Economía

La 'oferta oculta' genera nueve de cada diez puestos de trabajo en España

El debate sobre las dificultades para cubrir puestos de trabajo choca con una triste realidad estadística: las empresas españolas solo reconocían 148.091 vacantes en el segundo trimestre, lo que equivale a  0,9 vacantes por cada cien puestos de trabajo existentes en España. Sin embargo, en junio se registraron 1,7 millones de colocaciones en empresas. Esto implica que nueve de cada diez empleos provienen de la denominada 'oferta oculta' de empleo.

Decir que la mayoría de las ofertas de trabajo no se anuncian se ha convertido en un lugar común en el ámbito de los recursos humanos. La afirmación se acompaña, además, de un porcentaje de esas vacantes invisibles: el 80%, aunque contrastar la fuente de esta estimación resulta imposible, ya que la misma se 'recicla' en informes y artículos de cualquier país del mundo.

Sin embargo, clarificar este peso de la oferta oculta en nuestro país cobra relevancia en un momento en el que el 39% de las empresas españolas denuncian que falta de mano de obra afecta a su actividad, según el Banco de España. El supervisor, al igual que otros servicios de estudios privados como BBVA Research, advierte de que esta 'tensión' del mercado laboral, que se centra en sectores tan relevantes como el tecnológico pero también afecta a los demás, está impactando en los salarios y la productividad de la economía. Lo que lleva a las patronales a exigir medidas al Gobierno.

Las 148.091 vacantes registradas en la Encuesta Trimestral de Costes Laborales (ECTCL) que publican el INE y Eurostat suponen la cifra más alta desde 2010, lo que alimenta las voces que alertan de un problema de "encaje" en el mercado laboral. Pero el Ejecutivo y los sindicatos descartan de plano que España tenga un problema en este frente, amparados precisamente en su escaso número y la tasa tan baja que supone sobre el total de los puestos existentes en nuestro país.

Se da la paradoja de que, con la misma metodología, varios países europeos como Alemania o Países Bajos, registran más puestos por cubrir que desempleados. En España apenas se llega a 5 empleos por cada 100 parados, la ratio más baja de la UE, lo cual no parece un problema para ninguna de las partes implicadas en esta discusión.

Pero cuando se les inquiere sobre este escaso número, que implica que España es el país europeo con menor capacidad de crear empleo, muchos expertos lo relativizan. Inciden en que se trata de un dato que excluye sectores como el agrario y explican que, aun así, es coherente con una economía como la española con una tasa de paro del 11,6%, la más elevada de la UE, y cuyo mínimo histórico se sitúa el 7,9%.

De hecho, la relación entre tasa de vacantes y tasa de paro (la conocida como curva de Beveridge) corresponde a un momento expansivo del ciclo económico, más cerca de los años anteriores a la crisis financiera que a la década posterior, marcada por la Gran Recesión. Aunque este análisis suscita dudas

Existen dos datos que muestran con claridad que el dato de vacantes no recoge todas las oportunidades de empleo: en junio, a cierre del segundo trimestre, la Seguridad Social registró 2,1 millones de altas de afiliación (y 2,3 millones de bajas), mientras el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) contabiliza 1,76 millones de colocaciones.

Este segundo dato es más preciso para el asunto que nos ocupa, ya que el concepto de colocaciones se refiere precisamente a los puestos de trabajo que son cubierto por trabajadores, mientras que las altas de afiliación pueden incluir otros motivos (como la reactivación de un trabajador tras una baja).

Un agujero de 1,5 millones de trabajos

Para poder comparar los datos del SEPE con los del INE hay que excluir las colocaciones en las ramas de actividad no incluidas en la ECTCL (el sector agrario, las actividades de los hogares como empleadores y los organismos extraterritoriales). Así, la cifra total baja a 1,61 millones de colocaciones, de las que 1,47 no se explican por las vacantes declaradas por las empresas.

Esto implica que las vacantes detectadas por el INE solo explican el 8,9% de las que se producen. Los datos, no obstante, fluctúan según ramas de actividad. Por ejemplo, el INE no encontró vacantes para las industrias extractivas ni las inmobiliarias (pese a que el SEPE sí registra 607 colocaciones para las primeras y 5.012 para las segundas).

En el resto, destacan los extremos: así solo el 3% de las colocaciones en la hostelería y el 2% de las actividades artísticas o recreativas corresponderían a vacantes registradas por el INE, mientras en el caso del sector público el porcentaje se dispara al 84,2%. La razón es que las administraciones estatal y autonómicas que generan esos puestos tienen también la competencia de las oficinas de empleo.

En cualquier caso, los servicios públicos de empleo (estatal y autonómicos) registran todos los contratos y colocaciones que se materializan en España. Y no solo las que afectan a demandantes de empleo y parados registrados: en junio estas solo supusieron el 47% del total de las contabilizadas. Además, los mismos datos muestran que solo un 2,16% de las colocaciones deriva de ofertas comunicadas por las empresas a los servicios públicos de empleo y transmitidas por estos a los demandantes. En junio fueron 56.830, casi tres veces menos de las que registra el INE.

Algunos analistas justifican esta discrepancia porque los datos del INE se recopilan a lo largo del trimestre y los que publica el SEPE son mensuales y no recogen el 'stock' total de ofertas acumuladas en periodos más largos. Pero este es muy fácil de determinar: basta con acudir al portal Empleate.gob, que recopila todas las ofertas disponibles que tienen identificadas el SEPE y los servicios públicos de empleo. A la hora de escribir etas líneas, llega a 55.000 vacantes, repartidas en 24.000 ofertas.

Volviendo al periodo de referencia de la ECTCL, los datos del SEPE muestran que entre abril y junio las compañías notificaron 160.642 vacantes a los servicios públicos de empleo (42.59 en abril, 60.853 en mayo y las mencionadas 56.830 de junio), una cifra que incluso supera la que registra el INE.

Pero en el mismo periodo se dieron de baja 139.994 vacantes, aunque solo 124.190 por haberse cubierto con una colocación. Esto deja un saldo trimestral de 20.648 vacantes que se suma al acumulado pendiente para los siguientes meses, hasta la cifra anotada por Empleate.gob en septiembre.

Se mire como se mire, la cifras casa mal con las casi 148.091 que las empresas notifican en la ECTCL. Eso sí, este análisis muestra que la el 77,4% de las ofertas que registran las oficinas de empleo se convierten en una colocación.

Pero la cifra apenas llega al 1% de los parados en España, lo que explica por qué la tasa de intermediación de estos servicios ha sido un quebradero de cabeza permanente para los ministros y ministras de Trabajo de los últimos lustros. La última reforma del SEPE comprometida con Bruselas y aprobada antes de las elecciones, buscaba que las empresas notifiquen todas sus vacantes a los servicios públicos, pero sus resultados siguen muy lejos de haber cumplido el objetivo.

España es diferente

Aunque la discrepancia entre colocaciones no se da solo con las vacante anotadas por el INE o el SEPE. La plataforma de ofertas de empleo InfoJobs, la más utilizada por las empresas en España (y la única que publica puntualmente estas cifras) registraba en junio 234.645 vacantes de empleo, una cifra muy superior a la que anotaba el mismo mes el SEPE.

A diferencia de la ECTCL sí incluye la agricultura, aunque los datos no están desagregados por sectores. En todo caso, la cifra apenas cubría el 13,3% de las colocaciones en ese mes. Y también sugiere que existe un 'gap' no solo entre las estadísticas oficiales, sino también respecto a los portales, sean públicos o privados.

La discrepancia entre las colocaciones y las vacante declaradas o publicadas es un fenómeno que no ocurre solo en España y que se suele explicar por dos motivos: promoción interna y recomendaciones personales. Aunque en el caso de España, un factor adicional a tener en cuenta es la volatilidad del empleo.

La reforma laboral ha reducido los contratos temporales, pero estos siguen suponiendo seis de cada diez y su duración se ha recortado. Además, diversos indicadores como las bajas por no superar el periodo de prueba o el pase a la inactividad de los fijos discontinuos, alimentan la sospecha de que muchas empresas están tratando a los indefinidos (incluso los que tienen contratos fijos ordinarios) como eventuales.

El propio hecho de que la tasa de vacantes no haya mejorado pese a la reforma laboral (lleva años enquistada en el 0,9) mientras en otros países se ha disparado tras la pandemia apunta a que el peso de estos puestos de 'usar y tirar', que no se declaran en la Encuesta Trimestral de Costes laborales, ni tampoco, por supuesto, a los servicios públicos de empleo, no se ha reducido. Y esto influye en la 'opacidad' de las colocaciones.

Sin embargo, también hay que tener en cuenta que la traslación elaboración de las estadísticas es muy diferente en otros países. Un ejemplo claro es Estados Unidos, donde la Oficina de Estadísticas Laborales (Bureau of Labor Statistics) públicas una estimación mensual de vacantes y colocaciones. El último dato, correspondiente a julio, arroja una cifra de 8,8 millones de vacantes y 5,8 millones de contrataciones en el último día laborable. Es decir, no se puede decir que haya un 'gap' entre vacantes ocultas y colocaciones. Ni mucho menos que la inmensa mayoría de ellas pasen bajo el radar estadístico, como sí ocurre en España.

En este sentido, aunque la metodología de la BLS es muy diferente a la que siguen el INE, Eurostat y el SEPE, ofrece unos resultados son mucho más coherentes y útiles a la hora de establecer un diagnóstico de las necesidades de las empresas. 

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