Cataluña

Tras el Covid-19, empezaremos 2021 con una nueva manera de vivir y de pensar

Juan Carlos Giménez-Salinas, abogado. eE
Barcelona

Cualquier día es bueno para ejercitar la mente y destinarla a la reflexión, pero aquellos que con más ímpetu se prestan a ello son los últimos y los primeros días de cada año.

Percibimos, quizás como una costumbre religiosa en sus primeros momentos y más tarde como una regla económica, cerrar un ciclo de doce meses y llevar a cabo un balance o análisis de lo acontecido durante este período. Al mismo tiempo, aprovechamos el análisis de la situación anterior para concretar unos cuantos objetivos que consideramos prioritarios para llevarlos a cabo durante el próximo período. Tanto lo acontecido como los propósitos venideros debemos escribirlos para poder recordarlos a lo largo del año y comprobar, si mantenemos la línea propuesta o bien nos desviamos de ella, así como los motivos de nuestro quiebro.

Nuestras conductas pueden alejarse de nuestros propósitos por variadas razones, enfermedad, alteración de las condiciones materiales y anímicas, entorno social o político, objetivos inalcanzables por irracionales, imposibles o bien innecesarios al alterarse el entorno que los hacía apetecibles y que ha dejado de serlo. En definitiva, resulta un transitar personal durante un período de tiempo que conviene que resulte lo más acorde con nuestra manera de ser y aquello que pretendemos llevar a cabo con nuestras vidas.

A hacer balance de este año 2020 que fenece, recordará la humanidad entera la llegada del Covid 19 que arrasó nuestros proyectos y abrió una nueva manera de vivir y de pensar. Ningún país de nuestro mundo, rico o pobre, desarrollado o primario, se libró de los estragos del virus que cambió nuestras vidas y puso al límite nuestras instituciones públicas y privadas, tales como el sistema sanitario, el financiero o el industrial, además de tensar las ayudas públicas y el incremento de la distancia entre las diferentes clases sociales y los países pobres de los ricos.

Otro hecho relevante para nuestro país es la frágil pero a la vez estable consolidación de un gobierno en España. Contra todo pronóstico y mal que le pese a una gran parte de la población, que desearía su disolución, este gobierno de Sánchez camina. Hemos sufrido muchos años de intranquilidad política por razones diversas que nos han conducido a convulsos intentos seguidos de elecciones continuas pero al fin parece consolidarse un período de cierta estabilidad.

En Catalunya este año ha sido un año de transición en el que las formaciones políticas autóctonas se han posicionado de cara a las próximas elecciones evidenciando que en política, además de un objetivo que pretende estructurar un nuevo estado, debe administrarse cada día una población y un territorio y ello requiere gran energía, experiencia y un mando con evidente autoridad.

Durante este año también hemos constatado que la gobernanza de un país insertado en una organización superior como es la Europea y el gobierno de Bruselas, no es libre para implantar las políticas que desean sus gobernantes si van en contra de la voluntad común. Hemos tenido y tenemos un gobierno integrado por comunistas radicales que si desean continuar en el poder deben guardar en el cajón su ideología colectivista porque su gestión se halla supervisada por Europa. Hace pocos días hemos constatado la fuerza de Europa al doblegar las bravuconadas de gobiernos populistas de derecha como han sido los de Polonia y de Hungría. También comprobaremos la fuerza europea frente a Gran Bretaña, que liderada por este peculiar Johnson, pretende todas las ventajas de la independencia unidas a las que tenía cuando era miembro de Europa.

En un plano económico, este año 2020, sorpresivamente, para una parte importante de la población no ha sido catastrófico. Nos dicen que existe más ahorro y menos consumo, quizás esta experiencia nos pueda hacer cambiar, aunque sea ligeramente, los hábitos consumistas y nuestra afición natural al endeudamiento, hábito que adquieren los pueblos recién salidos de la pobreza. Seguramente los próximos años percibiremos que nuestro crecimiento se ralentizará, en comparación con los países europeos más avanzados, al tener que pagar este ingente capital que nos prestarán nuestros socios y que algún día tendremos que devolver.

En cuanto al equilibrio psicológico de nuestra población, no me hago muchas ilusiones. Esta pandemia, los cambios en nuestras costumbres, la carencia de contacto físico, tan deseado en nuestras latitudes, el aislamiento, sobre todo en la gente mayor, dejarán secuelas en función de los años vividos bajo las anteriores costumbres. La gente mayor, más reacia a los cambios, quedará más afectada y será un deber de la sociedad entera y sobre todos de las nuevas generaciones, que padezcan lo menos posible este aislamiento.

El año que dentro de pocos días celebraremos su nacimiento no inspira muchas ilusiones pero será un reto brutal para nuestras sociedades. Significará la lucha por la supervivencia y que ésta derive en un avance de nuestra civilización y no un retroceso. Dependerá, como casi todo, de nuestra voluntad y de que quienes dirigen los países, dedique algunos momentos de sus vidas en pensar como solucionan los problemas de sus administrados en lugar de destruir al contrario. En cuanto al ámbito personal, el optimismo y la esperanza deben ser consustanciales a nuestros propósitos para el próximo año, la energía positiva se contagia.

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