Empresas y finanzas

Vacaciones sostenibles: otra operación salida es posible

  • Los carburantes alternativos, eco y bio ofrecen ya claros beneficios ambientales
Imagen: iStock.
Madrid

Se acercan las vacaciones y con ellas el momento de revisar que nuestro coche está a punto tras una etapa quizá más larga de lo habitual sin hacer viajes. La Dirección General de Tráfico (DGT) recomienda acudir a un taller para comprobar diez puntos claves para la seguridad, como la dirección, los frenos, los neumáticos, las luces y faros, los amortiguadores, la batería, los niveles, el aire acondicionado, las lunas y limpiaparabrisas y la carburación e inyección.

Algunos de estos elementos son muy fáciles de revisar y tienen la ventaja de que, además de elevar la seguridad, pueden traducirse en un ahorro económico y un mejor desempeño medioambiental. Por ejemplo, las ruedas: en torno a un 20% del consumo total del coche se debe a la rodadura de los neumáticos. Por este motivo es tan importante llevar siempre la presión idónea: una presión de 1 o 2 bares por debajo de la recomendada puede suponer un gasto adicional de combustible equivalente a más de un depósito completo al año, según algunos fabricantes.

También es posible ahorrar dinero y emisiones a la hora de repostar. En las gasolineras se pueden encontrar combustibles con formulaciones específicas que mejoran el rendimiento del motor o retrasan el desgaste de los elementos mecánicos. Los carburantes premium suelen tener un octanaje superior, lo que quiere decir que pueden soportar un mayor nivel de compresión antes de detonar. Y, a mayor compresión, mayor es la eficacia de motor. Es por eso por lo que su uso puede traducirse tanto en una mejora de las prestaciones como en un menor consumo y, también, menores emisiones de CO2: hasta un 18% inferiores, por ejemplo, en el caso de combustibles como el Efitec 100 Neotech de Repsol.

La innovación en el campo de los combustibles es, quizá, un aspecto poco conocido pero muy relevante en los planes de transición hacia una economía descarbonizada: "cada usuario tiene unas necesidades diferentes de movilidad, así que una única solución no puede ser válida para todos en general. Una persona que tiene que hacer pocos kilómetros para ir a trabajar no tiene las mismas necesidades que otra que realiza largos recorridos. Por eso, cada una de las soluciones energéticas que se están planteando pueden ser muy interesantes. Ninguna es mejor que otra, son todas necesarias porque cada una va a dar respuesta a una necesidad diferente", explica Javier Aríztegui, gerente de Transición Energética y Movilidad en Repsol Technology Lab.

Así, además de los combustibles eficientes, existen carburantes alternativos, como el gas licuado del petróleo para la automoción (AutoGas), una mezcla de propano y butano que reduce las emisiones hasta un 14% y elimina casi al 100% la emisión de partículas. Al AutoGas, que hoy es el combustible alternativo más utilizado del mundo, se une el gas natural vehicular (GNV) en sus dos variantes (gas natural comprimido y gas natural licuado), otro carburante alternativo muy adecuado para el transporte, especialmente de mercancías. El GNV mejora la calidad del aire de las ciudades, ya que reduce las emisiones de óxidos de nitrógeno (NOx) en un 85%, elimina el 96% de las emisiones de partículas sólidas (PM) y reduce las emisiones de CO2 hasta en un 25%, según datos de Gasnam.

Carburantes que favorecen la economía circular

Un paso más allá se sitúan los biocombustibles, combustibles líquidos o gaseosos utilizados para transporte producidos a partir de biomasa, es decir, de la fracción biodegradable de los desechos y residuos procedentes de la agricultura (incluidas las sustancias de origen vegetal y de origen animal), de la silvicultura y de las industrias conexas, así como la fracción biodegradable de los residuos industriales y municipales.

Actualmente, los biocombustibles ya están presentes en los carburantes convencionales. Concretamente, tendrán una penetración del 9,5% sobre el total de las ventas de combustibles en el transporte para 2021 y un 10% para 2022, según el real decreto aprobado en mayo de este año para fomentar su uso. De hecho, compañías como Repsol los incorporan desde hace dos décadas. "Ahora mismo los suministramos mezclados con los convencionales porque resulta más económico hacerlo así, pero no hay una limitación constructiva por sus características. Se podrían usar como combustibles puros", explica Javier Aríztegui.

El 'biojet', producido con biomasa, puede reducir las emisiones de CO2 de la aviación entre un 65% y un 100%

Si nuestra operación salida implica tomar un avión, y queremos huir también del flygskam -la vergüenza de volar por motivos medioambientales-, no hay por qué renunciar a la sostenibilidad. Y es que los biocombustibles tienen una proyección muy clara en la aviación, un sector difícil de electrificar. Por eso, el uso del llamado biojet es, según la Agencia Internacional de la Energía (IEA), "la mejor oportunidad" para que las aerolíneas logren reducir un 50% sus emisiones en 2050.

En esencia, el biojet es un queroseno de origen no fósil, es decir, un tipo de carburante fabricado a partir de materia prima de origen biológico y residuos tales como aceites de fritura usados. Este combustible sostenible de aviación (o SAF, como se denomina por sus siglas en inglés) se utiliza siempre mezclado con el fuel convencional, logrando disminuir las emisiones de CO2 entre un 65% y un 100%. En España, la producción de biojet ha comenzado con dos lotes, de 7.000 y 10.000 toneladas, en los complejos industriales de Repsol en Puertollano y Tarragona: su uso evitará la emisión a la atmósfera de más de 1.000 toneladas de dióxido de carbono, el equivalente a casi 100 vuelos Madrid-Barcelona.

El hidrógeno, la próxima frontera

Los combustibles sintéticos están llamados a transformar sectores como el transporte pesado, pero también la movilidad de viajeros y mercancías en general, ya que pueden emplearse en motores de combustión como los actuales. "Dado su origen, la producción de biocombustibles a partir de residuos tocará techo en algún momento, porque no tendremos más residuos que utilizar. En ese sentido, los combustibles sintéticos (e-fuels) pueden servir de complemento para los biocombustibles avanzados cuando estos alcancen su máximo de producción. Estos e-fuels se producen a partir de CO2 que podemos capturar de la atmósfera y de hidrógeno que podemos fabricar a partir de electricidad de origen renovable. Como tal, no tienen un techo de producción. Podríamos fabricar tanto como necesitáramos", apunta Javier Aríztegui.

La construcción, en Bilbao, de la que será una de las mayores plantas de producción de combustibles sintéticos cero emisiones netas del mundo es un hito importante en este camino. La instalación, que construye Repsol, producirá combustibles sintéticos a partir del CO2 capturado en la refinería de Petronor e hidrógeno producido con electricidad 100% renovable.

Lograr un transporte sostenible que permita alcanzar los objetivos globales de cambio climático exigirá una combinación de propuestas, desde la electrificación al uso generalizado del hidrógeno. Además, soluciones como los combustibles alternativos, los biocarburantes o los combustibles premium son algunos de los medios a nuestro alcance para reducir desde hoy nuestra huella de carbono... y sin cambiar de estación de servicio.

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