Economía

La incertidumbre ante los próximos dos cursos en la economía española

  • Es necesario actuar con contundencia para paliar las aterradoras cifras actuales
  • Urge inyectar al menos 80.000 millones de euros de liquidez para las empresas
La Puerta del Sol, vacía debido al coronavirus. Foto: Reuters
Madrid

Arranco estas líneas con grandes dosis de incertidumbre sobre lo que nos deparará el futuro en lo que a economía se refiere. La hibernación a las que se han visto abocadas las economías globales, atisba poca esperanza a corto plazo. El parón económico originado por la pandemia impactará con toda su fuerza, y ni las previsiones mas conservadoras, nos libran de un escenario dramático. Resulta complicado cuantificar el impacto económico de este virus, que sin atender a fronteras, ataca a cualquier punto de la tierra. El siempre conservador Fondo Monetario Internacional, ya le ha puesto cifras, alertando que la economía mundial vivirá su peor descalabro desde la Gran Depresión, contrayéndose un 3% en 2020, para remontar un 5,8% en 2021. Para España pronostica una contracción del crecimiento en un 8% en 2020, para remontar en 2021, en un 4%, siempre que la pandemia se disipe en el segundo semestre de 2021.

El Banco de España, por su parte, estima la caída en una horquilla que va desde el 6,5%, al 13,5%, para 2020. La tasa de paro de dispararía entre el 18,3% y el 21,7%, sin contar los trabajadores afectados por ERTE. El déficit público podría colocarse entre el 7% y el 11% del PIB. Y la deuda se situaría entre el 110% y el 122% del PIB. En cuanto a 2021, la recuperación que estima no será fuerte como para compensar la caída de 2020. El BCE ha estimando desplomes de PIB en la eurozona hasta del 15%.

Ante estas aterradoras cifras es necesario actuar con rapidez, contundencia y coordinación con la UE en el desarrollo de políticas económicas que palien los efectos devastadores. Como señala Enric Fernandéz, se necesitan medidas excepcionales para momentos excepcionales. Será prioritario apoyar la gestión sanitaria dotándola de instrumentos y movilizando recursos para atajar la pandemia, pero igual de importante será proteger a los que han perdido sus rentas, sin olvidar que hay que preservar la actividad económica, auténtico motor para el empleo. Las fuertes caídas de demanda y oferta provocadas por el confinamiento provocan un fuerte impacto sobre el crecimiento y el empleo.

No puedo dejar de preguntarme porqué una democracia como la nuestra no ha sabido gestionar la pandemia como otros países de nuestro entorno, como pueden ser Portugal o Grecia. La gobernanza requiere buenas dosis eficacia y rigor. No es el momento de pedir cuentas, pero llegará el día en que los españoles tendrán el derecho a saber porque nuestro ejecutivo gestionó tan irresponsablemente.

El escenario de salida no será nada fácil y resultará vital cómo se gestione. Nuestros políticos tienen la obligación de llegar a acuerdos con premura para reconstruir económica y socialmente nuestro país. Cuanto más se retrasen las propuestas del Gobierno y los acuerdos, más costosa será la recuperación, hecho que nunca perdonaría la sociedad española.

En materia de política económica, se han tomado una serie de medidas en cuanto a la financiación a empresas, y determinadas prestaciones y ayudas, que han ido en la buena dirección, como ha sido la posibilidad de que las empresas se puedan acoger a un ERTE. Pero será necesario la extensión en el tiempo de los mismos, así como medidas que doten de mayor flexibilidad al mercado laboral hasta que la empresa pueda arrancar.

No menos importante será la respuesta coordinada que tienen que dar las instituciones nacionales y de la Unión Europea. Es de suma importancia que la UE llegue a acuerdos con los países con menor margen fiscal para que puedan financiar medidas que ayuden a salir de este escenario. España, por su parte, que no fue ambiciosa en los objetivos de déficit durante la fase expansiva, deberá actuar con transparencia y generar confianza en los mercados, y éstos deberán percibir nuestra voluntad de devolver el dinero prestado.

Urge inyectar liquidez a las empresas, autentico motor en la creación de empleo, por un importe mínimo de 80.000 millones, a la vez que será indispensable dotarnos de un plan estratégico para aquellos sectores con mayor peso en nuestro PIB. Somos una economía en la que el sector servicios aporta mas de dos tercios al PIB. Nos jugamos nuestro futuro como tercer destino global en el sector del turismo, cuyo peso en España ronda el 13 %, y muy ligado a la renta percápita de los países. ¿Cómo convenceremos a los 84 millones de turistas que nos visitaron el año pasado para que vuelvan? No nos bastará con vender sol y playa, hay que ofrecer calidad, y seguridad.

Tampoco se puede retrasar las medidas en el sector de la automoción, vertebrador en muchas regiones de la industrialización y riqueza, que no solo aglutina de forma directa e indirecta casi dos millones de empleos, sino auténtico motor exportador. El 83% de nuestra producción se va al exterior.

No podría terminar sin mencionar la importancia de la confianza, indicador esencial para estimular el consumo, elemento clave de macroeconomía para recuperar el crecimiento y la inversión, por el daño sufrido con la pandemia.

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