Economía

El PIB nominal de España crecerá al mayor ritmo en décadas y aunque no lo parezca este indicador es clave

  • La OCDE asegura que las grandes reducciones de deuda se logran con el PIB nominal
  • El PIB nominal de España podría crecer hasta un 8,4% en este 2022
  • La fuerte contribución del deflactor ayudará a maquillar la deuda sobre PIB

La economía española parece condenada a perder impulso a lo largo de este 2022. La desaceleración económica que se cierne sobre la Eurozona y otras regiones avanzadas terminará lastrando la actividad española. La interconexión (a través del comercio, turismo y los canales financieros) entres las grandes economías del mundo es tal que resulta muy complicado esquivar las tendencias globales. No obstante, aunque el crecimiento real del PIB sufra un parón, todo hace indicar que la tasa nominal podría presentar un avance sin parangón en más de dos décadas. Aunque esto no parezca relevante (siempre se hace referencia al crecimiento real del PIB), sí tiene importancia para algunos indicadores económicos clave.

Cuando en los medios se habla del crecimiento de la economía o del PIB, los datos siempre hacen referencia a variables reales, es decir, que se descuenta el impacto de los precios (el deflactor del PIB) para depurar el dato y ver cuántos bienes y servicios más se están realmente produciendo respecto al mismo periodo del año anterior o respecto al trimestre pasado. Este dato depurado corresponde al PIB a precios constantes o volúmenes encadenados.

Si no se realizase este proceso, una economía que produce exactamente lo mismo que el año anterior podría presentar crecimiento positivo simplemente por un aumento de precios, puesto que el PIB se contabiliza en términos monetarios. El PIB habría crecido estadísticamente sin que ello suponga una mejora real de la producción o del bienestar de sus ciudadanos.

El PIB nominal de España

¿Cuál será el crecimiento real y nominal en 2022? El Gobierno de España prevé que la economía crezca un 4,4% este año, una tasa de variación real que será casi con toda seguridad inferior a la de 2021, cuando la economía despegó tras la pandemia del covid y creció un 5,5%. No obstante, aunque la economía crecerá menos este año, se espera que el PIB nominal (es el PIB que al que nos referimos cuando decimos que la economía de España son algo más de 1,2 billones) avance más de un 8%, superando el crecimiento de 2021 y mucho más allá. La producción nominal se incrementará al ritmo más elevado en 20 años.

A los 4,4 puntos de crecimiento real se podrían sumar hasta 4 puntos o más del deflactor del PIB (es un indicador de precios mucho más amplio que el IPC), según se desprende del nuevo cuadro 'macro' del Gobierno. Esto daría lugar un a un crecimiento nominal cercano al 8,5%, una tasa de variación que no se veía desde el año 2000. Ese año, la economía real se expandió un 5,2%, mientras que el deflactor del PIB fue del 3,5%.

¿Por qué importa también el PIB nominal? Este dato que pasa desapercibido normalmente tiene un impacto positivo en algunos indicadores de las finanzas públicas. El crecimiento del PIB nominal no es una cuestión baladí para la economía. Por ejemplo, uno de los indicadores más importantes de la solvencia de un país (deuda sobre PIB) se ve seriamente afectado por el PIB nominal. Si el producto interior bruto nominal (denominador de la ecuación) se expande con fuerza (ya sea por los precios o por el crecimiento real de la producción) y todo lo demás se mantiene constante, el ratio deuda sobre PIB se reducirá.

Por ejemplo, la deuda sobre PIB de España se ha reducido en 7 puntos desde que la inflación reapareció (pese a que ha aumentado en términos absolutos). Esta reducción se ha producido pese al elevadísimo descuadre presupuestario (déficit público) que aún presenta la economía española. Pero el crecimiento nominal del PIB (real más deflactor) ha permitido esta rebaja de la deuda.

Además, el crecimiento nominal es observado por los mercados para evaluar las probabilidades que tiene un país estabilizar su deuda pública. Los economistas lo explican así: el ratio de endeudamiento de un país se estabiliza cuando el saldo presupuestario primario (el saldo excluyendo los pagos de intereses) es igual a la diferencia entre el crecimiento nominal del PIB y el ratio que se paga por los intereses. Es decir, si el crecimiento nominal es muy elevado, incluso teniendo un déficit público notable, se puede reducir el nivel de endeudamiento relativo de un país.

Esta no sería la primera vez que se usa la inflación para reducir los elevados niveles de deuda pública en los países avanzados. Tras la Segunda Guerra Mundial ocurrió algo similar. Esto sucede sobre todo en periodos de represión financiera, es decir, cuando los tipos de interés se mantienen por debajo de la inflación. ¿Por qué? Los tipos de interés que manejan los bancos centrales se transmiten de forma más o menos precisa a los tipos de interés de la deuda pública. De modo que si el Banco Central Europeo mantiene unos tipos de interés inferiores a la inflación (como es el caso), el interés de la deuda será, en principio, menor al crecimiento nominal de la economía, lo que permite una rebaja de la deuda sobre PIB.

La OCDE recordaba en un trabajo reciente que las grandes reducciones de deuda pública a lo largo de la historia en los países avanzados han venido de la mano de fuertes crecimientos del PIB nominal. A su vez, el fuerte avance de la inflación desemboca en una mayor recaudación que puede ayudar también a rebajar el déficit fiscal: "En un trabajo analizamos 17 episodios de grandes y prolongadas reducciones de deuda soberana en países de la OCDE desde la década de 1970. Encontramos que tales reducciones de la deuda se lograron principalmente mediante el aumento de los superávits presupuestarios, respaldados por un contexto de fuerte crecimiento del PIB nominal (en promedio, 7%)", sentencia el informe.

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