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Acaba 2018: miremos lo que dice Roubini

Nadie hoy en día habla de una próxima crisis financiera. En ambientes económicos se comenta una posible desaceleración, cuyos signos son ya evidentes. El crecimiento de las economías avanzadas se ralentiza, y China, según se dice, no muestra la misma fortaleza económica que en el pasado reciente. Desde luego, nadie se apunta a una próxima recesión.

En septiembre, sin embargo, se conmemoraron los 10 años desde la caída de Lehman Brothers. Un banco que a principios de 2008 estaba calificado como triple A. Poco después se dieron noticias de los porqués de su quiebra y todos lo comprendimos: no se puede jugar ni con la volatilidad de los mercados ni con los riesgos excesivos.

Fue quizás el economista Nouriel Roubini quien, tres años antes, predijo la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos, habló de los riesgos de las hipotecas subprime, y alertó sobre la debacle global. En su tiempo se le dio el apodo de Doctor Doom, algo así como Doctor Muerte, uno que presagiaba los peores augurios sobre lo que estaba por llegar.

Roubini es un economista atípico. Nació en Estambul, creció en Irán y llegó a ser asesor en el Tesoro americano. Su método se aleja de los estándares habituales; algo que el mismo define como "enfoque holístico". Una forma de interpretar los datos económicos con una visión global lejos del tradicional análisis de ir por partes para agregar los datos al final. Para Roubini la economía es un todo y no un conjunto de elementos inconexos. Con esta visión, una crisis no es un cisne negro que surge súbitamente, sino la acumulación de vulnerabilidades que se van acumulando para estallar tarde o temprano.

De producirse una corrección, la falta de liquidez, será dramática para las empresas

Era evidente entonces que el mercado inmobiliario, creciendo más del 20% anualmente, construía una burbuja cuyo estallido ya sabemos como fue. La exuberancia económica descontrolada es al final una trampa que encierra un potencial desastre. No hace falta recordar los ataques que sufrió Nouriel Roubini de parte de Goldman Sachs sin tener en cuenta que no mucho después esta firma reconocería pérdidas superiores a los 2.000 millones de dólares.

Como decimos, sin embargo, nadie reconocerá hoy que se esté incubando una situación similar. Interesa por tanto ir de nuevo a este economista para saber que es lo que piensa de la situación actual. Y hay que ir a sus declaraciones del mes de septiembre pasado coincidentes con le décimo aniversario de Lehman Brothers: "La expansión global actual continuará hasta 2019, dado que Estados Unidos tiene grandes déficits fiscales, China continúa con políticas fiscales y crediticias flexibles, y Europa muestra una senda de recuperación; sin embargo, en 2020, las condiciones estarán maduras para una crisis financiera, seguida de una recesión global".

Se dirá, como he oído en alguna ocasión, que se trata de anuncios para asustar a las personas mayores, sin embargo, Roubini da hasta diez razones para estar alertas. Uno, la insostenibilidad de la política de estímulos, que deberán desaparecer en 2020 llevando el crecimiento por debajo del 2 por ciento. Dos, el calentamiento actual de la economía, lo que llevará a aumentar las tasas de interés, al crecimiento de la inflación y la subida del dólar, con un petróleo en caída. Tres, la guerra comercial con China; un asunto no menor que afecta a Europa. Cuatro, el envejecimiento poblacional, las políticas migratorias, las dificultades a la inversión y la rotura de las cadenas de suministro; por no hablar de las infraestructuras y la ausencia de una política medioambiental.

La deuda pública y la falta de políticas para acometerla traerán el populismo a la economía

Cinco, el menor crecimiento que esto acarreará al resto del mundo, que se agravará con un menor crecimiento de China, país con un evidente exceso de capacidad y con excesivo apalancamiento; asunto que afecta a las economías emergentes que se ven en el sándwich del proteccionismo y el endurecimiento monetario americanos con una China menos eficiente. Seis, los problemas de un menor crecimiento en la eurozona que se agravan (decimos nosotros) con el Brexit y las políticas expansivas en gasto de España e Italia, con Francia sumida en una fuerte crisis política. Siete, la volatilidad evidente de los mercados de renta variable, con encarecimiento de los bonos en Estados Unidos y, de nuevo, un excesivo apalancamiento de las empresas americanas. Ocho, de venir una corrección económica, se notará la falta de liquidez, algo dramático para las empresas. Nueve, las elecciones en Estados Unidos, donde el presidente Trump tratará de poner enormes trabas a la llegada demócrata, lo que se traducirá en fuertes tensiones con la reserva Federal. Y, diez, una vez que la tormenta esté encima, la enormidad de la deuda pública y la falta de políticas para acometerla traerá de nuevo soluciones populistas a la economía, lo que agravará la situación. Pongan España con la alegría en el gasto promovida por Gobierno actual en el coctel y verán lo que puede suceder. De llegar lo que predice Roubini no tendremos a Europa como tabla de salvación.

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