Economía

El caos se apodera de Rusia con una Revolución que derroca a Putin: el escenario que aterra a Moscú y a Occidente

  • Una suerte de Revolución o desintegración parcial de Rusia está en las quinielas
  • A diferencia de la Unión Soviética, esta desintegración sería violenta y destructiva
  • El arsenal nuclear caería en manos inciertas, para preocupación de Occidente
Moscú, Plaza Roja, Kremlin, Rusia, Catedral de San Basilio. Foto de iStock.

Realizar previsiones sobre Rusia es una auténtica aventura. Muy pocos creían (o querían creer) que Vladímir Putin se atrevería a lanzar una invasión a gran escala sobre Ucrania, pero lo hizo. Después, tras las sanciones occidentales, muchos vaticinaron una fuerte caída de la economía del país que ahogaría a Moscú. Nada de eso sucedió. Ahora, los analistas prefieren ser cautos y lanzar varios escenarios (algunos de ellos radicalmente opuestos) en sus previsiones para el país cuando la guerra cumple dos años y no hay visos de fin del conflicto. Entre estas opciones, algunas llaman, y mucho, la atención por el impacto que tendrían sobre la economía rusa. Aunque parecen poco probables, merece la pena analizarlas, dado que en Rusia no suele suceder lo esperado, sino que termina ocurriendo lo que nadie había previsto. Una suerte de nueva revolución rusa es uno de esos escenarios que hoy parecen poco probables, pero que llaman la atención por su potencial disruptor y porque, como suele decirse, "la historia no se repite, pero rima".

La breve, pero intensa "rebelión" en junio de 2023 de Yevgeny Prigozhin, el que fuera líder del grupo militar privado Wagner, abrió la puerta a que Rusia viviera una suerte de revolución que pudiese terminar con el mandato de Putin. Aunque el final Prigozhin renunció a su objetivo (llegar a Moscú) y terminó muriendo en un sospechoso accidente de avión, esa insurrección ha generado ciertas dudas sobre el poder 'absoluto' sobre Rusia de Putin. Puede que el emperador no vaya desnudo, por usar la cita histórica, pero es posible que lleve menos ropa puesta de lo que se pensaba, introduce el analista internacional Michael Casey.

El escenario de mayor peligro que dibuja el estratega en un informe para el think-tank Atlantic Council acabaría con el omnipresente mandatario, pero eso no sería tranquilizador para Occidente, ya que se desataría una revolución que sumiría al país en el caos y dejaría en manos inciertas el arsenal nuclear. Este lienzo sería fruto de una explosiva combinación de dinámicas nacionalistas latentes en diferentes territorios rusos a las que la situación bélica da la puntilla. "Una nación supuestamente unida bajo la mano firme de Moscú de repente se divide, de repente se hace añicos, destrozada por líneas etnonacionalistas, desgarrada, como otros imperios antes que él, entre el colonizador y el colonizado. El caos se extiende por toda la nación, que se derrumba en una mezcla de anarquía, fragmentación territorial y violencia que no deja indemne a ninguna región ni a ninguna familia", plantea Michel.

"Quizás siempre fue inevitable. Un país que se niega a reconocer su brutal historia imperial -un país que se niega incluso a reconocer su papel como colonizador, arrasando y consumiendo a las naciones circundantes- siempre va a explotar. A esto hay que añadir su extensión geográfica, su economía en ruinas, el creciente número de muertos en una guerra imperial sin sentido, el colapso de cualquier tipo de legitimidad gobernante en la metrópoli imperial y las fricciones y frustraciones enterradas desde hace mucho tiempo que de repente se extienden por todo el país", reflexiona el autor del informe con los escenarios de futuro para Rusia.

La historia vuelve a rimar

Aunque parezca fantasioso, justifica Michel, este episodio bebería de los otros dos más conocidos de la historia moderna de Rusia: la Revolución que asoló Rusia a finales de la década de 1910 y principios de la de 1920 y la desintegración de la Unión Soviética a finales de los 80: "Dada la yesca que Putin y sus aliados han levantado -desde los fracasos en Ucrania hasta la implosión de la economía, pasando por la persecución y, en algunos casos, aterrorización de las poblaciones minoritarias, e incluso la negativa rutinaria a reconocer que Rusia haya cometido crímenes coloniales- hay pocas razones para pensar que tal escenario no pueda surgir de nuevo en Rusia, desatando un frenesí de fractura y derramamiento de sangre en todo el imperio una vez más".

Ahora la costura se empezaría a romper por tres sitios, propone Michel: "En Chechenia, quizá un Ramzan Kadyrov cada vez menos saludable muera en el cargo y las luchas internas por un sucesor desemboquen en una tercera guerra chechena. Tal vez en Tartaristán, los comités de veteranos y los estudiantes locales se reúnan para protestar tanto por el reclutamiento de infantería tártara por parte de Moscú como por la supresión de la identidad tártara, y el Kremlin, en un arrebato de estrategia fallida, abra fuego contra los manifestantes, desencadenando un movimiento anticolonial más amplio en Tartaristán. O tal vez, en Sajá, los desempleados sajás asalten y tomen el control de la infraestructura rusa de hidrocarburos, exigiendo que los fondos sean devueltos a su nación colonizada y reclamando la soberanía que acordaron a principios de la década de 1990".

Las tres "colonias", en términos del experto, estuvieron a punto de obtener la independencia total o casi total a principios de la década de 1990. Chechenia es el caso más conocido, con la nación chechena diezmada como resultado. Pero en 1992, los residentes de Tartaristán votaron claramente a favor de la plena soberanía, para situarse en pie de igualdad con la Federación Rusa. Y a los dirigentes sajás, en las negociaciones con Moscú, se les prometió en la década de los 90 desde el control de los ingresos locales hasta la formación de un ejército. Los tres, al igual que estados como Baskortostán, Daguestán, Buriatia y otros, vieron cómo sus esfuerzos de soberanía se derrumbaban, deshechos por un imperialismo renovado que emanaba de Moscú. Y, sin embargo, esos tres intentos están a la vuelta de la esquina. Apenas se han disipado, y mucho menos desaparecido. Todo lo que se necesitaría para renovar esos esfuerzos sería la continuación de las políticas aplicadas por Putin, según Michel.

Diferencias clave con la desintegración soviética

De forma similar opina Mark N. Katz, politólogo profesor de Política en la Universidad George Mason en Fairfax, Virginia, que en un documento publicado por el portal E-Intarnational Relations, también cree que Rusia puede sufrir un problema interno generado por las fuerzas centrífugas que generan algunos territorios con su propia historia más allá del imperio ruso. Este experto cree que "la desintegración relativamente pacífica de la Unión Soviética en 1991 en 15 estados separados de base étnica abre la puerta a una desintegración similar de la Federación de Rusia, que también tiene numerosas subdivisiones de base étnica (la mayoría de las cuales se denominan 'repúblicas autónomas')".

Sin embargo, existe hoy una diferencia fundamental que lo complicaría todo: "La disolución relativamente pacífica de la Unión Soviética en 1991 se vio facilitada por circunstancias inusuales: un acuerdo entre Boris Yeltsin (entonces presidente de la República Socialista Soviética Federada de Rusia, que era la república constituyente más grande dentro de la Unión Soviética) y los líderes de otras repúblicas soviéticas para disolver la URSS, y siendo aceptada esta decisión por el entonces debilitado líder soviético, Mikhail Gorbachev. Es poco probable que tales circunstancias se repitan".

"Pero el hecho de que la desintegración de Rusia se improbable no significa que no pueda ocurrir... si alguna vez se produce la desintegración de Rusia, es probable que sea mucho más complicada y violenta que la desintegración de la Unión Soviética", asegura este experto. Todo hace indicar que Putin luchará hasta el final, por lo que el derramamiento de sangre parece asegurado.

"Se podría esperar que los diversos gobiernos secesionistas que se levanten dentro de las fronteras de la Federación Rusa, así como el régimen remanente de Moscú, busquen apoyo externo de Occidente, China o en otros países que todavía están en contra de sus rivales. Y, sin duda, varias potencias externas intentarían influir en la situación, en parte para limitar la capacidad de otros para hacerlo. La competencia dentro de Rusia entre fuerzas rivales que buscan controlarlo todo o incluso parte del vasto arsenal nuclear ruso (así como potencias externas que posiblemente las apoyen) hará que la situación sea aún más tensa. Al igual que la guerra nuclear, la desintegración de Rusia puede ser un acontecimiento de baja probabilidad, pero que tendría consecuencias devastadoras si alguna vez ocurriera", sentencia Katz.

"Si bien hay una serie de preocupaciones que se entrecruzan con este resultado, la preocupación principal de este camino reside en la seguridad y protección del arsenal nuclear ruso. Garantizar la estabilidad de las armas nucleares rusas debe seguir siendo primordial mientras Occidente navega por el fracturado sistema político ruso. Aunque Occidente superó con éxito una situación similar durante el colapso soviético, este precedente no es necesariamente predictivo de una futura fractura del Estado ruso. Mientras que Kazajstán, Bielorrusia, Ucrania y la Federación Rusa eran claros herederos del arsenal nuclear de la Unión Soviética, esa clara línea de propiedad y control no está necesariamente garantizada en caso de que Moscú caiga en luchas intestinas y las regiones y naciones colonizadas por las fuerzas rusas vuelvan a exigir la independencia", apostilla Michel. "Esta preocupación se entrecruza con otro de los aspectos de la preparación para tal escenario: la creación de vínculos con las élites regionales, así como con los movimientos regionales de oposición, que podrían actuar como herederos de tal arsenal y ser capaces de sortear con éxito cualquier degradación del Estado ruso", añade el experto.

El riesgo de 'puñalada por la espalda' sigue

Otro escenario al que Michel otorga cierta probabilidad es al de una sublevación nacionalista, pero por el lado contrario. Lo ocurrido con el caso Prigozhin puede ser la receta y una oportunidad de éxito para el contingente que se ha vuelto cada vez más ruidoso y cada vez más estridente en sus críticas al liderazgo de Putin: los nacionalistas rusos. Mientras algunos habían visto a Prigozhin como quizás la figura de extrema derecha más prominente (y ciertamente el que ilustró lo que ese contingente puede lograr, tanto a nivel nacional como internacional), otros nacionalistas rusos destacados persisten dentro y fuera del Kremlin, dice el analista.

Prigozhin insistió en que no estaba tratando de derrocar a Putin, sino de derrocar a sus rivales (el Ministro de Defensa Sergei Shoigu y el Jefe del Estado Mayor General Valery Gerasimov) a quienes Prigozhin culpaba del pobre rendimiento militar de Rusia en su guerra contra Ucrania. Además, Prigozhin afirmó que la justificación de la guerra contra Ucrania (especialmente que Ucrania representaba una amenaza para Rusia) era falsa. La rebelión de Prigozhin fracasó, Shoigu y Gerasimov conservan sus posiciones (al menos por ahora) y Putin ha dejado claro que su guerra contra Ucrania continuará. Pero la semilla quedó plantada.

"No es difícil imaginar un escenario en el que Putin, acosado y asediado por los fracasos en Ucrania, encuentre que su apoyo interno continúa flaqueando e incluso potencialmente desmoronándose. (...) El cuerpo político ruso ha comenzado a fracturarse: los comités de veteranos frustrados se han ampliado; los jóvenes rusos desempleados gravitan cada vez más hacia la retórica nacionalista; y los políticos locales que no pueden pagar los servicios básicos recurren a un populismo nacionalista para permanecer en el poder. A diferencia de la última vez que Rusia experimentó un intento de golpe de extrema derecha (en 1991, tras el intento fallido de la KGB soviética de derrocar a Gorbachev), hay un electorado claro dispuesto, incluso feliz, a dar la bienvenida al surgimiento de un régimen nacionalista que reemplace a la cleptocracia de Putin", escribe Michel.

El éxito de esta facción supondría una sustitución del "bandazo fascista" de Putin por un "fascismo ruso absoluto" basado en restaurar una nación rusa mítica y apuntando a todos los enemigos, tanto internos como externos, prosigue el informe del Atlantic Council. La noción de un Estado-nación rossiiskii -de una Federación Rusa más amplia y heterogénea- sería reemplazada sumariamente por un enfoque en la etnia russkii y en la restauración de un pueblo purificado, sacrosanto y étnicamente ruso. La tesis que prevalecería es que Putin era demasiado débil o demasiado corrupto para llevar a término un proyecto de ese tipo. Este escenario de "puñalada por la espalda" implicaría que, en el corto plazo, el nuevo régimen estuviese encerrado en sí mismo, facilitando el retroceso ruso en Ucrania. Sin embargo, avisa Michel, sería solo algo temporal y representaría una simple pausa en los conflictos en Europa.

El escenario más probable y la variante Trump

Aunque estos escenarios de sublevación cobran fuerza a medida que el conflicto en Ucrania se eterniza y los rigores de la guerra empiezan a llegar a una economía que de momento ha mostrado resiliencia, para Michel el escenario más probable, por supuesto no exento de peligro, es uno en el que Putin sigue dominando Rusia con puño de hierro. "Una población rusa intimidada se niega a marchar por nada que no sean preocupaciones locales. Saturados de una mezcla de apatía y miedo (y para una buena parte de la base de Putin, incluso de apoyo a una guerra revanchista), los rusos se niegan a actuar contra el régimen", sintetiza el experto.

"En el Kremlin, Putin continúa aplicando las mismas estrategias internas que él y su círculo íntimo han perfeccionado durante un cuarto de siglo: encarcelar o exiliar a figuras de la oposición, destruir a los medios de comunicación de la oposición y reunir más palancas de poder para el propio Kremlin. Los movimientos de Putin hacia una dictadura absoluta, e incluso hacia el totalitarismo, continúan a buen ritmo", continúa Michel en unas predicciones conocidas antes de trascender la sospechosa muerte del principal opositor al régimen de Putin los últimos años, Alexéi Navalni, en una remota prisión del círculo polar ártico. Incluso mientras el ejército ruso titubea en Ucrania y el espectro de un conflicto congelado emerge en todo el frente sur, el control de Putin sobre el poder se fortalece.

Las recientes victorias parciales del Ejército ruso, con la toma de la ciudad de Avdiivka, su mayor éxito en un año, apuntalan esta visión, pese a lo estancado del conflicto."Putin continúa hipotecando el futuro de Rusia debido a su obsesión monomaníaca con Ucrania, y apuesta a una fractura de la alianza occidental. Y si bien no es garantía de victoria, no es una apuesta que tenga garantizado perder, especialmente si, en enero de 2025, el expresidente estadounidense Donald Trump, que se ha negado a comprometerse a respaldar a Ucrania contra Rusia, regresa al poder y corta la ayuda. De hecho, esto permitiría a Putin el dominio de las antiguas colonias rusas que tanto anhela", zanja Michel. El potencial candidato republicano a la Casa Blanca ha vuelto a zarandear la alianza de la OTAN advirtiendo de que, si algún aliado no cumple los objetivos de gasto en defensa, animará a Rusia a hacer "lo que le dé la gana".

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