Estrella Flores-Carretero

Psicóloga, profesora, empresaria y escritora

El trabajo no afecta solo a una parte de la vida, sino que también impregna los aspectos sociales y personales. No es raro que dos personas que comparten horario laboral, esfuerzos, objetivos; deseen ampliar sus vínculos. Cuanto más se conoce a alguien, puede haber más posibilidades de amarle. ¿Qué hacer entonces?

Las noticias abundan en tragedias, los titulares de prensa no dejan de atemorizarnos y vivimos momentos de tremenda presión para las empresas. Todos queremos que 2021 sea un año feliz, y esta vez con mayor motivo. Así que el deber del líder es mostrarse optimista y, con ello, sembrar el optimismo a su alrededor.

ESTRELLA FLORES-CARRETERO

Es tarea del líder detectar estas actitudes tóxicas y no hacer como si no ocurriera nada. Fingir que el problema no existe, que es normal o que ya se pasará supone un comportamiento de avestruz que puede llevar a su compañía a tener graves dificultades, no solo legales sino de desempeño. A esto llamo Jefe Avestruz.

La palabra fracaso ha perdido su tinte peyorativo. Cada vez está más aceptada como parte integrante del éxito. La ciencia se ha forjado sobre el principio de ensayo y error: cuantos más fallos se cosechan, más cerca se está de lograr el acierto. ¿Por qué no aplicar lo mismo al mundo empresarial?

Todos conocemos gente refractaria a la tecnología, personas que dicen que no se les da bien, que no les gusta o que no la necesitan. Esta actitud puede producir limitaciones en el conocimiento y derivar en un aislamiento social. Y si hablamos de la empresa, el rechazo tecnológico también tiene graves consecuencias: frena su rendimiento e impide el avance.

Hemos aprendido que llorar en el trabajo es lo peor que se puede hacer. Salvo que alguien muera, verter lágrimas por rabia, frustración, desesperación o impotencia parece estar prohibido, porque podría dar a entender que la persona no es capaz de desempeñar su tarea con la profesionalidad requerida.

El trabajo en modo remoto tiene muchas ventajas, máxime en estos momentos en los que la proximidad física y los desplazamientos pueden poner en riesgo la salud propia y ajena. No todo el mundo puede teletrabajar, pero en aquellos puestos en los que es posible, reduce el estrés, optimiza los horarios, ahorra dinero y deja una menor huella ecológica. Eso sin contar con que, según los estudios, favorece el cumplimiento de objetivos.

Al igual que los padres excesivamente protectores impiden el normal desarrollo de sus hijos, un líder demasiado supervisor puede arruinar a su empresa.

Desde niños, aprendemos a comportarnos de acuerdo con lo que los mayores responden ante nuestras acciones. Esperamos un feedback positivo o negativo para continuar avanzando en un sentido o en otro y también para construir nuestra propia imagen y autoestima. Igualmente, en la empresa necesitamos encontrar una respuesta, un feedback a nuestro trabajo que nos permita mejorar el desempeño y conocer la repercusión que tiene nuestro esfuerzo.

La palabra adhocracia es un término inventado para denominar lo contrario de la burocracia en la gestión empresarial. No digo que haya que elegir un modelo y abandonar el otro, porque ambos tienen aspectos positivos, pero en estos momentos necesitamos sistemas más ad hoc (para esto), que es lo que significa adhocracia.