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La enfermedad turca no se contagiará

Foto: Archivo

Turquía mantiene al mundo en vilo desde mediados de agosto debido a la caída en picado de la lira y a las turbulencias que atraviesa su mercado bursátil. ¿Se globalizará la enfermedad turca? ¿Infectará a Europa? ¿Contagiará a los bancos españoles, en teoría vulnerables? La respuesta a las tres preguntas es no: los problemas de Turquía se limitan a dicho país, demasiado pequeño como para que se extiendan más allá de sus fronteras. O sea, es una buena oportunidad para comprar. Aprovéchela para adquirir títulos de calidad de bancos de la eurozona y otros que le parezcan atractivos que coticen en la actualidad por debajo de su precio normal.

Los que temen el contagio consideran que las dificultades por las que pasa Turquía son nuevas; una consecuencia de la fortaleza del dólar y de las diferencias diplomáticas entre el presidente estadounidense, Donald Trump, y su homólogo turco, Erdogan.

Después de ser el primer ministro del país entre 2003 y 2014, Erdogan consiguió la presidencia, en ese momento un cargo simbólico. En 2016, la oposición intentó derrocarlo sin éxito y el presidente reaccionó con arrestos masivos, una purga interna a todos los niveles del Estado y la confiscación de más de 800 empresas. En 2017 utilizó el fallido golpe de estado como pretexto para someter a referéndum la eliminación del cargo de primer ministro y lo ganó. El pasado junio convocó elecciones anticipadas de las que de nuevo salió victorioso, lo que le ha permitido convertirse en el primer presidente ejecutivo de la historia en Turquía, es decir, prácticamente un dictador.

Para lograr el triunfo en los comicios, Erdogan tenía que apaciguar a sus votantes, así que intensificó los estímulos económicos a costa de un elevado endeudamiento externo. Utilizó su influencia para que el banco central bajara tipos, obligó a los bancos a reducir el tipo de interés de las hipotecas y eliminó los límites de los préstamos al consumo. Lógicamente, el gasto público creció considerablemente y el resultado no se hizo esperar: la inflación por las nubes y un crecimiento del crédito ineficiente. Turquía tiene menos reservas de moneda extranjera que ninguna otra economía emergente, así como el mayor déficit por cuenta corriente; son, al fin y al cabo, maneras sutiles de decir que la política de estímulos ha dejado al país en la cuerda floja. La lira turca no ha dejado de caer durante 2018 en relación con el dólar estadounidense y el euro. Incluso antes del desplome del 13,8% del 10 de agosto, la lira ya se había devaluado frente al dólar un 30,9%. Los bancos centrales suelen subir tipos para frenar las sangrías de sus monedas, pero Erdogan no lo permitiría. En pocas palabras, su política monetaria es absurdamente suicida -y esto se lo dice alguien que el 9 de junio afirmaba que Italia no tenía ningún problema de deuda pública.

Otras economías emergentes presentan características similares a las mencionadas, pero solo hasta cierto punto, ninguna llega a las cifras de Turquía. Tampoco una economía desarrollada se atrevería a tanto. A diferencia de lo que hace Erdogan, a Pedro Sánchez no se le ocurriría decirle al presidente del BCE, Mario Draghi, lo que tiene que hacer. La gripe turca no se contagiará a las demás economías, ya que Turquía, 1% del PIB mundial, carece del peso suficiente para desbaratar el actual crecimiento. Por lo que respecta al comercio, el país otomano se dedica, sobre todo, a trasladar mercancías desde Europa y China hacia Oriente Próximo y el norte de África. La caída de la lira podría desencadenar un alza de los precios en los países de Oriente Próximo afectados, pero se trata de una consecuencia localizada en un ámbito geográfico concreto.

Dada la severidad con la que los inversores juzgan a los bancos de la eurozona, no nos sorprende que también se muestren inquietos por los efectos colaterales de la coyuntura del país euroasiático, pero exageran. El Banco de Pagos Internacionales (BPI) cifra la desmesurada deuda turca en un 0,43% del total de activos en manos de los bancos de la UE. Es cierto que son los españoles los que tienen mayor exposición a la misma, unos 70.000 millones de euros; a continuación le siguen las entidades francesas e italianas, que cuentan con 31.000 y 16.000 millones de euros respectivamente. En todo caso, suponen solo el 5,3% del PIB español, el 1,2% del francés y el 0,8% del italiano -la exposición de los bancos está, como decíamos, sobrevalorada. Por tanto, los contratiempos que aquejan a Turquía no repercutirán en el sector bancario, que ya se ha cubierto frente a estos riesgos. No estamos a finales de los noventa, cuando las crisis monetarias asiáticas forzaron a la ya de por sí débil banca japonesa a recapitalizarse hasta el 12% del PIB. Entonces los bancos se quedaron desconcertados ante la ruptura de las paridades fijas de las divisas asiáticas. Sin embargo, ahora es muy fácil protegerse frente a esos riesgos y, al fluctuar libremente, esta es una limitación a la que no se enfrenta la lira.

Consideremos lo que pasó la semana pasada en un país con una crisis similar, Venezuela. Aunque representa aproximadamente una décima parte del tamaño de Turquía y no es un país europeo, devaluó su moneda un 95%. Sin embargo, la semana anterior y unos días después, la bolsa subió de manera continua, sin apenas sufrir altibajos. Dos días después, el índice EAFE (Europa, Australasia y Lejano Oriente) subió un 1%. Los temores siempre son lo primero en incorporarse a los precios. Compre ahora.

La volatilidad del mercado asociada a Turquía -especialmente por la vulnerabilidad de los bancos de la eurozona- es un rasgo típico del sentimiento de pánico. Además, como la prensa económica se ha regodeado demasiado en el asunto, los inversores andan con los nervios de punta. La realidad resulta mucho más insignificante de lo que se teme. Los menospreciados bancos de la eurozona ya han empezado a crecer de manera sostenible por más que el BCE limite su mal concebido programa de flexibilización cuantitativa. Especialmente los españoles y los italianos, ¡los peor tratados! Para mayoría de los españoles, Turquía no es un problema, sino una oportunidad.

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comentariosforum2

Sanchez
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Yo tambien pienso lo mismo,pero Erdogan deberia prohibir cortos contra la lira al menos por un año,europa lo ha hecho varias veces y ha funcionado

Puntuación -1
#1
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NDR Solucion
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Lo siento pero yo pienso lo contrario.No compre porque se quedara

"pillado".

Puntuación 3
#2