Restaurantes

Hace seis años justos que abrieron con éxito su taberna en la calle Ibiza, pioneros de una zona que luego se multiplicó en opciones gastronómicas de diversa acogida. En febrero hizo dos años que están en Recoletos, un trayecto urbano de notable versatilidad hostelera, donde la breve taberna inicial ha crecido mucho en espacio y maniobra. Tres plantas, cuatro salas y dos privados permiten un generoso desahogo escénico que conviene a la coyuntura sanitaria actual. Incluso su ascensor de dos paradas facilita el tráfico sin cruces y discreción.

Crónica del paladar

Fue una nave industrial y es, desde noviembre, un marco gastronómico que derrama luminosidad sobre mesas bien vestidas y distanciadas entre abundante vegetación. Está en el barrio de Prosperidad, a espaldas del Auditorio, en un lugar inesperado, casi secreto. Lo ha puesto Javier Muñoz-Calero (Madrid, 1978), un cocinero que aunque pasó la edad de los exámenes, nunca deja de ser proyecto. Formado en el César Ritz College de Suiza, con stages en restaurantes de Tailandia, USA y las Islas británicas, perteneció a las brigadas de Hilario Arbelaitz, Sergi Arola y Carme Ruscalleda, con quien fue sub-chef. Desde su retorno a Madrid, hace unos 10 años, ha generado iniciativas notables -simultáneas algunas- como Tartán, Perrito faldero, Muñoca o la Azotea de Bellas Artes. Ovillo, sin embargo, es un compromiso mayor por su solidez y perspectiva. Como el cambio es una constante en Javier, emprende este nuevo propósito en solitario, con vigor propio y propuestas culinarias estimuladas por proveedores inmediatos, con una breve carta de renovación diaria y un menú-degustación de cinco pases.

Guía restaurantes

Cuando descubres un restaurante ignorado, siempre te asalta la duda: guardarte el secreto y disfrutarlo en privado, o divulgarlo, como corresponde al signo delator del periodismo. La tentación es mucha en el caso de Janoko, un restaurante de rango culinario inesperado, al tiempo modesto y audaz, que acaba de abrir en los límites del barrio de Salamanca, en una breve calle, casi secreta, entre Don Ramón de la Cruz y Ayala.

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