Economía

La subida salarial en España tiene una cara B: las nóminas están más lejos de Europa que nunca

  • BBVA Research dice que los salarios han subido mucho menos que en Europa desde 2019
  • Señala que las presiones del último año se deben a la falta de mano de obra
  • La mejora salarial tras la pandemia sigue por debajo de la anotada antes de la crisis financiera

Hace unos días, el Banco de España llamaba sobre el dinamismo de los salarios en España en el último año, que está incluso superando con creces los incrementos pactados en la negociación colectiva. Pero repunte de los salarios no impide que la 'brecha' entre la remuneración salarial de los europeos y los españoles y sus vecinos de la UE haya seguido aumentando y se sitúe en máximos históricos, según el monitor de salarios elaborado por BBVA Research y Fedea. ¿El motivo? La mejora de las remuneraciones salariales en España desde la pandemia ha sido inferior a la de la media de los Veintisiete.  

El último Observatorio Trimestral del Empleo elaborado por BBVA Research, Fedea y Sagardoy Abogados dedica un apartado a monitorizar el comportamiento de los salarios en el último año y constata esta "aceleración" en todas las variables.

Así, los convenios de nueva firma anotan un incremento interanual del 4,2% de las retribuciones, por encima del recomendado en el V AENC (situado en el 4%), aunque se modera desde el 4,8% de los convenios registrados hasta marzo. En cualquier caso, el nivel se mantiene en la media de la zona euro que está marcando récords históricos en la mejora de los pactos salariales.

Pero el estudio coordinado por Rafael Doménech, director de estudios de BBVA, también revela que el resto de las métricas que recogen los sueldos en nuestro país muestran ganancias de poder adquisitivo en el segundo trimestre que incluso superan las establecidas en los convenios, como ya hizo hace unos días el Banco de España.

El organismo que dirige Pablo Hernández de Cos vinculaba este a la presión que los "cambios de empleo" de los asalariados ejercen sobre las empresas, en especial en determinados sectores afectados por la falta de mano de obra, como el tecnológico, aunque el desacople entre salarios abonados y convenios se produce, en mayor o menor medida, en la mayoría de las ramas de actividad. Una cuestión que parece responder al récord histórico de dimisiones de trabajadores con contratos indefinidos tras la reforma laboral.

Otros informes, como el del metabuscador de ofertas de trabajo Indeed parece corroborar que esta tendencia se traslada a las ofertas de empleo, cuya propuesta retributiva crece a tasas del 5,9% interanual. Una cifra además que supera la de las grandes economías de la zona euro y Estados Unidos.

El informe de BBVA y Fedea señala como causa de este recalentamiento de los salarios al exceso de vacantes, a pesar de que las métricas del INE y Eurostat que utiliza de referencia arrojan una cifra inferior a las 150.000 (apenas 9 por cada 1.000 puestos de trabajo existentes en España), una de las más bajas de la UE. El equipo coordinado por Doménech constata que la "ligera disminución" de las vacantes en el segundo trimestre se vio "más que compensada" por el descenso de la tasa de paro, lo que sugiere mayores obstáculos para realizar "emparejamientos laborales", que podrían acentuar estas presiones salariales.

Lejos de Europa

¿Pero en qué se traducen dichas presiones salariales? Según los cálculos del monitor salarial que incluye el informe, la retribución nominal por empleado está repuntando a un ritmo interanual del 4,3%. Pero este incremento no se puede achacar al alza de las cotizaciones: pese a que se dispararon un 6,8% interanual en el primer trimestre, tras la entrada en vigor de la reforma de las pensiones, en el segundo trimestre la subida se modera al 1,4%.

Por el contrario, los componentes estrictamente salariales han pasado de subir a un ritmo del 4,8% en los primeros meses del año (similar a lo que anotaban los primeros convenios de 2023) a hacerlo en un 5,1%. En el mismo periodo de 2022 solo subían un 3,9% y un 2,9% de 2019. Por su parte, las cotizaciones se incrementaron un 1,4%. Si descontamos el segundo trimestre de 2021 (cuando subió más de un 7% pero después de un desplome de los salarios del 7% en 2020) sería el mayor incremento de los salarios en ese periodo desde 2008.

Eso sí, su análisis deja claro que el incremento de las retribuciones en nuestro país está por debajo de la media de la Unión Europea, que anotó un 6,4% de incremento en el componente salarial al que se suma el incremento del 4,5% de las cotizaciones, al menos en términos nominales. En el caso de la remuneración por hora sí aumentó más que en los Veintisiete (un 7,5% frente a un 6,46%). Pero según Doménech esta discrepancia se explica por la diferente evolución de las horas por trabajador, que cayeron en España en el primer semestre y apenas variaron en Europa (0,1%).

En términos acumulados, la remuneración nominal por asalariado en España se situó un 9,3% por encima del nivel prepandemia (cuarto trimestre de 2019), si bien el aumento de la retribución por hora trabajada fue mayor (11,8%). El avance de los salarios nominales fue también de un 9,3%, muy similar al de las cotizaciones, que repuntó un 9,4%.

Sin embargo, el avance de las retribuciones fue más acusado en la UE-27, tanto en términos nominales por asalariado como por hora trabajada, hasta un 13,5% y un 15% respectivamente. Pero en su caso se debe, sobre todo, a una mayor revalorización de los sueldos que a la de las cotizaciones. Los primeros repuntaron un 14% en términos nominales (un 15,5% por hora) y las segundas un 11%.

Pero con esta evolución desigual, la remuneración de los trabajadores españoles queda aún más rezagada respecto a la media europea. Los datos facilitados por BBVA Research permiten comprobar que la brecha retributiva entre la UE y España pasa de un 12,6% en diciembre de 2019 a un 16,9% en junio de 2023.

Una diferencia que supone el máximo de la serie histórica (que se remonta al año 2000) arrastrada principalmente por los sueldos y salarios, que ampliaron su distancia del 15,9% al 20,7%. Por su parte, las cotizaciones a cargo del empleador mantienen un comportamiento mucho más cercano a la media europea: la diferencia solo ha aumentado un punto, del 3,9% antes de la pandemia al 4,9%.

En el comportamiento de esta brecha no influyen solo  de los diferentes costes de la vida (que explica el hecho de que los salarios más altos se reciban en Luxemburgo),  como el diferente impacto tanto de la recuperación tras la crisis financiera como de la pandemia, seguida por la crisis inflacionaria que ha sido más intensa en los países más expuestos a las consecuencias de la guerra de Ucrania, como es el caso de lo estados del Este y del centro de Europa, como Alemania.

Aunque el estudio de BBVA Research no precisa los niveles retributivos por cada país europeo, con lo cual no es posible precisar cuáles quedan por encima o por debajo de nuestro país, aunque sus conclusiones van en la línea de los indicadores salariales de Eurostat, que también confirman que los sueldos en España se mantienen muy por debajo de la media europea. 

Se da la circunstancia de que solo en 2009 España llegó a cerrar su brecha retributiva, tanto en términos totales como en los referida a sueldos y salarios, mientras las cotizaciones lo han hecho en dos ocasiones, en 2009 y 2020, en plena pandemia.

La gran crisis salarial

Los datos facilitados por Fedea y BBVA Research también permiten comprobar cómo se ha comportado la variación de los sueldos en los últimos 20 años. Se aprecia que el 'gap' de subidas salariales entre España y la UE se produce a partir de la crisis financiera.

En los años inmediatamente anteriores a su estallido, los salarios en España empiezan a registrar un incremento superior a la media de la UE, lo que explica que se lograra cerrar la brecha retributiva en 2009. Pero esto no responde a la fortaleza de la economía, sino a la rigidez de los convenios que mantuvo fuertes subidas salariales entre 2008 y 2010 pese a la intensa destrucción de empleo. A partir de ese momento los salarios en España no solo se 'desaceleran', sino que caen.

De hecho, la entrada en vigor en 2012 del  II Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva (que vinculó los sueldos pactados a la situación económica) y, sobre todo, de la reforma laboral del Gobierno del PP (que permitió los descuelgues, la limitación a la ultraactividad de los convenios que permitía prolongarlos sine die si no había acuerdo) provocó una caída de los salarios de una intensidad inédita respecto al resto de Europa hasta la irrupción de la pandemia en 2020.

Descontando el 'rebote' de 2021, que compensó el desplome de un año antes, la de 2023 es la mayor subida de los salarios en la UE de la serie histórica. Pero no en España, donde siguen por debajo de los niveles alcanzados en vísperas a la Gran Recesión.

Aunque en cierta medida la situación actual es la inversa a 2012, con el desbloqueo de la negociación colectiva gracias a un nuevo Acuerdo entre patronal y sindicatos con subidas salariales de entre el 45 y el 5% (en función de cómo se comporte la inflación) y una nueva reforma laboral que ha derogado parciales los cambios que el PP introdujo una década antes en la negociación colectiva, los expertos no consideran que esto haya supuesto un 'desacople' entre la salarios en España y el resto de Europa como la que se produjo en la crisis financiera.

De hecho, el comportamiento es similar, es decir, la subida de salarios se produce en el mismo momento. Esto lleva al equipo de Doménech a concluir que la evolución responde al mismo fenómeno del sobrecalentamiento del mercado laboral, es decir, las dificultades para encontrar mano de obra, que hacen que lo sueldos sean más permeables a la presión de la inflación de los que admiten los convenios.

Pero los datos dejan claro que, aunque España parece estar acelerando en los últimos meses las subidas salariales a un ritmo comparable al de sus vecinos, este impacto sigue estando contenido en relación con el resto de Europa. Algo que responde a que nuestro país recoge una menor inflación. Aunque el hecho del elevado peso de las cotizaciones, que evolucionan en línea con la UE, puede contribuir a restar capacidad a la mejora de los sueldos, al contrario de lo que ocurre en nuestros vecinos. 

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