Economía

Los fijos discontinuos apuntados al paro se disparan y reactivan la polémica del 'maquillaje'

  • Lo demandantes con relación laboral suben un 86% mientras el paro cae un 7,1%
  • Los demandantes con empleo superan a los nuevos parados en la agricultura o la educación
  • Estos datos pueden apuntar a una menor volatilidad estacional del desempleo

El mes de julio se saldó con 671.487 demandantes de empleo con relación laboral inscritos en los servicios públicos de empleo, 91.645 más que en junio, lo que supone un incremento del 16%. Es la cifra más alta desde la entrada en vigor de la reforma laboral. Ello en un mes en el que el paro registrado se redujo un 0,4%, en 10.968 personas: una brecha que reactiva las sospechas sobre el supuesto 'maquillaje' en las cifras de desempleo a través de los fijos discontinuos inactivos que el Gobierno daba ya por amortizada.

El dato de demandantes con relación laboral de julio supone un incremento del 86%, 310.282 personas más, respecto al mismo mes de 2022, mientras el paro registrado cayó un 7,14%, en 205.938. La pregunta es obvia: ¿sería el comportamiento del desempleo igual sin el auge de estos contratos indefinidos ligados a actividades 'cíclicas'?

El pasado mes, la Seguridad Social registró una caída de 114.313 de la afiliación con contratos fijos discontinuos, especialmente en el sector de la educación (-67.448 afilados medios), seguido por las actividades administrativas (-20.313). Un retroceso que llevó a que, por primera vez desde que en enero de 2022 entró en vigor la norma impulsada por Yolanda Díaz, el empleo indefinido en su conjunto retrocediera y el repunte mensual de la afiliación reposó exclusivamente sobre los asalariados con contrato temporal.

La duda pendiente es cuántas de esas bajas se deben a despidos y cuántas a pase a la inactividad: una situación en la que el trabajador queda a la espera de un nuevo llamamiento, pero mantiene el contrato y la relación laboral con la empresa. Por ello, aunque se le da de baja en Seguridad Social (ya que tampoco percibe ningún salario) y no cuenta como parado, si se puede inscribir para cobrar una prestación por desempleo, para lo que se le considera demandante con relación laboral.

En este sentido, los datos de demandantes 'excluidos del paro' del SEPE sí confirman el impacto de este fenómeno en el pasado mes, aunque aquí hay que tener en cuenta que el trasvase desde las estadísticas de Seguridad Social no es directo.

El Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) no desglosa cuántos de estos demandantes con relación laboral son fijos discontinuos inactivos, pese a que la vicepresidenta segunda se comprometió a hacerlo en enero. Desde el Ministerio de Trabajo se señala que es un trabajo conjunto con las comunidades autónomas, que se encargan de registrar y gestionar las demandas que se ha frenado por los procesos electorales de mayo y julio.

En cualquier caso, es una cuestión delicada tano a nivel político como de gestión el Sistema Nacional de Empleo: solo en el pasado mes de octubre el SEPE tuvo que 'borrar' a 52.000 fijos discontinuos inactivos  (cuando lo habitual son entre 4.000 y 5.000 en revisiones rutinarias) que los servicios autonómicos estaban apuntando incorrectamente como parados. Un hecho que obligó a revisar también los procedimientos para anotar nuevas altas, pero sobre el que los responsables de todas las administraciones implicadas (salvo la Junta de Andalucía, que reconoció el ajuste) pasaron de puntillas en su momento.

Ello a pesar de que los datos tuvieron efecto directo en el paro: con el ajuste, los demandantes de empleo aumentaron en 157.718 en octubre y en 114.469 en noviembre, dos meses tradicionalmente malos para el empleo pero que anotaron descensos del paro registrado de 27.027 y 33.512, respectivamente.

En comparación, el incremento de julio es el tercero más alto desde que se aprobó la reforma laboral. Teniendo en cuenta que el dato mensual de paro ha sido relativamente 'flojo' comparado con el de años precedentes, la polémica sobre el impacto de los fijos discontinuos inactivos en las cifras de desempleo vuelve a estar servida. Sobre todo, si recordamos que el año pasado el paro cayó en julio, pese al rebote del turismo, con la mitad de demandes con relación laboral.

De los ERTEs a los fijos discontinuos

En todo caso, los datos de julio no se explican por ninguna operación de ajustes, sino por 172.904 nuevas altas, el dato más elevado desde noviembre, cuando se corrigió el registro para evitar errores. Y suponen un 77% más que las anotadas en julio. Aunque también hay que tener en cuenta que en julio se registraron 85.936 bajas de demandantes, cuando en el año anterior solo se anotaron 34.015. El resto corresponde a otros ajustes en los datos.

Entre ellos, 5.885 parados convertidos en demandantes con relación laboral. La cifra supone el doble que, en el mismo mes de 2019, pero queda muy por debajo de los 8.527 parados anotados hace un año (antes de que el SEPE revisara los datos) y puede explicarse perfectamente por el hecho de que hay más fijos discontinuos.

Como Trabajo no publica los datos desglosados no se conoce la cifra exacta de cuántas de estas altas (y bajas) de demanda corresponden exactamente a fijos discontinuos inactivos, pero el hecho es que llevan a los demandantes con relación laboral al dato más alto desde enero de 2022. A pesar de que entonces había más de 160.000 afectados por ERTE, que en buna parte se incluyen entre los demandantes con relación laboral, aunque también en la de demandantes ocupados (que incluye a los demandantes que sí están trabajando).

En cualquier caso, desde entonces el número de afectados por regulaciones de empleo se reducido a a apenas de 12.000, por lo que el repunte en los demandantes con relación laboral solo puede achacarse a los fijos discontinuos. De hecho, en los primeros meses con la nueva Ley, los demandantes con relación laboral se redujeron porque los afectados por regulaciones de empleo también lo hicieron, hasta quedar en los 230.000 en mayo.

Pero según los contratos fijos discontinuos empezaron a repuntar (concluido el 'periodo de gracia' hasta el 30 de marzo para suprimir los contratos temporales por obra y servicio) también lo hicieron los demandantes, hasta una cota de 651.112 personas en enero. A partir de entonces, la reactivación de las actividades estacionales en el turismo y la hostelería llevó a que muchos fijos discontinuos fueran llamados de nuevo, lo que redujo la cifra a 506.691, lo que suponen un 119% más que el mínimo del año anterior. Desde entonces ha vuelto a subir con fuerza, con un incremento acumulado de 164.796 demandantes entre junio y julio.

Algo que puede truncar el discurso del Gobierno en uniones sobre la marcha del empleo, ya que la polémica sobre el 'maquillaje' del paro se había disipado con el retroceso de los demandantes con relación laboral entre enero y mayo. Aunque, paradójicamente, este incremento puede encerrar un argumento de peso para contestar a las críticas.

¿Un síntoma de menor volatilidad?

Si nos fijamos en las nuevas altas de demanda en el pasado mes, los datos son significativos. Se registraron un total de 506.846 altas (incluyendo tanto parados registrado como del resto de categorías), una cifra inferior en un 12,75% a las 580.951 del mismo mes de 2019, el último ejercicio comparable previo a la reforma laboral. Sin embargo, mientras en ese momento el 16% de las altas provenían de 92.765 demandantes con relación laboral, un 16% del total, en el pasado mes ascendieron al 34%.

Una evolución que, por sí sola, muestra que los fijos discontinuos inactivos hacen que el paro tenga un comportamiento mejor de lo que lo que lo tendría si fueran temporales que han perdido su empleo, como antes de la reforma; algo, evidentemente, de lo que era muy consciente el Gobierno al convertirlos en la alternativa a los extintos eventuales por obra y servicio. La mayor variación se da en la Agricultura, en la que las nuevas altas de demandantes han pasado de suponer el 14% del total al 67%, mientas la educación ha escalado del 34% al 52%.

Este fue el sector más castigado por la caída de la afiliación en julio, con 110.000 ocupados menos (67.448 en fijos discontinuos), aunque esto no se ha trasladado a las altas de demandantes de empleo: se registraron 48.350 nuevas altas, una cifra muy similar a la de 2019. De ellas, 19.271 fueron de parados y 24.970 de demandantes con relación laboral.

(Aunque en este caso también puede influir que el uso de los fijos discontinuos en la educación está 'vetado' tanto por la jurisprudencia como por el convenio de los colegios, que rechacen evitar que se utilice como una fórmula para ahorrarse pagar las vacaciones en periodos no lectivos, con lo cual las empresas alcanzan acuerdos con sus trabajadores para evitar que al Inspección de Trabajo detecte el fraude.)

Pero la pregunta sigue abierta: ¿sin la reforma laboral la situación hubiera sido peor? El hecho es que la cifra total de demandantes de empleo de julio (incluyendo a parados registradas y al resto de categorías)  se ha reducido un 12,75% con respecto a 2019, pese a que los contratos lo han hecho un 34%. Esto confirma una menor volatilidad en el trasvase entre las situaciones de empleo activo y paro (o demanda con relación laboral, en el caso de los fijos discontinuos inactivos) durante un mes tradicionalmente marcado por la estacionalidad.

Lo que quizá contribuya a explicar por qué en meses asociados a la estacionalidad del empleo como julio se registren menores descensos del paro: es que existen más trabajadores con contrato indefinido. Aunque una parte de ellos, los fijos discontinuos, sufran una rotación efectiva cercana a a la de los temporales.

En cualquier caso, para profundizar en esta conclusión es necesario conocer la cifra exacta y la evolución de los fijos discontinuos inactivos. Desde el Ministerio de Trabajo se reconoce que esta estimación es compleja, porque el SEPE no recoge a los que no se inscriben como demandantes (porque no han cotizado lo suficiente para cobrar el paro o porque no les compensa). Sin embargo, el dato de inscritos permitiría analizar con mayor claridad la situación real del desempleo.

Algo que reclama la orden ministerial de 1985 que regula los colectivos excluidos del paro registrado y a la que el Gobierno se acoge para recordar que los fijos discontinuos inactivos nunca han contado como parados. Lo cual no es excusa para dar la información más completa posible sobre estos trabajadores que no trabajan.

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