Energía

El conflicto con Putin empuja al alza la inflación, el gas y el petróleo

  • Los acuerdos de suministro han sido clave para mantener la influencia rusa sobre otros países
  • La entrada en funcionamiento del gasoducto Nord Stream 2 peligra más que nunca

Un mayor aumento de los precios de la energía podría hacer daño a las economías europeas. La incertidumbre geopolítica, sumada a la tensión y el temor a estar cada vez más cerca de una guerra en Europa afecta a los diferentes mercados energéticos, sobre todo a los del gas y el petróleo. 

Durante décadas, Rusia ha utilizado la energía y los acuerdos de suministro como una herramienta para mantener cierta influencia tanto en países que ocupan toda su atención como en aquellos que dependen enormemente de su gas, entre estos algunos de la Unión Europea. Rusia suministra a Europa alrededor del 35% de todo su gas y de las exportaciones totales de la federación al Viejo Continente, más de un 90% son a través de gasoductos.

En el caso del mercado del petróleo, este se ha disparado a máximos de 2014 ante las tensiones geopolíticas y la ansiedad de oferta, algo que podrían llevar al Brent rebasar los 100 dólares. A esto se le suma que si las conversaciones entre EE.UU. e Irán para congelar el desarrollo nuclear de este último y levantar algunas sanciones de EE.UU. fracasan, podrían perderse unos 700.000 barriles diarios de capacidad petrolera. De esta manera, si los precios continúan al alza, la inflación en la UE podría superar los niveles a los que ha cerrado el pasado año del 5%.

En esta línea, la crisis por una posible invasión de Ucrania pone en peligro la entrada en funcionamiento de la controvertida infraestructura controlada por Gazprom, Nord Stream 2, que transportaría directamente por el mar Báltico gas de Rusia a Alemania sin necesidad de pasar por Ucrania. Berlín, reticente hasta el momento a amenazar con la viabilidad del gasoducto, está dispuesto a poner sobre la mesa su paralización en el caso de que tropas rusas cruzasen la frontera de Ucrania.

La decisión llega además en plena crisis energética y cuando el gigante ruso está aparentemente racionando el suministro de gas a la UE. Scholz envió este martes la señal más clara que se le ha escuchado desde que llegó a la Cancillería. Durante una visita del secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, y a preguntas de los periodistas sobre el gasoducto, dijo que en caso de intervención militar "está claro que se pagará un precio alto y que todo está en discusión". 

Doble filo

El gas sin embargo es un arma de doble filo. Del mismo modo que Alemania puede presionar a Rusia con no comprarle el gas a través de Nord Stream 2, Moscú podría reducir aún más las exportaciones por otras vías, como el gasoducto Yamal, en pleno invierno, con los depósitos al nivel más bajo de los últimos años y en plena crisis de precios, en la que un aumento de estos podría dañar realmente a las economías europeas. Y Alemania, a punto de cerrar sus últimas centrales nucleares y obligada a quemar menos carbón para dejar de emitir CO2, es especialmente dependiente. Necesita el gas como energía de transición mientras mejora la capacidad de las renovables. Washington, sin embargo, está decidido a usar el gasoducto como palanca de presión.

Cabe destacar que el suministro de gas a través del gasoducto Yamal-Europa, encargado de enviar gas ruso al oeste de Europa, lleva un mes funcionando en modo inverso y ha disminuido el flujo desde Alemania hasta Polonia, tal y como reflejan los datos del operador de red alemán Gascade, presionando al alza los precios del gas en Europa. Este gasoducto suele representar una sexta parte de las exportaciones anuales de gas ruso a Europa y Turquía. Erdogan, presidente turco, ha aprovechado para calificar de "intolerable" un conflicto en Ucrania y recordar el proyecto del gasoducto EastMed, "que no podría realizarse sin Turquía".

Entre las últimas hazañas del país soviético se encuentra también la amenaza de Gazprom con cortar el suministro de gas a Moldavia si el país no pagaba por adelantado la cuota de enero. Así pues, el Gobierno de Moldavia se ha visto obligado a tomar medidas extremas y declarar un nuevo estado de emergencia de 60 días para garantizar el servicio a sus consumidores.

La semana pasada Moldavia pidió a Gazprom un nuevo aplazamiento del pago de gas correspondiente a los suministros realizados en enero, ya que a Moldovagaz le faltaban 25 millones para efectuar el pago total. El viceprimer ministro moldavo, Andrei Spinu, ha lamentado la negativa de Gazprom, "la empresa rusa nunca antes había insistido en pagos urgentes y aceptaba moras durante la etapa invernal", aseguró.

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