Industria

Radiografía económica de Celsa: así salió la compañía de la UCI

  • La capitalización de la deuda permite a los fondos afrontar todos los deteriores pendientes desde hacía años
  • Beneficios de 459 millones de euros, fondos propios de 326 millones y ventas de 4.765 millones
Acero producido por Celsa. EE
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Celsa acometió la pasada semana un ejercicio de transparencia nunca visto en sus más de 50 años de historia. Su presidente, Rafael Villaseca, y su consejero delegado, Jordi Cazorla, comparecieron ante los medios para desgranar el estado de las cuentas de la siderúrgica tras la aplicación del plan de reestructuración aprobado por el juzgado de lo mercantil número 2 de Barcelona. "La compañía ha salido de la UCI, pero todavía está en el hospital", resumió Villaseca tras un ejercicio marcado por los numerosos ajustes contables realizados.

La organización consiguió por primera vez en años presentar sus resultados sin salvedades del auditor (EY), que desde hacía años advertía de que debían realizarse deterioros de cientos de millones de euros que afectaron tanto a su beneficio como a los fondos propios. Aprovechando su entrada y el adiós de la familia Rubiralta, los fondos normalizaron los estados financieros.

Todos los números vienen marcados, eso sí, por la reducción de 1.418 millones de euros de deuda, la cantidad que capitalizaron los acreedores para tomar el 100% del capital. A cierre de 2023, el pasivo pasó de 3.734 millones a 2.316 millones con la desaparición de la deuda convertible y el recorte en 200 millones del crédito Jumbo, que pasó de 1.346 millones a 1.137 millones. El resto obedece a las líneas bancarias (523 millones) y a la mochila acumulada en las filiales internacionales (656 millones) que también hubo que refinanciar en Polonia y Noruega, como ha avanzado elEconomista.es.

Con el pasivo ordenado a cinco años vista, era el momento de ajustar el balance "reconociendo errores históricos y dejando todos los informes de auditorías limpios de salvedades". Siempre es más fácil hacerlo cuando los errores no son de uno. Y en este caso también la capitalización de la deuda fue clave para terminar el ejercicio con unos fondos propios de 326 millones de euros frente a los 153 millones que lucía antes de la reestructuración.

Por el camino, la nueva propiedad tuvo que recortar el patrimonio en 596 millones de euros por salvedades detectadas en el fondo de comercio y créditos fiscales que nunca se iban a recuperar, según el criterio del auditor. También debió deteriorarse 206 millones por las valoraciones de los activos que posee. Por último, tuvo que restarse 539 millones de créditos concedidos a las patrimoniales de los Rubiralta, que se otorgaron en la última refinanciación con la banca para rebajar la deuda de la siderúrgica y cargarla a estas sociedades. Pese a ello, Villaseca avisó que van a "llevar a cabo todas las actuaciones que estén en su mano" para recuperar la cantidad.

Así, los fondos propios antes de capitalizar deuda eran de –1.187 millones de euros.

El resultado neto también se vio afectado por los ajustes contables, tanto por el préstamo de la familia Rubiralta, que los fondos consideran "incobrable" como por el deterioro de activos por valor de 245 millones. Así, unas pérdidas de 134 millones pasaron a ser de 918 millones antes que la capitalización del pasivo las transformase en un beneficio de 459 millones.

Todo en un contexto de atonía sectorial, en el que el acero en Europa está lejos del momento álgido de hace dos años. La industria se encuentra en un punto bajo del ciclo, como ya dejaron claro los grandes del sector en sus presentaciones de resultados. Las ventas se encogieron el 22%, de 6.100 millones a 4.765 millones.

Mientras, el ebitda presentó un comportamiento diferente que el de los grandes jugadores siderúrgicos. Si bien la mayoría mejoraron durante el año por el descenso de los precios de la energía y una ligera recuperación de la demanda, en el caso de Celsa fue al revés. A nivel anual se encogió el 50%, de los 885 millones a los 441 millones, y del primer semestre al segundo semestre también cayó: de 286 millones a 155 millones de euros.

La reestructuración societaria de Celsa

Una de las primeras decisiones que tomaron los fondos en su aterrizaje fue resolver el rompecabezas societario que existía en la siderúrgica, con tres cabeceras diferentes de las que pendían el negocio nacional –de dos diferentes- y el negocio internacional –de la tercera-. Esta amalgama implicaba que no existían unas cuentas consolidadas que agruparan todo el negocio.

Ahora, y con dos sociedades en Luxemburgo de por medio por petición de los acreedores, todo cuelga de Inversiones Pico Espadas.

Sí se crearon otras dos sociedades en Luxemburgo vinculadas al negocio de Noruega, uno de los que más números tiene de venderse, según las fuentes consultadas por este medio. Tenerla separada estructuralmente facilitaría la operación, en la que de momento Citi hace la valoración de las filiales. Mientras, se ha encargado a Bain & Company el diseño del nuevo plan estratégico.

Más lejana en el horizonte parece la venta del 20% de su capital a un grupo español, tal y como se comprometió con el Gobierno. El Ejecutivo le dio seis meses para iniciar el proceso, aunque por el momento no se ha abierto un procedimiento formal.

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