Internacional

Una avalancha de votos por correo y la expansión del virus amenazan con provocar el caos en la jornada electoral en EEUU

  • Trump pide a sus seguidores que no voten por correo, como sí hace él
  • Los resultados pueden tardar días o semanas en conocerse
Un centro de gestión de papeletas en Wisconsin. Foto: Bloomberg.

Es 3 de noviembre de 2020. Miles de personas hacen cola durante horas y horas para votar en uno de los cuatro colegios electorales abiertos en Houston para más de 1.5 millones de electores. Cajas con decenas de miles de votos por correo se apilan en oficinas de Georgia, donde apenas unas pocas decenas de funcionarios cotejan los datos del censo de cada papeleta para comprobar que está bien enviada. Bien entrada la madrugada de la jornada electoral, el recuento apenas va por el 35% y Donald Trump arrasa gracias a que pidió a sus votantes ir a los colegios en persona y arriegarse al contagio en vez de votar por correo, por lo que el presidente declara victoria. Cuando el lento escrutinio de los millones de votos restantes avanza poco a poco, el demócrata Joe Biden crece empujado por una mayoría aplastante del correo, hasta ponerse en cabeza. En ese momento, Trump denuncia un fraude masivo y anuncia que no aceptará el resultado electoral. Este es el escenario de pesadilla de los expertos para la jornada electoral de EEUU, que amenaza con una tormenta perfecta de problemas.

El mecanismo electoral de EEUU es una extraña madeja de tradiciones salidas del siglo XVIII, herencias de la época del racismo institucional del siglo XX diseñadas para hacer más difícil votar a minorías étnicas e innovaciones del siglo XXI para facilitar el recuento y la participación. Todas ellas mezcladas sin orden ni concierto por el hecho de que cada estado es libre de organizar sus elecciones como crea conveniente. El resultado es un edificio lleno de parches que puede no soportar las presiones de una votación en medio de la pandemia.

Memorias del 2000

El profesor de la Universidad de Florida Michael McDonald, experto en elecciones, advierte de que "el tiempo ya ha pasado para organizarlo todo y dar ayudas federales" a los estados para mejorar el sistema electoral. Para Charles Stewart, del MIT, "lo que puede pasar este año puede dejar la crisis de Florida en el 2000 a la altura de una fiesta en el jardín", en referencia al polémico año en el que varios miles de papeletas mal fabricadas, las "papeletas mariposa", llevaron a un recuento interminable con los dos candidatos, George W. Bush y Al Gore, empatados, y obligaron al Tribunal Supremo a intervenir y dar la victoria al conservador por apenas 500 votos tras varias semanas.

Las primeras señales de alerta ya se han visto en las primarias. En Wisconsin, al menos un centenar de personas se contagiaron de Covid-19 por tener que votar en persona después de que el parlamento republicano se negara a aplazar las votaciones como pidió el gobernador demócrata del estado. Aquel día, la ciudad más grande del estado, Milwaukee, apenas pudo abrir cinco colegios electorales para sus 600.000 habitantes por falta de empleados, por las cuarentenas. En Georgia hubo colas interminables por falta de locales, y Nueva York lleva semanas contando aún los miles de votos por correo que recibieron, y que sobrepasaron ampliamente a un sistema que está acostumbrado a gestionar unas pocas decenas de papeletas, no decenas de miles.

Toda esta situación es inconcebible para estados como Washington, California, Colorado o Montana, que llevan años celebrando las elecciones por correo de forma generalizada, y donde las excepciones son los votos en persona. Pero para la inmensa mayoría de los estados, la situación de este año es absolutamente excepcional. Y los temores son múltiples: desde que muchas personas no lleguen a recibir su papeleta a tiempo, hasta que las exageradas leyes de algunos estados, que llegan a exigir que un notario certifique la identidad del elector, lleven a la anulación de enormes cantidades de votos.

Pero el otro gran problema es la guerra que Trump ha lanzado contra el voto por correo, pese a que es el método que utilizan él, su familia y gran parte de los cargos claves de la Casa Blanca. Para el presidente, el voto por correo "está lleno de fraude", y acusa a los demócratas de impulsarlo para manipular las elecciones. Muchos de sus seguidores le han hecho caso: cuando Wisconsin envió solicitudes de voto por correo a cada casa, algunos organizaron hogueras con las solicitudes para demostrar su lealtad al presidente. El efecto es que, según el analista republicano Glen Bolger, "de la gente que va a votar por correo, un 75% son demócratas y un 15% se declaran republicanos". Una diferencia extraordinaria que puede causar muchos problemas en la jornada electoral.

Los problemas pueden venir de dos lados. Por una parte, los republicanos temen que un pico en contagios a última hora obligue a cerrar tantos colegios que muchos de sus votantes, mayores y en zonas rurales, se queden sin un lugar donde votar a una distancia razonable, o se vean obligados a hacer colas desesperantes en los pocos colegios que queden abiertos, y opten por abstenerse.

¿Semana electoral?

Por contra, el caos durante el recuento puede ser brutal. Los medios no suelen contar el voto por correo a la hora de indicar el porcentaje escrutado, por lo que es posible que Trump arrase con el "100%" del voto (en persona) contabilizado, pero que falten por contar millones de papeletas por correo inclinadas de forma aplastante hacia los demócratas. Y, si eso ocurre, no sería muy difícil imaginar a Trump exigir que se pare el recuento en ese momento, y denunciar cada nueva ronda de papeletas a favor de Biden como una muestra de fraude. Y si las elecciones están muy ajustadas, es probable que haya que esperar una semana o más hasta tener unos resultados definitivos.

En otros años, una situación así ya habría sido difícil de gestionar para cualquiera. Pero con la polarización actual, "hay un riesgo de una crisis constitucional", advierte Stewart. Lo que le faltaba a EEUU.

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Comentarios 6

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Usuario validado en elEconomista.es
Dildoria
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Molestarse en levantarte del sofá e irte a hacer cola al colegio electoral, el Apartheid moderno.

Las minorías pueden largarse a tomar por viento fresco de ese país si tan descontentos están. Hay que recordar que las minorías son simplemente eso, minorías, y que por tanto son ellos quienes deben adaptarse al resto de la sociedad si quieren vivir en ella y no al revés.

Si hubiera ganado Killary este artículo jamás lo hubieras publicado, Victor.

Puntuación 7
#1
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Ricardo
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Sin duda es preocupante pensar que los demócratas no vayan poder defraudar al sistema electoral a través del voto por correo. Una laxa noción de la justicia aliñada con materialismo, y la sumisión de la moral a la obtención del poder, no deberían verse obstaculizadas por ningún sentido de la legalidad en los tiempos que corren.

Puntuación 5
#2
rogelio
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No creo que gane Trump hay mucho millonario y famosillo con apoyo de China poniendo dinero comprando votos y haciendo campaña en contra, es una simple cuestión de números Trump no tiene dinero suficiente para ganar.

Puntuación -1
#3
En todos lados es igual
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Es igual que te la metan de forma presencial o diferida por correo. El final es que te la meten doblada aunque te tapes el año con una plancha de puro titanio de 50cmt. de grosor.

El masoquismo en el juego del TETO ya se conoce y, está más que documentado. Tú te agachas y yo te la meto.

Puntuación 2
#4
Carlos
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El mecanismo electoral de EEUU es una extraña madeja de:

"tradiciones salidas del siglo XVIII" "herencias de la época del racismo institucional del siglo XX" "diseñadas para hacer más difícil votar a minorías étnicas"

jajaja, capcioso

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#5
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Es lo que quieren los democratas, votos por correo para hacer trampas, soros como aqui en eso es muy bueno pero Trump encontrara una parada

Puntuación 2
#6