otro problema: algunos estados aceptan votos por correo pasada la fecha electoral siempre que el matasellos confirme que han sido enviados antes del día clave. Y los tribunales llevan varios días con sentencias inconexas y contradictorias sobre este asunto. El Supremo ha autorizado que Carolina del Norte y Pensilvania acepten las papeletas que lleguen con hasta tres días de retraso si han sido enviadas antes del próximo martes, pero rechazó esa misma posibilidad en Wisconsin y Minnesota, sin explicar por qué la disparidad de criterios.

La pesadilla de los demócratas es que la semana que viene el Supremo cambie de repente de opinión y anule las papeletas que lleguen pasada la fecha en Pensilvania, y, en caso de que estén mezcladas, ordene destruir todos los votos por correo, sin distinción de los que han llegado dentro de plazo o fuera de él. Por el momento, el Gobierno estatal ha ordenado separar esos votos para evitar esta posibilidad. Aun así, el número de papeletas que aún no han llegado no parecen ser decisivas: exceptuando a California, el número de votos por correo aún por devolver incluye un número casi igual de simpatizantes de ambos partidos, por lo que no parece que este detalle en sí pueda bastar para decidir el ganador. La amplia cobertura de los retrasos en Correos y las apelaciones a enviar el voto lo antes posible parecen haber evitado esta catástrofe.

Miles de papeletas esperan al 3 de noviembre a ser contadas en Filadelfia, Pensilvania. Foto: Reuters

A eso se añaden recursos constantes en numerosos estados para anular el voto por correo, de mayoría demócrata, solo por el hecho de existir. En Texas, el partido Republicano ha presentado varios recursos contra la posibilidad de votar desde el coche como el que recoge comida para llevar de un restaurante, una opción que admite la ley estatal y que su propio Gobierno  -republicano- autorizó en Houston, la ciudad más grande (y demócrata) del estado. El Supremo texano ha rechazado ya varias veces los recursos republicanos, que parecen haberse arrepentido de autorizar esa opción después de que más de 100.000 votantes la utilizaran, pero el partido sigue pidiendo anular todos esos votos porque sí, presentando más y más recursos repetidos. Y en Las Vegas, Nevada, los republicanos han pedido también anular todos los votos por correo después de que el Gobierno estatal, demócrata, enviara una papeleta a todos los ciudadanos por si querían usar esta opción, para incentivar la participación.

El propio Trump ha dejado claro lo que espera del Supremo en un tuit advirtiendo de que "si Biden es elegido presidente" será gracias a "cinco jueces [el Supremo tiene 9] que permitan este resultado tan ridículo", en un tuit apelando a ellos para que anulen de alguna forma un resultado que no le favorezca.

Pero todas las miradas estarán puestas en las principales cadenas de televisión y la agencia Associated Press, que suelen anunciar los ganadores de cada estado antes incluso de que se hayan contado todos los votos, en base a las encuestas a pie de urna y las tendencias del voto ya contado. Todos estos medios tienen un enorme equipo de expertos demoscópicos y analistas electorales de prestigio que llevan meses preparándose para las elecciones. Y recaerá sobre ellos la obligación de explicar qué está pasando y quién está ganando, o no.

Por supuesto, todos estos temores pueden acabar en nada si Biden gana en Georgia, el primer estado decisivo en dar sus resultados, poco después de la 1 de la madrugada hora peninsular española, y asesta un golpe casi definitivo a las elecciones a la primera oportunidad. Pero si Trump resiste hasta bien entrada la noche, nadie sabe cuándo acabará el recuento.

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Carmen
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