Economía

La tasa de actividad aún es 16 puntos inferior en España a la media europea

  • La participación queda en el 58,6% a pesar del incremento del empleo
  • La variable, incapaz de recuperar el crecimiento que mostró hasta 2012
Dreamstime

El incremento de las afiliaciones a la Seguridad Social y el descenso de las personas registradas en el paro están muy lejos de agotar la realidad del mercado laboral español. Frente a esas buenas noticias, subsisten en nuestro país indicadores alarmantemente bajos, según los estándares europeos, como es el caso de la tasa de actividad. Esta última cerró el año pasado por debajo del 60%, 16 puntos por debajo de la media de la UE-27 y de la eurozona (muy similares en ambos casos: 74,3 y 74,5% respectivamente).

La tasa de actividad es el resultado de dividir la población activa de un país, es decir el total de personas que ya trabajan o están actualmente en disposición de hacerlo, entre el conjunto de individuos que cuentan con 16 años o más. Se trata de la medida más fiable sobre la participación de los integrantes de una determinada economía en el mercado laboral y, por ello, se encuentra directamente relacionada con el potencial de avance del PIB en su conjunto.

Hasta el punto de que existen estudios académicos que atribuyen a la tasa de actividad aportaciones anuales cercanas a un punto al avance de la economía.

 Esta métrica resulta clave para elevar el potencial de crecimiento de la economía

Se trata de una variable tan precisa como sensible a todo tipo de cambios en el entorno económico y social, por lo que no debe extrañar que se resintiera con gran intensidad durante una crisis como la provocada por el Covid, capaz de paralizar el funcionamiento de miles de empresas. Así lo demuestra el hecho de que fue en el segundo trimestre de 2020 cuando esta métrica alcanzó un mínimo histórico del 55,5%.

Era un comportamiento previsible. Mucho más preocupante resulta su evolución posterior, una vez que el Gran Confinamiento quedó atrás. La reapertura paulatina de la economía propició incrementos de la participación de la población española en el mercado laboral.

Mal resultado en la EPA

Sin embargo, en el último cuatrimestre del año pasado, la tasa era todavía incapaz de llegar al 60% y se situó en el 58,6% de acuerdo con la última Encuesta de Población Activa (EPA) publicada el enero por el INE. Un porcentaje tan magro palidece no solamente con respecto al promedio europeo. Aún mayor es la distancia en relación a la tasa de actividad del 80% de Alemania o del 84,7% en lo que respecta a Holanda.

España también se sitúa a la cola en lo que concierne a la clasificación propia de las economías del sur de la Unión Monetaria, ya que Grecia ronda el 70% mientras que Italia se encuentra en el 65%, de acuerdo con el cómputo elaborado por Eurostat.

Problema de largo recorrido

La comparativa demuestra que el problema de la tasa de actividad española tiene raíces muy profundas cuyo recorrido va mucho más allá de la pandemia del coronavirus. No en vano los expertos de BBVA Research se muestran preocupados por el modo en que la tasa de actividad española se comporta desde 2013.

Se registraron tres décadas consecutivas de crecimiento, gracias a fenómenos como la incorporación plena de las mujeres al mercado laboral. Fue entonces cuando la variable alcanzó un pico del 60,5% a mediados de 2012, según recapitulan los economistas del banco español.

Sin embargo, a partir de ahí, la evolución fue errática y las causas principales deben buscarse en los dos extremos del espectro demográfico español: lo mayores y los jóvenes.

Estos últimos muestran en España, desde hace décadas, una incorporación inusualmente tardía al mercado de trabajo y el escenario post-Covid en el que la economía española se adentra no permite ser más optimistas. Más bien al contrario ya que los datos más recientes reflejan cómo nuestro país dispone ahora de un volumen de trabajadores menores de 30 años equivalente al 50% que se registraba en el año 2007.

En cifras absolutas, el contingente de jóvenes ocupados ascendía entonces a cinco millones, frente a los 2,7 millones de la actualidad.

Con todo, más allá de este grupo poblacional, el gran reto que afronta España, desde el punto de vista demográfico y laboral, es el rápido y constante envejecimiento de su fuerza de trabajo, agravado en los últimos años por la frecuente recurso a las prejubilaciones y a las jubilaciones anticipadas.

Ambos fenómenos han propiciado un adelgazamiento muy acelerado de la población activa y, con ella, de la tasa de actividad. Todos los expertos coinciden así en que resulta irrenunciable el recurso a políticas que fomenten la prolongación de la vida activa más allá de los 65 años.

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