Economía

El ahorro acumulado en pandemia sigue oculto en depósitos y apenas se destina al consumo

  • Los hogares dejan de destinar su colchón financiero al consumo
  • Lo acumulan familias de rentas altas, de menor propensión marginal al consumo
  • La revalorización de la vivienda, lo que más infla la riqueza de los hogares
Foto: iStock

Los hogares españoles siguen sin tocar parte del ahorro acumulado durante la pandemia. Según el Banco de España, el grueso de estos recursos se ha destinado a la inversión financiera, en concreto, a depósitos y a fondos de inversión. Según los cálculos del organismo que dirige Pablo Hernández de Cos, los hogares mantienen cerca de 50.000 millones de euros de ese ahorro extraordinario en efectivo y depósitos.

El BCE ya alertó hace semanas de esto. "La mayor parte del exceso de ahorro acumulado durante la pandemia se concentra en familias de renta alta, que presentan una menor propensión marginal a consumir", advierte la encuesta Consumer Expectations Survey (CES) que elabora el organismo. 

El artículo firmado por Pana Alves y Carmen Martínez-Carrascal destaca no obstante que parte de ese colchón acumulado se ha destinado a la compra de viviendas y la amortización de hipotecas. En concreto, el exceso acumulado de inversión en formación bruta de capital de los hogares (2,7% de la renta) vino acompañado de un exceso de mayor magnitud de los flujos de nuevo crédito para la compra de vivienda (4,2% de la renta). Esto se debe, según el Banco de España, a que los nuevos flujos de crédito se utilizan para la adquisición de vivienda nueva y usada, pero solamente la primera, junto con la inversión en rehabilitación, forma parte de la formación bruta de capital.

Caída del consumo por la menor confianza

Esto podría seguir durante los próximos meses. La AIReF considera que el consumo privado crecerá a un menor ritmo en 2023, lastrado por la subida de los tipos de interés -a la que todavía le queda recorrido- el deterioro de la renta disponible de los hogares en términos reales y el agotamiento del exceso de ahorro.

La entidad espera que lo que excedente que queda en las cuentas corrientes -principalmente de las rentas altas- siga allí durante los próximos años. Más en detalle, prevén que la tasa se acomode cerca del 7% hasta 2026, anticipando una nula contribución al consumo. De hecho, el organismo anticipa una débil evolución en 2023, fruto del caída de la confianza, pero sobre todo del endurecimiento de las condiciones de financiación. 

Durante la pandemia, los hogares españoles en su conjunto acumularon, al igual que los del resto del área del euro, un volumen de ahorro muy elevado y la tasa alcanzó en 2020 casi el 18% de su renta bruta disponible (RBD), más del doble que un año antes. En 2021, las medidas de contención de la pandemia se relajaron progresivamente. No obstante, la tasa de ahorro permaneció todavía en cotas muy elevadas, casi un 14% de la renta, lo que supone el segundo nivel más alto de la serie histórica, solo inferior al máximo de 2020.

La interconexión vivienda-riqueza, cada vez más alta

Ese ahorro extraordinario acumulado desde que se desatara la crisis sanitaria se ha traducido en un aumento de la riqueza neta de los hogares y ha contribuido tanto a la acumulación de activos financieros e inmobiliarios como la amortización de la deuda.

Aquí se aprecia una cuestión relevante. Según el Banco de España, pese a que el ahorro extraordinario acumulado es muy elevado con respecto a los flujos habituales, desde el inicio de la pandemia su contribución al incremento del saldo de la riqueza neta de los hogares ha sido de un modesto 1,4%.

Acorde con el promedio histórico, los datos indican que los flujos de ahorro ordinarios han contribuido a la riqueza neta en mayor medida (3,5%) si bien la revalorización del componente inmobiliario lo ha hecho en 8,5 puntos porcentuales; el peso de la vivienda en la riqueza es cada vez mayor.

Si bien la revalorización de la vivienda siempre está presente en la composición de la riqueza neta, es desde el segundo trimestre de 2021 cuando se observa un aumento de su peso hasta más que duplicar el de los flujos ordinarios.

Entre finales de 2019 y el cierre de 2022, el precio de la vivienda se incrementó en un 13,8% y esto tiene una repercusión directa en la riqueza de los hogares: los activos inmobiliarios suponen el 70% de esa riqueza bruta, por lo que, desde la institución indican que "las variaciones en sus precios afectan de forma significativa al valor del patrimonio neto de los hogares".

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