Empresas y finanzas

Bruselas advirtió ya en mayo a España por la alta fiscalidad de la luz y rechazó limitar los precios

  • La comisaria de Energía apostó por mejorar la eficiencia del sistema
  • La presión fiscal sobre la nuclear ha subido un 430% desde 2008
  • El coste de la energía supone solo el 27% de la factura
La ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera

Una cuestión de impuestos. Una de las principales razones que se esconden detrás del alto recibo de la luz que se paga en España radica en la presión fiscal. El coste de energía representa el 27% de la factura de los clientes residenciales, mientras que los costes no relacionados con el suministro, como impuestos y recargos, suponen casi el 60% de la factura. De hecho, los impuestos solo representan en el entorno del 33% de la factura y este año el Estado recaudará unos 8.500 millones de euros por todos estos conceptos, unos 2.150 millones más de lo ingresado en 2020.

Bruselas se lo transmitió así el pasado mes de mayo al Gobierno, cuando tras varias preguntas en el Parlamento europeo sobre la posibilidad de establecer topes en los precios, como propone Podemos con la energía nuclear y la hidroeléctrica, la comisaria de Energía, Kadri Simson, mostró su oposición.

"El impuesto especial español sobre el consumo doméstico de electricidad está muy por encima del mínimo de la Unión Europea establecido por la Directiva de Fiscalidad de la Energía", aseguró.

Limitar los precios

Podemos sigue insistiendo, pero ya advirtió de que "aunque la supervisión regulatoria es indispensable para el funcionamiento de los mercados de la energía, los límites de los precios al por mayor son contrarios al diseño del mercado de la electricidad de la UE".

Según Simson, "la mejor manera de conseguir que las facturas de electricidad de todos los consumidores sigan siendo bajas consiste en garantizar que el diseño general del sistema sea eficiente".

El impuesto especial de fabricación marcado por el Ministerio de Industria, como el la gasolina o el tabaco, aparece en todos los recibos de la luz, independientemente de tu tarifa eléctrica o compañía, y corresponde a un 5,113% del término de potencia y de consumo.

Pero es que la luz soporta además un 21% de IVA, que se aplica sobre el total de la factura, incluido sobre el impuesto a la electricidad, y una del 7% a la generación. En el primer caso el pasado mes de junio, el Gobierno aprobó por urgencia la bajada del IVA al 10% hasta final de año para todos los consumidores con potencia contratada hasta 10 kilovatios (kW), siempre que el precio medio mensual del mercado mayorista de la electricidad esté por encima de los 45 euros por megavatio hora (MWh) y el segundo hubo una suspensión durante el tercer trimestre.

En la respuesta de mayo, la comisaria recordaba que "los Estados miembros son libres de determinar los tipos del impuesto especial por encima de los mínimos fijados, en función de sus propias necesidades nacionales", pero señaló que "en cuanto al impuesto sobre el valor añadido (IVA), España puede aplicar un tipo reducido a la electricidad suministrada a los hogares".

Para la comisaria, "garantizar que el diseño general del sistema sea eficiente y que existan salvaguardias clave para los consumidores es la mejor manera de mantener las facturas de electricidad bajas para todos los consumidores".

El IVA, entre los más altos

A pesar de la reducción temporal, el IVA que se paga en España por la electricidad está muy lejos del tipo impositivo en Grecia (6%), Reino Unido (5% para consumidores domésticos), Malta (5%), Italia (10%), Irlanda (13,5%), Luxemburgo (8%) o Francia (5,5% para la parte fija y 20% para la variable), además de Portugal, que ha bajado el IVA para los primeros 100 kW/h de consumo al 6% y el resto lo mantienen al 23%. España se sitúa en el rango alto, solo por detrás de países como Hungría (27%), Dinamarca (25%), Croacia (25%) o Suecia (25%).

Pero es que, además, hay que tener en cuenta los impuestos indirectos, como el canon hidráulico, del 25%, o las tasas que soporta la nuclear. La presión fiscal sobre las centrales nucleares se ha incrementado un 430% desde 2008 lo que las ha conducido a una situación crítica. Además, de la tarifa para la financiación de Enresa –que recoge, trata, acondiciona y almacenar los residuos radiactivos–, hay un impuesto al combustible nuclear, y otros tributos locales.

En 2020, el 61% de la facturación de las centrales nucleares se dedicó al pago de impuestos y tasas, un drástico incremento si lo comparamos con el ejercicio anterior, cuando este porcentaje fue del 40%.

Derechos de emisión de CO2

Así, desde finales del año pasado y, especialmente, desde marzo de 2021, el aumento de las cotizaciones del gas natural en los mercados internacionales y de las cotizaciones de CO2 ha provocado un fuerte incremento del precio de la electricidad, que, según apuntan los expertos, podría ir a más durante el otoño.

En mayo, cuando la comisaria de Energía advirtió el Gobierno el precio había escalado hasta 67,12 euros por megavatio hora (MWh), pero desde entonces no ha parado de aumentar. El precio medio de la electricidad en el mercado mayorista alcanzó el míercoles su máximo histórico: 122,76 euros MWh.

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