Internacional

La batalla política británica secuestra el futuro de la economía europea

Día D en Westminster... o quizá no. Después de que Reino Unido y los Veintisiete cerraran el jueves un nuevo acuerdo para el Brexit, hoy es el momento de llevarlo al Parlamento. Y un puñado de votaciones pueden cambiar el futuro del Reino Unido o aplazar una decisión definitiva hasta dentro de unas cuantas semanas o meses.

Hay dos debates clave: el que decidirá si se lleva hoy a trámite el acuerdo de salida y, si eso ocurre, el que dejará claro si el pacto tiene el visto bueno de Westminster o no.

Posible anticlímax

Cuando todo el mundo estaba centrado en ver los movimientos entre los diputados con dudas que podrían decidir de qué lado se inclina la balanza del acuerdo, un movimiento inesperado abrió la puerta a que el día clave acabe pasando sin pena ni gloria. Una enmienda introducida por el grupo de rebeldes tories expulsados de su partido hace un mes por el primer ministro, Boris Johnson, pide más tiempo para estudiar el acuerdo en detalle. Y, dado que los votos de esa veintena de diputados son claves para aprobar cualquier pacto, es muy posible que la sesión no termine en un sí o un no decisivos, sino en una anticlimática patada hacia adelante.

La enmienda, presentada por dos de los diputados que se han pasado los últimos dos años haciéndole la vida imposible al Gobierno de Theresa May y ahora a Johnson, suspendería la votación sobre el acuerdo. En su lugar, instaría al Ejecutivo a presentar el proyecto completo de ley del Brexit, advirtiendo de que "el Parlamento no ratificará el pacto mientras la ley no sea aprobada". Mientras tanto, Johnson debería pedir una prórroga que no tendría que ser siquiera de tres meses, sino lo necesario hasta que el Parlamento tarde en tramitar el proyecto sin prisas, si es que la ley no muere por el camino, como intentarán sus detractores.

El objetivo de este grupo, al que se ha sumado prácticamente toda la oposición, es tener más tiempo para estudiar el texto completo del acuerdo, en vez de tener que dar el visto bueno al tratado que marcará el futuro del Reino Unido durante las próximas décadas en apenas 48 horas. Además, durante la tramitación de la ley podrían incluir nuevas cláusulas, como la de tener que celebrar un segundo referéndum confirmatorio.

No solo eso, sino que esta propuesta sirve como una garantía para los diputados que temen que Johnson, o los llamados espartanos que quieren una salida caótica, bloqueen la aprobación de la ley del Brexit, que tendría que hacerse de emergencia durante la próxima semana. Si los contrarios a una salida ordenada logran frenar los trámites hasta la fecha clave del 31 de octubre, el Reino Unido se caería de la UE sin acuerdo. Con esta moción, Johnson estaría obligado a pedir una prórroga breve hasta terminar la tramitación, lo que les dejaría hacerlo con calma y sin la amenaza de una salida caótica pendiendo sobre el Parlamento de Westminster.

Por otro lado, al no rechazar de plano el acuerdo, los diputados evitarían las amenazas de algunos líderes europeos, como Emmanuel Macron (Francia) o Leo Varadkar (Irlanda), que ayer sugirieron que no aceptarían otra prórroga al plazo de salida si el Parlamento tumba esta última oferta. El propio Gobierno británico indicó que esta posibilidad no era un desastre, sino solo una pequeña molestia, y que intentarían empezar a tramitar la ley en cuestión lo antes posible.

Los otros escenarios

Si el Parlamento rechaza el aplazamiento, entonces se votaría el acuerdo en sí. Las fuerzas están muy igualadas, con una veintena de diputados tories y laboristas en el ojo del huracán. Cualquier movimiento inesperado hacia alguno de los dos lados podría decantar la balanza y decidir el resultado. Si se aprobara el acuerdo, la victoria de Johnson sería absoluta y el Brexit ya casi una realidad, a falta de algo menos de dos semanas para materializarse de forma efectiva. Si no, la derrota del primer ministro sería igual de rotunda y todo abocaría a una prórroga y, seguramente, unas elecciones.

En el caso de que no se apruebe el acuerdo, los diputados estudiarían dos alternativas más. La primera sería una enmienda extra de la oposición, pidiendo un nuevo referéndum. Aunque no parece haber una mayoría a favor, si la única alternativa -el acuerdo- acaba de desaparecer, ésta sería ya la última oportunidad para aprobar algo así. Si llega a votarse, no es descartable en absoluto que se apruebe. De hecho, los laboristas han advertido de que, si hay aplazamiento, intentarán introducir esta posibilidad igualmente durante la tramitación de la ley del Brexit.

Finalmente, si los diputados han tumbado todo lo demás, Johnson preguntaría a la Cámara si es que han rechazado el acuerdo porque lo que quieren es una salida caótica, lo que sería tumbado por una mayoría aplastante. A partir de ahí, la única opción sería pedir una prórroga, como Johnson estaría obligado a hacer en cualquier escenario, salvo la aprobación de su acuerdo, e ir a elecciones. Las urnas son ya inevitables en los próximos meses. Pero el escenario sería muy diferente con un acuerdo aprobado y el país fuera de la UE o sin ninguna salida al Brexit a la vista.

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