Economía

Un barril barato apoya a la economía de EEUU, pero complica la tarea a la Fed

  • Trump se aferra a la caída del crudo como impulso en el gasto de los hogares
Imagen: Dreamstime.

Hace menos de dos meses, el crudo estadounidense sobrepasaba los 76 dólares el barril, alcanzando así niveles no vistos en los últimos cuatro años. Una escalada que generó malestar en la Casa Blanca, donde su principal inquilino, Donald Trump, no ha dudado en reprender a golpe de tuit los devaneos de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).

"¡Reduzcan los precios ya!", espetaba en la red social el mandatario el pasado 4 de julio. Sus ataques cobraron fuerza el pasado 25 de septiembre, cuando el republicano aprovechó su intervención en la Asamblea General de Naciones Unidas para acusar al cártel de "estafar al resto del mundo". "Defendemos a muchas de estas naciones por nada, y luego se aprovechan de nosotros dándonos altos precios del petróleo. No está bien", aseguraba Trump.

La recuperación y el incremento en los precios del petróleo han coincidido en el tiempo con el efecto dejado por la reforma fiscal aprobada el pasado 22 de diciembre de 2017. La rebaja del impuesto de sociedades además del recorte y la simplificación del IRPF acompañados por los esfuerzos por relajar las regulaciones han impulsado el crecimiento económico por encima de su potencial. Esto ocurre en un momento en que el país se asienta en lo que muchos consideran ya como pleno empleo y las presiones inflacionarias, tanto en los precios al consumo como en los salarios, afloran.

Esta situación, acompañada por un incremento de los precios de la gasolina, que hasta el pasado mes de octubre se acercaba peligrosamente a la cota psicológica de los 3 dólares por galón (3,1 litros) se ha convertido en un arma de doble filo. Por un lado, un encarecimiento a la hora de llenar el depósito, pesa sobre el consumo y debilita el estímulo fiscal mientras que, por otro, impulsa la inflación de cabecera, lo que potencia los síntomas de un sobrecalentamiento.

Todo ello se produce en un momento en que la coyuntura económica ha respaldado una continuidad casi automática en las subidas de tipos de la Reserva Federal en los últimos dos años. En 2017, la expresidenta del banco central Janet Yellen supervisó tres subidas de tipos y el comienzo de la desinversión de su balance y el actual responsable de la Fed, Jerome Powell, tomó el testigo con tres subidas en lo que llevamos de año y otra más prevista para el 19 de diciembre.

Impulso a la economía

Pero la segunda expansión económica más larga de la historia del país denota cierta fatiga. Sectores como el inmobiliario llevan meses registrando cifras decepcionantes, mientras las tensiones comerciales también pasan factura. Es por ello por lo que la reciente debacle del crudo supone, según algunos economistas, la receta idónea para dar un nuevo impulso al PIB. "Unos precios del petróleo más bajos ampliarán aún más la expansión económica porque son buenos para los consumidores y para las empresas que consumen energía", explica Torsten Slok, economista jefe de Deutsche Bank, en Nueva York. Según apunta, un dólar más alto mantendrá baja la inflación cuando la economía está cerca de recalentarse. "El crudo más barato y un dólar más alto es exactamente lo que el médico recetaría a EEUU", insiste.

Desde Capital Economics estiman que los precios del petróleo deberían dar un impulso al gasto de los hogares durante el próximo año. Según sus proyecciones, los estadounidenses gastarán alrededor de 40.000 millones de dólares menos en gasolina en los próximos 12 meses, lo que debería elevar el crecimiento del consumo real hasta 0,3 puntos porcentuales. Además, su economista global, Andrew Kenningham, duda que la caída de los precios del petróleo tenga algún impacto en la política monetaria.

Pero es en este aspecto donde existe una división de opiniones. Para Joseph Lavorgna, economista de Natixis, la Fed puede considerar que la caída del petróleo provoca una relajación de las condiciones financieras al equipararse como un recorte de impuestos para los hogares. Con más dinero disponible, la demanda de los consumidores tiende a crecer. Con la tasa de paro en mínimos de las últimas cinco décadas, la Fed podría estar tentada a subir tipos más allá de lo necesario, lo que según Lavorgna eleva "el riesgo de un error en política monetaria".

Dicho esto, los últimos comentarios de su presidente, Jerome Powell, y de su vicegobernador, Richard Clarida, así como las actas de la última reunión hacen presagiar un tono algo más acomodaticio. "El sutil cambio de tono de estos responsables políticos hace pensar que las condiciones financieras han cambiado de manera significativa desde septiembre", cree Robert Rosener, de Morgan Stanley, quien prevé que la Fed ofrezca proyecciones de un menor crecimiento y un diagrama de puntos más moderado en diciembre.

Andrew Hollenhorst, de Citi, destaca que la caída de la inflación del consumo personal subyacente hasta el 1,8 por ciento y el impacto de la caída del crudo sobre los precios de cabecera "deberían centrar más la atención de la Fed en los riesgos derivados de unas condiciones financieras más restrictivas y el debilitamiento de la economía que en vigilar un aumento potencial de las presiones inflacionistas".

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