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Los bancos europeos: un nuevo tropiezo

  • La situación es muy peligrosa: la cuenta de resultados está bajo cero

En dos semanas el mundo ha asistido a la quiebra de tres bancos europeos, uno español: el Popular, dos italianos: Banca Populare di Vicenza y Veneta Banca. Hay un cuarto muy reciente el Banco Monte dei Pasche di Siena.

El Gobierno italiano está pendiente de conocer el desembolso público para el Monte dei Paschi, las primeras aproximaciones cifran en casi 9.000 millones la cantidad. Para los otros dos bancos se barajan cifras estimativas de 17.000 millones. Son en total 26.000 millones, veremos si no tenemos que elevar la cantidad.

La banca italiana lleva desde hace mucho tiempo en el radar de vigilancia del sistema bancario europeo. Allí no es ladrillo, como lo ha sido en nuestro país, sino la morosidad de muchos préstamos de familias, pymes y empresas desde el estallido de la burbuja de crédito. En Italia, a diferencia de otros casos, los responsables han ido mirado para otro lado, echando tierra encima, pero al final los cadáveres salen. El panorama se ha complicado mucho, pues se está actuando muy tarde en estos casos, dando la espalda al problema y como sabemos: la morosidad mata lentamente.

A ese panorama hay que añadir una tremenda atonía de la actividad económica en Europa que prácticamente no demanda crédito, donde los bancos ven cómo sus cuentas de resultados merman ingresos pues los tipos continúan cabezonamente en niveles mínimos. La combinación es muy peligrosa pues, un balance carcomido por la morosidad y la cuenta de resultados bajo cero, termina provocando la quiebra.

Desde luego la solución a los tres casos italianos es muy diferente al de nuestro Popular. Allí el gobierno ha tenido que intervenir, ninguna entidad quería quedarse con ninguno de los tres bancos. Aquí en España, ahora que algunos ven conjuras y brujas por doquier, hay que decir que Popular fue adquirido por el Banco Santander. Situaciones, por tanto, diametralmente opuestas en ambos países. Quizá para entender por qué el gobierno italiano ha decidido meter dinero, no solo hay que tener en cuenta que nadie quería comprarlos, sino además añadir las características del mercado italiano. En aquel país los ahorradores no solo tienen depósito sino que muchas familias tienen bonos de renta fija seniors, es decir, de riesgo mucho menor que subordinados o cocos. Una quiebra en toda regla sin el dinero italiano hubiera evaporado dinero para aquellos depositantes con más de 100.000 euros en la entidad pero también el dinero invertido por muchas familias en esos bonos. Como podemos comprender, la situación de haberse producido, sería muy preocupante. El impacto en la economía italiana pudiera haber sido considerable, pero también para Europa, Italia es la tercera economía del área euro. Está por ver qué es lo que va a ocurrir y cómo afecta, en este momento se están poniendo cortafuegos e intentando apagar el incendio, ya veremos qué ocurre.

Llegan estas lamentables situaciones demasiado juntas, muy próximas en el tiempo y en mi opinión eso podría no ser bueno. Una parte de la banca europea atraviesa problemas de solvencia, el caso italiano es significativo, pero no olvidemos el runrún constante sobre cajas alemanas. Curiosamente en España, mi impresión es que se ha hecho mucho y la situación dista mucho de ser alarmante, se actúo mucho más rápido. Eso sí, hay una buena parte de la banca que debe reforzar su estructura de capital, tendrán que salir a Bolsa y emitir nuevas emisiones de renta fija que, bajo condiciones problemáticas. pueda usarse como capital. Ahora bien, el coste, es decir, el precio para las ampliaciones de capital y el tipo de interés a pagar por los bonos, puede encarecerse. Ese encarecimiento llegaría además en un momento donde, como he comentado anteriormente, las cuentas de resultados no pasan por el mejor momento.

Es posible, así lo deseo, que se quede todo en una coincidencia y que la cosa se suavice y sea tan solo una tormenta veraniega. En todo caso no se puede esperar a que amaine, la situación debe ser abordada inmediatamente por la Comisión Europea, debe haber una coordinación muy estrecha de los gobiernos, por supuesto del BCE y los diferentes mecanismos bancarios. Debemos recordar una vez más que no está aún diseñada, ni bien engrasada la unidad bancaria europea. Se ha tardado mucho, demasiado, en solucionar el grave problema del esquema bancario europeo, si prefieren: protecciónde depositantes, supervisión y resolución. El BCE nos decía en su última reunión que la caída de los tipos de interés había finalizado, pero no fue capaz de hablar ni de mencionar los estímulos no ortodoxos, compra de deuda y barras de liquidez. Quizá a partir de ahora, el BCE debería mirar con lupa el tema de las medidas ortodoxas, pues la situación no parece permitir su retirada. Por cierto, sería importantísimo revisar los protocolos y actuaciones para conceder liquidez a bancos en situaciones difíciles, claro que para eso hace falta una supervisión eficiente e impecable, además de que cuando se pasen test de estrés para analizar a la banca, estos sean ejercicios fidedignos y no cortinas de humo. ¿Para qué ha servido tanto test de estrés? ¡Son cuatro bancos!

No hace falta ni decir que los mensajes y gestos de tranquilidad deben ser unitarios por parte de todos los países, no vale compadecer al vecino. En este sentido recordemos que el Deutsche Bank ha recorrido de 8.000 millones y ahora debe acometer una profunda reestructuración. La comunicación es ahora fundamental.

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