Economía

El 'pinchazo' de la reforma laboral': la conversión de temporales a indefinidos cae un 60%

  • Las empresas siguen prefiriendo alargar los empleos eventuales 
  • Solo un 6,3% de los indefinidos viene de un contrato temporal previo 
  • El 82% de las prórrogas de eventuales no llegan a 3 meses, 15 puntos más que en 2019  
Foto: Alamy

La reforma laboral ha disparado la contratación estable, pero este hecho tiene una 'cara B' que pasa desapercibida en la mayoría de los análisis: cada vez se producen menos conversiones de temporales a fijos. En septiembre se registraron 42.497, lo que supone una caída interanual del 59,2%. Pero también de un 54% respecto al mismo mes de 2019, pese a que los contratos indefinidos han aumentado un 161,2% desde entonces. Lo que apunta a que el impacto inicial de la norma a la hora de 'rescatar' a los trabajadores atrapados en la rueda de la eventualidad se ha disipado. De hechos, se producen 2,6 veces más prorrogas de contratos de corta duración, que en su mayoría apenas superan los 3 meses.

La explicación a este fenómeno que esgrimen desde el Gobierno cuando se les inquiere por esta cuestión es muy simple: hay menos conversiones porque hay menos contratos temporales que convertir. La firma de contratos temporales ha caído un 58% si se compara con septiembre de 2019 (último año equiparable por no venir afectado por la pandemia como sí lo fueron 2020 y 2021). Un porcentaje no muy alejado de la caída de las conversiones y de las de las prórrogas, que se desplomaron un 56%. Esta caída de los temporales lleva a que la tasa de conversión, ha pasado del 4,9% en septiembre de 2019 al 6,3% en 2023 aunque en realidad las trasnformaciones de contratos se han reducido.

Pero si nos referimos a lo ocurrido en el primer año de la reforma laboral con el segundo, se aprecia un giro imprevisto en la evolución. En septiembre de 2022, se registraron 104.091 conversiones, un 12% más que en el mismo mes comparable de 2019, pese al desplome de la contratación eventual de la que provienen estas firmas. Esto implica que muchas empresas optaron por convertir a sus temporales en fijos ante la irrupción de la nueva norma, aunque la tasa de conversión solo llegó al 8,3%%... para volver a perder dos puntos un año después.

Este dato es aún más chocante si tenemos en cuenta que, pese al incremento de la contratación indefinida, del 161,2% respecto a septiembre de 2019, los que provienen de la temporalidad han pasado del 36,8% en septiembre de 2019 al 13,4% en 2022 y al 6,82% en 2023.

Eso no es todo. En 2023 ha habido una caída de la contratación tanto indefinida, del 19,6% (achacable a que se alcanzó un récord de contratación del año anterior) como temporal, del 13,1%. Las prórrogas de contratos eventuales han caído un 15,7%, pero las conversiones a fijo se han desplomado un 59,2%. Y no solo eso, la brecha entre ambas se ha ido ampliando a lo largo del año y nueve meses de vigencia de la reforma laboral. Algo que rompe con la idea de que lo ocurrido se debe solo a un efecto estadístico.

La reforma toca techo

Estos datos nos llevan a formularnos varias preguntas ¿Cómo es posible que el 94% de los contratos indefinidos en septiembre fueran iniciales cuando el 55,1% de todos los que se firman cada mes en España siguen siendo temporales? ¿Cómo pueden ganar terreno las prórrogas de empleos eventuales en un marco legal que incentiva la contratación estable?

Una primera hipótesis es que las empresas buscan ahorrarse los costes asociados a la antigüedad, extinguiendo los contratos temporales para hacer uno nuevo indefinido. Pero la propia reforma laboral precisa claramente que los derechos generados por contratos anteriores se suman al nuevo, una precisión que se sitúa en línea además con la jurisprudencia del Supremo desde 2001. La única explicación es que esos nuevos contratos fijos se hagan con otros trabajadores.

Aunque tampoco parece un factor relevante: El 70% de los contratos convertidos en indefinidos tenían una antigüedad inferior a seis meses y un 17,9% de entre seis meses a un año, cuando en septiembre de 2022 esos porcentajes eran del 56.4% y el 31% respectivamente.

Además, la norma introdujo el límite de encadenamiento de contratos temporales a los 18 meses durante 18 meses en un período de 24 meses. El plazo mínimo empieza a contar a partir del 30 de marzo de 2022, lo que implica que faltan dos meses para que concluya. Sin embargo, las conversiones siguen en mínimos.

Pero sí parece haber repercutido en una menor duración de las prórrogas. Si en septiembre de 2019 el 67% de las ampliaciones se produjo por un periodo inferior a 3 meses, en 2023 este porcentaje se ha elevado al 82%. En el 94% de los casos se trata además de la primera prórroga, el mismo porcentaje que hace cuatro años. Dicho de otra forma: los contratos temporales siguen concentrando la precariedad. Como ya informó elEconomista.es, un 33% de los que se firman duran menos de un mes y la duración media ha caído a 48,85 días, uno menos que hace un año.

Esta evolución se suma a los muchos datos que apuntan a que el impacto de la reforma laboral ha tocado techo. Como hemos visto, aunque se firman menos contratos temporales, los indefinidos caen más en tasa interanual, lo que lleva a que la tasa de temporalidad s hay estancado en el 17% según los datos de Seguridad Social (un 14% si solo atendemos a los asalariados del Régimen General), pero esto no ha supuesto una mejora específica de las condiciones de los temporales que se siguen firmando y que aún suponen 6 de cada 10 de los contratos mensuales. Ni de sus oportunidades para pasar a convertirse en fijos.

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