Estrella Flores-Carretero

Psicóloga, profesora, empresaria y escritora

Nos enfrentamos a un gran reto mundial: no solo tenemos que combatir un virus que amenaza nuestra salud, sino sus terribles consecuencias en la economía. Trabajar unidos, compartir información y establecer sinergias es la única forma de superar la crisis.

Las empresas deben tener flexibilidad en sus puestos de trabajo, formar a sus empleados constantemente y facilitar su promoción a cargos superiores. Nombrar jefes entre su personal interno, sin recurrir necesariamente a contrataciones exteriores, evita el temido ‘boreout’, ese aburrimiento causado por hacer siempre lo mismo sin albergar la esperanza de que algo cambie en el futuro.

Existen muchos tipos de emociones y, en estos tiempos de la Covid-19, abundan aquellas que no desearíamos tener. Siempre digo que las emociones no son buenas ni malas, que la tristeza permite apreciar la alegría, que la desgracia nos hace valorar la felicidad, que la rabia nos prepara para la defensa… Lo importante es aprender a gestionarlas, con el fin de sortear con éxito los obstáculos que, inevitablemente, van a surgir cada día en nuestro camino.

El miedo se contagia tanto como los virus. Llevamos semanas deseando volver a nuestra vida de antes, pero llegado el momento, mucha gente siente un profundo temor ante la llamada "nueva normalidad".

Un virus ha dado la vuelta a nuestras vidas. Muchas personas han padecido la enfermedad, otras la han sufrido en su entorno, hay quien ha perdido a alguien próximo, los hay que se han quedado sin trabajo y están los que no soportan más cumplir con un montón de tareas laborales de forma telemática, a la vez que cuidan de sus hijos o sus mayores... Todo esto puede generar una profunda rabia o ira, una emoción intensa que es muy importante saber gestionar.

Una sociedad en la que el talento de los trabajadores de más de 50 años no se valora, pierde valor y resulta tremendamente injusta. A menudo se prefiere jubilar a personas que no han cumplido los 60 y contratar a jóvenes, a los que por supuesto, hay que dar oportunidades, pero no a costa de renunciar al talento de los mayores.

Siempre he pensado que una de las principales cualificaciones que deberían buscar los reclutadores de recursos humanos, a la hora de contratar trabajadores para sus empresas, es la cordialidad como cualidad, porque tiene un efecto indirecto sobre la productividad.

Constantemente hablamos de un futuro pospandemia, en el que ya no habrá que preocuparse por la COVID-19. No sabemos si esto ocurrirá pronto o tarde, pero pasará. ¿Estamos preparados?

Un líder debe estar siempre abierto al debate. En su repertorio lingüístico no deben caber expresiones como «eso es imposible» o «esto es lo que hay». Tampoco puede ponerse a la defensiva cuando su equipo argumente en contra de sus criterios. Debatir siempre es necesario, pero hay que saber cómo hacerlo.

El mundo empresarial atraviesa momentos difíciles, por lo que no es raro tener que comunicar a los trabajadores decisiones corporativas que van a ser mal recibidas. Hay que saber hacerlo de la manera menos lesiva para todos.